Leyenda Urbana

La Alcaldía de Quito despierta pasiones; todos quieren ser candidatos

Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

18 Jul 2022 - 19:05

Superados por el deseo de poder, un sinnúmero de precandidatos a la Alcaldía del Distrito Metropolitano de Quito se han olvidado el abismo al que llevaron a la ciudad los candidatos que, siendo de la misma tendencia, participaron divididos, permitiendo el triunfo de Jorge Yunda. Mientras que ellos se neutralizaron entre sí, hundiéndose políticamente.

Una muestra de respeto a la ciudad sería someterse a una suerte de primarias, aplicando una amplia encuesta, como sugirieron varios sectores, en 2019, sin tener eco, por lo cual los candidatos dejaron a la ciudad en manos de advenedizos; verdaderos piratas de la política, que se llevaron lo que pudieron y humillaron a la capital.

Tras una pandemia mortal; dos levantamientos destructivos en menos de tres años, y un alcalde cesado, quienes buscan llegar al Municipio tendría que estar conscientes que hay que resarcir a la ciudad ofendida. 

Para hacerlo, tendrían que consolidar la mejor lista posible para concejales y poner los nombres con mayores opciones para la Alcaldía y la Prefectura. De esa manera lograrán legitimidad y asegurarán la gobernabilidad. Pero, no es así.

La codicia de los políticos de viejo y nuevo cuño es idéntica; aunque entre los nombres que suenan debe haber quiénes, con honestidad, quieran llegar a la Alcaldía para servir a la gente.

Creer que podrán ganar compitiendo por separado, resulta tan absurdo, que las sospechas de que hay intereses ocultos, cobran sentido.

La sola posibilidad de que Jorge Yunda corriera por la Alcaldía tendría que haber juntado a los precandidatos para cerrarle el paso al engrilletado, que abochornó a Quito.

Recién, en las próximas horas, se resolvería la apelación que presentó, 10 meses atrás. Luego de que, en octubre de 2021, le quitaron los derechos a participar en política por tres años, tras ser removido de la Alcaldía. 

Pero el virus del populismo está en el aire y Quito está en riesgo, otra vez.

Tras la Alcaldía están también los correístas que ya tuvieron a Augusto Barrera, quien hizo una gestión gris y subordinada a Carondelet, lo que marcó el inicio del deterioro de Quito, que se acentuó en las administraciones de Mauricio Rodas y Jorge Yunda.

Por ahora, llenos de perplejidad, los quiteños contemplan cómo se baten por ser candidatos, personajes que cuando la ciudad fue agredida se escondieron; durante la pandemia no demostraron un ápice de humanidad; cuando saqueaban las arcas municipales se hicieron los desentendidos y del aluvión, en La Gasca y La Comuna, apenas comentaron en redes sociales. 

El vacío de liderazgo en Quito es insufrible, siendo más doloroso en tiempos del Bicentenario de la Independencia.

Por eso, las elecciones de 2023 tendrían que ser una esperanza, pero, ¿quiénes podrían hacer un papel decoroso si llegasen a ser elegidos? 

Hasta ahora, se mencionan varios nombres. De algunos no se sabe nada y a otros se los conoce bien; por eso mismo, todo resulta un albur.

Pabel Muñoz, de la Revolución Ciudadana; Luz Elena Coloma, de Creo; Pedro José Freile, por RETO y otros movimientos; Luisa Maldonado, de Avanza; Jessica Jaramillo, del Movimiento Independiente Todos; Andrés Páez, por Sociedad Patriótica y Democracia Sí; Diego Benítez, que busca partido; y, probablemente, Patricio Alarcón, por el PSC, han sido mencionados. Aunque se dice que Alarcón encabezaría la lista de concejales.

Algunos, como el activista social Wilson Merino, se habrían quedado en el camino.

La incógnita es saber si Xavier Hervas irá por Izquierda Democrática (ID) luego del inesperado cambio en la dirección del partido. O apoyará a Freile. Y si Yunda, que iba por Pachakutik, estará impedido legalmente de terciar en 2023.

Lo más novedoso, hasta hoy, es el movimiento RETO (Renovación Total) la plataforma de lanzamiento de Pedro José Freile, cuyo director es Eduardo Sánchez Saucedo, que militó en Ruptura de los 25; y es hijo del empresario constructor Bolívar Sánchez.

RETO es una mutación de Podemos, del ex prefecto del Azuay Paúl Carrasco, que en Guayaquil está con Centro Democrático, de Jimmy Jairala, y en algunas provincias ha sacado gente del PSC y del correísmo. La ideología importa poco. En fin.

En momentos aciagos como el presente, la capital necesita un fuerte liderazgo ético; una autoridad que, además, tome decisiones graves, en una institución compleja en la que la Empresa Metropolitana de Aseo convoca para llenar 228 puestos para recolección y limpieza y recibe 18.563 solicitudes, demostrando que el desempleo es descomunal y la crisis social terrible. 

Un Municipio que, de manera paradójica, tiene un exceso de empleados y trabajadores, cifrada en más de 7.000, porque con 13.000 podría funcionar bien, pero cuenta con más de 20.000 personas.

¿Alguien de los que buscan la Alcaldía se atreverá hacer estos ajustes, sin convulsionar a la institución y a la ciudad? 

¿Conocen como reordenar esa enorme estructura administrativa que incluye secretarías, direcciones, agencias y más dependencias, haciendo de ella una institución paquidérmica? ¿Aplicarán el Estatuto Autonómico? 

Liberarse de Yunda como alcalde de Quito fue una catarsis colectiva luego de su inconducta y audacia. Era la primera vez, en la vida de la capital, que un alcalde era echado del cargo. Que nunca nadie más de motivos para semejante escarnio a la ciudad.

Tantos nombres para la Alcaldía, pero cada uno por su lado y hasta candidatos sin partido y sin ideología, listos para alquilar un membrete, evidencia que no hay lección aprendida y que los riesgos persisten. Es evidente que la Alcaldía de Quito despierta pasiones.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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