‘Sanguínea’ salta al teatro en Barcelona

Cultura

Autor:

Gabriela Paz y Miño

Actualizada:

22 Ene 2021 - 0:05

dos actrices colombianas, Maribell Arango y Carolina Torres, protagonistas de Sanguínea. - Foto: PRIMICIAS

‘Sanguínea’ salta al teatro en Barcelona

Autor:

Gabriela Paz y Miño

Actualizada:

23 Ene 2021 - 5:37

Gabriela Ponce, autora de Sanguínea, dirigió desde Ecuador la adaptación de su obra al teatro. La presentación será este 25 y 26 de enero en Casa Amèrica Catalunya.

Adaptar su novela para un texto teatral. Diseccionarla, reinterprertarla; de alguna manera: reescribirla. Dirigir el montaje, a miles de kilómetros. Ensayar, frente a un computador, desde el otro lado del océano.

Gabriela Ponce (1977), escritora y dramaturga quiteña, autora de Sanguínea -publicada en España por Editorial Candaya y recibida con entusiasmo por lectores y crítica- se embarcó en un proyecto muy complejo, en plena pandemia.

Y aunque suene a un plan de dimensiones Fitzcarraldo -aquel personaje de Herzsog obsesionado por levantar un teatro de ópera en medio de la selva amazónica- Ponce habla de él con tanta naturalidad y sencillez, que todo parece un asunto de voluntad, talento y trabajo en equipo. En el fondo, lo es.

Este barco llegará a puerto en los próximos días. La versión teatral de Sanguínea se presentará el 25 y el 26 de enero, en Casa Amèrica Catalunya. Las entradas se agotaron en 48 horas.

'Sanguínea', de Gabriela Ponce

‘Sanguínea’, de Gabriela Ponce PRIMICIAS

¿Cómo nació este montaje?

En julio del año pasado, cuando Candaya publicó Sanguínea en España, Cristina Osorno, productora cultural de Casa Amèrica Catalunya, se interesó por la novela. Hablamos sobre mi trayectoria en el teatro y sobre cómo ese lenguaje había “contaminado” la escritura de Sanguínea.

Cristina me propuso que hiciéramos una lectura dramática, pero al final nos entusiasmamos con la posibilidad de un montaje, sin tener muy presentes las dificultades que estábamos enfrentando. En septiembre decidimos hacer la adaptación en Casa Amèrica Catalunya, a pesar de que esta no es una productora teatral.

Su novela es una especie de torrente que arrastra de la primera a la última página. Pensarla para escena habrá requerido abordarla de otra forma, poner un poco de ‘orden’, una estructura temporal distinta. ¿Cómo lo hizo?

Yo no tenía experiencia en adaptación. Hace algunos años, trabajamos con el grupo Mitómana un cuento de Roberto Bolaño, pero fue más bien un pretexto para una investigación espacial.

Sanguínea tiene un ritmo desbordado y yo imaginaba un monólogo, para construir la acción sobre ese ritmo. Tuve que elegir qué queríamos mostrar en la obra. Decidí priorizar la historia que atraviesa Sanguínea y, a partir de esa acción dramática, seleccioné el material, manteniendo esa condición narrativa.

Identifiqué los momentos que tenían mayor potencia teatral y mayor carga de acción, para hacer un primer guion y trabajar con las actrices.

Fue complicado. Extrañaba la experiencia narrativa extensa de la novela y una serie de cosas que debieron quedarse fuera. Poco a poco comencé a disfrutar de la experiencia visual; de que la novela esté encarnada en un cuerpo (o dos en realidad). Me enamoré de la propuesta teatral.

¿Qué supuso dirigir la obra vía Zoom?

La idea era que trabajemos un mes y medio o dos a distancia y que luego, yo fuera a Barcelona.

