La Cocina Imaginada
Tres viñedos en la mitad del mundo
Ignacio Medina

Ignacio Medina

Me dedico al periodismo gastronómico desde hace 40 años. He trabajado en diarios, revistas especializadas, emisoras de radio y programas de televisión. La crítica es imprescindible para avanzar en cualquier disciplina; sin ella es difícil hacerse preguntas y recibir estímulos para buscar respuestas. 

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16 Abr 2022 - 0:05

No es fácil encontrar un viñedo sobre la línea del Ecuador, prácticamente en la mitad del mundo, y menos todavía si se dedica a la producción de vino.

Desde esta perspectiva y desde algunas más, Chaupi Estancia Vinery, Dos Hemisferios y Viña del Guayacán muestran propuestas únicas. 

Son los únicos productores de vinos en Ecuador y cada uno tiene un carácter diferente, pero todos coinciden en su decisión de luchar contra la naturaleza.

Cuando hablamos de vino, hablo del obtenido de la fermentación del jugo de la uva. No del procedente de frutas que catalogaría más bien entre las chichas.

La vid es una planta acostumbrada a vencer adversidades. Crece o puede crecer en los espacios menos gratos. Si la cultivamos para elaborar vinos, agradece los suelos áridos y poco fértiles, en los que debe luchar para subsistir. En esa pelea empieza a definirse la naturaleza del vino.

Tres bodegas y cada una en un espacio diferente; dos en la Sierra y una en la Costa. La más antigua de ellas, es quiteña. Se llama Chaupi Estancia Vinery y nació hace 30 años en la parroquia de Yaruqui, dentro del distrito metropolitano de Quito. 

Cultivan la uva en plena sierra andina, a 2.400 meros de altitud y a diez kilómetros de la línea ecuatorial, con notables oscilaciones térmicas entre la noche y el día, y una primavera eterna.

Producen un blanco a partir de la palomino, variedad característica de los vinos de jerez, y un coupage de chardonnay y viognier. También un tinto de pinot noir y un ensamblaje de algunos varietales con los que experimentan.

Encontramos los viñedos y la bodega de Dos Hemisferios en San Miguel del Morro, Guayas. Allí, sobre suelo calizo batido por la brisa del mar, prospera la bodega más conocida del país.

Nacidos como productores de uva de mesa, se volcaron en el vino a partir de 2004 y vinificaron su primer vino -Paradoja, ensamblaje de cabernet sauvignon y malbec- con las uvas cosechadas en 2006. Después llegaron Bruma, Enigma, Del Morro y Travesía. 

Sus viñas sufren la misma circunstancia que sus compañeros de aventura: la ausencia de estaciones marcadas, que cambia el ciclo vegetativo de la viña. La falta de inviernos climáticos permite recoger dos cosechas al año, lo que provoca un rápido envejecimiento de la planta. 

Salvo excepciones no suele prosperar más allá de los 25 años de vida. Mueren cuando las cepas de zonas vinícolas situadas en otras latitudes todavía son consideradas jóvenes.

Viña del Guayacán es la bodega más joven. Nace en 2017, hace solo cinco años, en Zapotillo, muy cerca de la frontera con Perú. Es un vino lojano y vive climas y suelos diferentes a las otras dos. Por el momento produce pequeños lotes de cabernet sauvignon y chardonnay. Su tienda online ofrece la cosecha de 2018.

Los tres proponen y organizan visitas guiadas al viñedo y la bodega, que incluyen catas de sus vinos y en algunos casos almuerzos.

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