Woody Allen y el arte como terreno de gente reprochable

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

10 Mar 2020 - 0:05

El cineasta Woody Allen nuevamente a la vista de todo el mundo por las acusaciones de abuso sexual por parte de su hija, Dylan Farrow. - Foto: EFE/ Javier Etxezarreta

Woody Allen y el arte como terreno de gente reprochable

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

10 Mar 2020 - 0:05

Hachette cancela la publicación de las memorias de Woody Allen y surge nuevamente la pregunta sobre si consumir o no arte de gente con un pasado condenable.

A Woody Allen no le van a publicar sus memorias en inglés. Punto. Pesaron las presiones y acusaciones de abuso sexual a su hija Dylan Farrow.

Desde hace años el nombre de Woody Allen genera cuestionamientos sobre qué hacer con la obra de gente que, alguna vez idolatradas por un gran grupo de personas, han caído en un agujero por los supuestos actos de los que lo acusan.

Los desgraciados pueden hacer arte. No hay exclusividad en esto.

Tampoco en el hecho de que criminales o gente desagradable pueda emocionar a otros con sus creaciones. Asesinos, gente condenada por crímenes, estafadores, abusadores. Nombre el crimen, le saldrá una obra.

Pero los tiempos son otros y los mecanismos que aparecen para relacionar estética con ética están más presentes que antes.

Para el ensayista Juan Carlos Arteaga hay una certeza en esta época: “No se pueden observar estos elementos -estética y ética- como campos separados; sino que el tráfico entre ambos es cada vez más evidente para el consumidor”.

Ante eso surge una duda que tiene que ver con hacia quién dirigirse: artista u obra. La respuesta no es sencilla. Por un lado hay posiciones que se lanzan a defender el objeto artístico, por fuera de su creador, como lo hizo el escritor Rafael Lugo en su artículo de opinión publicado en PRIMICIAS el pasado 7 de marzo.

Pero por otro lado, existe la perspectiva que pone en entredicho esta mirada, como lo expone Artega, en conversación con PRIMICIAS:

“La literatura (o el arte en general) debe dejar de ‘pensarse a sí misma’ como un proceso por ‘fuera del mundo’, que ‘nada tiene que ver’ con sus autores. Por el contrario, la literatura se crea desde un lugar de enunciación completamente marcado”.

Juan Carlos Arteaga, ensayista

El factor Allen

El grupo editorial Hachette anunció el viernes 6 de marzo que no publicaría las memorias de Woody Allen, titulada A Propos of Nothing (A propósito de nada), luego de las críticas y rechazos -incluso dentro de la misma editorial- luego de anunciar cuatro días antes que la obra saldría en abril.

De acuerdo al comunicado que Hachette envió a medios, la decisión fue difícil y la tomaron luego de conversaciones con el personal.

Esto, luego de que el jueves 5 de marzo un grupo de empleados de Hachette protestaran en las afueras de las oficinas de la editorial, en Nueva York, por la publicación del libro.

Una de las primeras personas en hacer público su rechazo ante el anuncio de Hachette fue Ronan Farrow, hijo de Allen y hermano de Dylan. Farrow mostró su decepción con la editorial -en la que él también publica- y aseguro estar del lado de su hermana, quien acusa al cineasta de haberla abusado sexualmente cuando era niña.

Para Ronan Farrow, la situación es peor porque asegura que se le ocultó la información mientras está preparando el libro Catch and kill (Atrapa y mata) con Hachette, sobre cómo hombres poderosos -en los que incluye a su padre- pueden salirse con la suya y huir de la responsabilidad en casos de abuso sexual.

Allen ha rechazado en varias oportunidades estas acusaciones y lo cierto es que en 1993, luego de su divorcio con Mia Farrow, los cargos de abuso contra Allen fueron retirados por la propia madre de Dylan, para evitarle el trauma del proceso jurídico.

Hachette devolverá los derechos a Allen quien, de acuerdo a reportes mediáticos, había pasado mucho tiempo buscando editorial para publicar sus memorias. Al menos Alianza Editorial, desde España, ha confirmado que sí publicará el libro en castellano, en mayo.

Las puertas se le han cerrado a Woddy Allen.

A esto hay que sumarle la dificultad de encontrar distribuidoras de sus últimas películas, como Rifkin’s Festival.

¿Qué opción le queda a la persona que consume las películas de Allen? ¿Dejar de hacerlo? ¿Ignorar los filme que ha creado y los que están por crearse? Una alternativa la ofrece Juan Carlos Artega, y tiene que ver con enfocarse en el lugar desde el cual se enuncia la obra, es decir de quién viene:

“Lo que ocurre con los consumidores actuales es que tienen los medios, la conciencia y la sensibilidad para trazar estos necesarios puentes entre ética y estética”

Juan Carlos Arteaga, ensayista

Arteaga da un ejemplo sobre esto. Dice que puede leer a Martin Heidegger y apreciar su aporte a la fenomenología. Pero eso no significa que pueda olvidar que no ayudó a su maestro, Edmund Husserl, a salir de la Alemania nazi cuando puedo hacerlo.

En enero de 2018, Dylan Farrow apareció por primera vez en los medios a contar su versión de los hechos.

Una solución salomónica de la mano de Nick Cave

Si una cosa es entender desde dónde surgen las obras y, a pesar de eso, acercarse a ellas; otra es moverse por el terreno de que la obra deba desaparecer, por alguna razón que se considere justa.

A pesar de la polémica y del malestar, quizás la obra debe seguir existiendo.

En su blog Red right hand, el músico australiano Nick Cave ensaya un camino a seguir al responder una pregunta sobre cómo él debe lidiar con letras de algunas de sus canciones, que hoy resultarían polémicas.

Como: “Un maricón en un corsé de piel de ballena, arrastrando su pene por mi mejilla”, de la canción Papa won’t leave you, Henry, publicada en 1992.

En su respuesta, Cave apunta al paso del tiempo como un factor determinante. Que entonces no había manera de saber que un grupo de personas, eternamente molestas, 30 años después iban a perder la posibilidad de identificar la ironía, los contextos y los matices.

“Por imperfectas que puedan ser, las almas de las canciones deben protegerse a toda costa. Se les debe permitir que existan en todo su horror aberrante, sin ser molestadas por estos defensores estridentes de los inocuos, incluso como una indicación de que el mundo se ha movido hacia un lugar mejor. Prefiero ser recordado por escribir algo incómodo u ofensivo, que ser olvidado por escribir algo sin sangre y soso”, dice Nick Cave, en la edición 86 de su blog Red Right Hand, de marzo de 2020.

Cave no critica el cambio de sensibilidad, sino el deseo de ocultar obras complicadas para esa sensibilidad actual. Lo que debería interesar, en este nivel, es el diálogo con esta obra que resulta compleja.

Algo con lo que concuerda Juan Carlos Arteaga, para quien experimentar el arte siempre exige un proceso de interpretación, de diálogo.

“El arte no es un objeto resguardado del mundo en la intimidad de un museo, no es algo esencial que se requiera preservar sin tocarse; sino que el arte es un diálogo marcado por contextos, marcado por la historia, marcado por los consumidores”.

Juan Carlos Arteaga

Ese diálogo significa proteger la obra y entenderla desde el lugar y la persona de la que viene; así como experimentarla y discutirla desde ese punto. Quizá de esta forma se consiga un camino mucho más sano para consumir arte.

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