Llegado el momento, tuvimos que aplazar el estreno y recurrir a un codirector. La experiencia de comunicarme con ese universo que se estaba gestando, desde la pantalla, tuvo de todo: momentos de mucho encuentro, y otros en los que sentía que no estaba viviendo, viendo; que no podía escuchar bien. En fin, las barreras de la virtualidad.

Esto ha sido posible porque hemos formado un equipo excepcional. Cristina Osorno ha hecho de productora, vestuarista, asistente de dirección, sonidista. Ella ha suplido esas ausencias, tal como lo ha hecho el asistente de dirección, Eliécer Navarro, un aporte de Candaya, y quien ha tenido un enorme respeto por mi visión y una gran generosidad.

Las dos actrices colombianas, Maribell Arango y Carolina Torres, han trabajado con gran profesionalismo y entrega. Supieron leerme y leer la novela con mucha lucidez.

Ya se ha dicho que en Sanguínea ‘laten’ de forma permanente el cuerpo, la sangre, los dolores y placeres físicos. ¿Cómo se abordó este aspecto?

Las actrices tienen un trabajo corporal muy interesante. Ellas han aportado desde ese lenguaje, con muchos recursos y eso me ayudó a apreciar su propuesta. Hemos inventado maneras: me mandan videos, los observo, los comentamos en el siguiente ensayo. Creamos una metodología.

Para mí era muy importante que la sensorialidad, el rojo sobre blanco de Sanguínea estuvieran presentes. Eso lo afinamos sin escenógrafo, entre todos nosotros, hasta lograr una poesía visual que haga justicia a las imágenes de la novela.

Este montaje es una primera presencia de su obra, fuera de la ruta virtual de Candaya. ¿Cómo vive el hecho de dejar que la obra navegue sola?

Es extraño estar lejos y sentir la emoción de ver la obra terminada. Son sentimientos encontrados: una gran alegría por haberlo hecho; una relación ya afectiva con ese equipo. Mi pena es no poder darles un abrazo después de la función.

Vivo estas emociones en soledad, cuando lo bonito en el teatro es hacerlo juntos. Lo siento como una tristeza, pero al mismo tiempo mucha satisfacción con Candaya y Casa Amèrica Catalunya, que han posibilitado crear esto.

Candaya es una comunidad de afectos y me gustaría compartir la emoción de las cosas que pasan con Sanguínea. Ahora mismo, la novela se traducirá al inglés.

¿Quién la editará?

La traducción estará a cargo de Sarah Brooker. Y la editorial es Restless Books, de Estados Unidos. Aún no hay fecha.

La obra que levanta el telón del 2021 en Casa Amèrica Catalunya

Sanguínea, el primer libro que publicó Candaya tras el confinamiento, es también la obra que inaugura la programación teatral del 2021 en Casa Amèrica Catalunya. Detrás del proyecto está la entusiasta Cristina Osorno, responsable del Área de Literatura y Teatro de esta entidad.

Montar este monólogo en medio de las restricciones provocadas por la pandemia es decisión cargada de significado.

“En Casa Amèrica Catalunya pensamos que la cultura no debe ni puede parar. La situación sanitaria y social es complicada y aunque en este caso nos implique un esfuerzo extra en los ensayos y sacrificar parte de la capacidad de nuestro auditorio para cumplir con todos los protocolos de seguridad, como referentes en la divulgación de la literatura y la cultura latinoamericanas en Barcelona nos sentimos en la obligación de seguir produciendo”, dice Osorno.

Ha sido un proceso complejo desde la producción. Se hizo en tiempo récord y con factores en contra. “Nadie del equipo se conocía entre sí, ni directora con actrices, ni la asistencia de dirección con Gabriela, ni las actrices entre ellas (…) Además: el hándicap de la dirección online; la diferencia de horario con Ecuador… en fin, muchas dificultades, pero como las ganas eran tantas, nos implicamos con toda la energía que hemos podido más la fuerza que da el teatro, que es mágica y maravillosa”.


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