Leyenda Urbana
Adiós a 2020, el año de la peste
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

28 Dic 2020 - 19:01

Las fracciones de segundo del tránsito entre el 31 de diciembre y el 1 de enero, mientras dejamos atrás para siempre 2020 y nos encontremos dando la bienvenida a 2021, serán para la humanidad una memorable oportunidad para una nueva ilusión colectiva, tras el año en el que el confinamiento, a cal y canto, fue la respuesta a la atroz pandemia aún no vencida.

Capaz de hacer de un instante en el tiempo la mayor apuesta para renovarse; un compromiso para renacer, el ser humano se aferra al calendario como a una promesa irrevocable, para reencontrarse consigo mismo. Y proseguir.

Este 31 de diciembre se celebrará que el tiempo haya transcurrido y que se pueda voltear la página para escribir nuevos renglones, que tendrán que ser distintos. Y mejores.

Atrás habrá quedado el año de la peste que, hasta ahora, ha infectado a más de 80 millones y arrebatado más de 1,6 millones de vidas. Y ha demostrado, con crueldad insospechada, la realidad de un planeta desigual. De un mundo con distancias sociales abismales; de diferencias bíblicas. 

Se trata de uno de los momentos más sombríos del que se tenga memoria, porque la humanidad que ha conquistado todo y llegado tan alto, no pudo conjurar la existencia simultánea de todas las maldades al mismo tiempo.

A la pandemia inmisericorde con millones de familias rotas, el desbordamiento de los hospitales, la corrupción más despreciable, el ocultamiento de la verdad, se sumó la cruel evidencia de un liderazgo global de petulante incompetencia, que fue sobrepasado. Las pocas excepciones se cuentan con los dedos de las manos.

En la era de la robótica y la inteligencia artificial; cuando el espacio se ha vuelto destino adicional en la conquista del universo, la pandemia trastocó los ritos más íntimos del ser humano, que debió despedir a sus seres queridos a la distancia, cobijados por una escalofriante soledad, justamente cuando el mundo registra la mayor población de su historia.

La arrogancia del ‘Homo Deus’ fue desmentida con la presencia de un diminuto enemigo, un letal y desconocido virus, que sigue exhibiendo su dominio en el número de vidas perdidas.

Una realidad como esta ha zarandeado los sentimientos individuales y colectivos haciendo sonrojar al mundo, pero no tenemos la certeza de que haya servido para que existan mejores personas.

En medio de todas las tribulaciones, las cifras de la economía son también cataclísmicas, y pueden graficarse con pocos datos: el descenso de la riqueza mundial cifrado en 6%, millones de puestos de trabajo perdidos y más gente sin ingresos. El mundo parece estar en estado de hibernación.

Como si no fuera suficiente, la sociedad se ha visto amenazada por las absurdas teorías de la conspiración, que propalan la idea de que el coronavirus, Covid-19, ha sido forjado por una élite secreta. Y que se trata de un arma biológica. 

El desmentido de decenas de los mejores científicos en el prestigioso portal The Lancet, donde hablaron del peligro de la desinformación no han podido frenar que se expandan las falsas versiones.

A este absurdo se sumaron teorías preexistentes como QAnnon, que habla de la existencia de una élite secreta que gobierna Estados Unidos, por lo que hay que luchar desde la sombra contra el mal. 

Con estas desviaciones copando las redes, la confianza pública ha sido erosionada y se ha socavado la misión de los funcionarios de la salud. Mucha gente sin mayor vocación para la crítica ha sido presa fácil de la confusión. La humanidad parecería haber tocado fondo.

A diez meses de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya declarado la pandemia por el virus SARS-CoV-2 nada hace prever que vayamos a salir pronto de este hoyo profundo. Pero la ciencia ha encendido una luz.

Haber logrado en tan poco tiempo desarrollar la vacuna es un hito en la historia de la medicina. De hecho, para la revista Science es el descubrimiento científico más importante del año.

El editorial de la revista pone de relieve que nunca antes tantos investigadores habían desarrollado tan rápidamente tantas vacunas experimentales contra el mismo enemigo. 

Y “nunca antes los gobiernos, la industria, el mundo académico y las organizaciones sin fines de lucro habían invertido tanto dinero, músculo y cerebro en la misma enfermedad infecciosa en tan poco tiempo”.

Al filo de que este Annus Horribilis termine, varios países vacunan ya a sus ciudadanos. En Ecuador, aún no se comienza. 

Para parte de la población más vulnerable, las primeras dosis llegarán en las próximas semanas. La vacuna aún no está en el país, pero ya se ha convertido en la apuesta de 2021, porque será el arma en la batalla para derrotar a la destructora peste de 2020. 

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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