Quito, tradiciones desde Todos los Santos hasta el Aya Marcay

Cultura

Autor:

EFE

Actualizada:

1 Nov 2020 - 0:05

El cementerio de San Diego, en Quito. - Foto: Flickr: luischandipaez

Quito, tradiciones desde Todos los Santos hasta el Aya Marcay

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1 Nov 2020 - 0:05

En la capital conviven las tradiciones con el costumbrismo funerario y el recuerdo del muerto es sagrado. El Día de los Difuntos muestra el mestizaje cultural.

La celebración del día de Difuntos en Quito adquiere esa dualidad del mestizaje. Es un momento en el que las tradiciones de los pueblos ancestrales se entremezclan, en condiciones de igualdad, con estratos culturales europeos.

Costumbres autóctonas como la colada morada o las guaguas de pan, de origen indígena, adquieren un protagonismo sin igual en una ciudad de monumentales mausoleos de estilo europeo, donde se rinde homenaje a los muertos, ya sea por el Día de Todos los Santos, o el Aya Marcay.

“Hay una coincidencia poco conocida en la que se unen la tradición europea con la tradición de noviembre del Aya Marcay, que es el mes de ‘Cargar a los muertos'”, explica Javier Cevallos, de la organización Quito Eterno.

Dedicada a la recuperación del patrimonio histórico de la capital con escenificaciones y rutas culturales, esta organización asegura que el asueto de Difuntos evoca ese mestizaje cultural.

El estrato ancestral

Hay tradiciones que han ido desapareciendo paulatinamente debido a la progresiva influencia europea y de la Iglesia católica a lo largo de cinco siglos. También han cambiado por la ampliación de los límites urbanos, que fue “comiéndose” los barrios indígenas en Quito.

“En el siglo XVIII ya no se sacaba a bailar los muertos. Lo de las guaguas y la colada es lo que queda”.

Javier Cevallos, Quito Eterno.

Aunque asegura que también permanece la herencia de “la relación con el muerto”, porque para las comunidades ancestrales este es un mes sobre todo “familiar”.

Como en el resto del país, el Día de Difuntos se celebra este año en la capital bajo estrictas medidas de seguridad sanitaria por la pandemia de coronavirus.

Además Quito, una ciudad de unos tres millones de habitantes, acumula 54.000 contagios, casi un tercio del total nacional.

Por ello, el Municipio dispuso el cierre de los cementerios, que estos días solían contar con una afluencia masiva para honrar religiosamente a los muertos.

“La tradición indígena es la de comer en familia, y muchos lo hacen en el cementerio con sus difuntos”, recuerda Cevallos.

La prohibición de acceder a los camposantos en una jornada tan emblemática ha generado cierta inquietud entre las comunidades de Quito. Pero las autoridades no quieren correr riesgos por la masiva afluencia en esta jornada.

Feriado con limitaciones

Para no torpedear uno de los feriados que más ingresos genera en el año, la Alcaldía ha autorizado la libre circulación vehicular y habrá transporte público y acceso a atracciones bajo cuotas de distanciamiento.

Uno de los atractivos abiertos es la de la Mitad del Mundo. El gerente del complejo, Carlos Cárdenas, declaró que el Día de los Muertos es una celebración “entre la vida y la muerte”.

Esto cobra un particular significado por la crisis epidemiológica, que suma en Quito unos 1.850 fallecidos.

Varios danzantes realizan una demostración de bailes indígenas típicos el 28 de octubre de 2020, en Quito (Ecuador).

Varios danzantes realizan una demostración de bailes indígenas típicos el 28 de octubre de 2020, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome

Los recorridos de “Difuntos”, muchos de los cuales pueden seguirse en plataformas virtuales, suponen un hito en una ciudad en la que conviven tradiciones, costumbrismo funerario y donde el recuerdo del muerto es sagrado.

“Hay una mayor influencia indígena en este día, no es el concepto de ‘Todos los Santos’. El sustrato indígena es muy potente. No lo vemos, pero está ahí. Es una fiesta tan potente que no ha habido manera de erradicarla”, destaca Cevallos de Quito Eterno.

La influencia europea

Muchos de los cambios en las tradiciones funerarias de Quito se remontan a los siglos XVII y XVIII, por lo que es necesario disgregar y traducir sus orígenes.

Uno de ellos se produjo con la apertura de los cementerios de El Tejar y San Diego, en el siglo XIX. “En este momento, la muerte deja de pertenecerle a la religión, a los sacerdotes, para pasar a médicos e higienistas”.

Inaugurado en 1872, el de San Diego es quizá el más emblemático de los setenta cementerios de la capital. Posee variados estilos artísticos de sus mausoleos, desde neoclásico, neogótico, y neobarroco.

Allí están enterrados hasta cuatro presidentes, entre ellos, el casi mítico José María Velasco Ibarra (1893-1979).

También hay compañeros de lucha del revolucionario liberal Eloy Alfaro, literatos, educadores y artistas que hacen del recinto una leyenda viviente de la historia ecuatoriana durante el siglo XX.

Representa por ello la herencia más europea y moderna de una jornada en la que lo importante, asevera Cevallos, es el “ritual”, “el de darnos tiempo para la muerte y el luto”.

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