Leyenda Urbana
Álvaro Noboa pierde la tarima a la que Sylka Sánchez quiso subirlo. El CNE y TCE en un laberinto
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

23 Nov 2020 - 19:01

El proceso electoral ecuatoriano con miras a febrero de 2021 parece una parodia política, que el pueblo contempla con asombro y desazón, a pesar de tener experiencia en este tipo de dramáticos espectáculos.  

Rol estelar protagonizan en este escenario los miembros del Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal Contencioso Electoral (TCE), actores que, con muchas de sus acciones, han sembrado desconfianza en el proceso.

Entre el CNE y TCE hay desencuentros y resquemores; interpretaciones distintas de las mismas normas. Por eso, van y vienen resoluciones, en un laberinto legal que tiene al país en la zozobra.

Desavenencias internas aireadas a voz en cuello y fallidas decisiones han marcado la labor del CNE, haciendo de la confusión su santo y seña, y poniendo en vilo a electores y dirigentes de organizaciones políticas.

Constitucionalistas, observadores y analistas han mirado con asombro el deterioro, por mano propia, al que han sometido al CNE sus integrantes, hasta volverle un organismo democráticamente raquítico, con la legitimidad en entredicho, a pesar de ser el que conduce el proceso electoral y proclamará al nuevo Presidente.

El calendario electoral resulta apenas un compendio de fechas referenciales con plazos que se extienden de manera no solo dramática sino riesgosa, mientras los tiempos corren y porque las elecciones de 2021 son extraordinarias, en medio de una pandemia, que impone condiciones especiales de seguridad.

Si alguien dudaba de la ausencia de claridad en el CNE, su comunicado del domingo por la tarde, respecto del movimiento Justicia Social y la candidatura de Álvaro Noboa, lo confirman.

Logró confundir a todos, dejando que cada quien lo interpretara a conveniencia, cuando la naturaleza de una resolución debe ser unívoca, para que se acate; más todavía al tratarse de materia tan delicada por los plazos legales y al filo del tiempo de una inscripción.

Los otros actores de este teatro del absurdo son los dueños de partidos y movimientos que, a plena luz del día, han subastado sus tiendas políticas. Es el caso de Avanza, Centro Democrático, Movimiento Amigo, Ecuatoriano Unido y Justicia Social. 

Probablemente haya alguno más, pero estos son casos singulares, y el siguiente, lo confirma.

Jimmy Salazar, marido de Pamela Martínez, sentenciada por corrupción, en el caso Sobornos 2012-2016, ha convertido a su movimiento Justicia Social, forjado desde el poder, en el objeto del deseo de la papeleta presidencial de las elecciones de febrero.

Fabricio Correa y Marcia Yazbek, primero, y Carlos Cassanello y Mirian Segura, después, son dos binomios que han pretendido inscribirse bajo su paraguas, sin lograrlo. Desistieron. El turno ha sido para Álvaro Noboa.

¿Qué une a todos ellos con los principios que dice proclamar Justicia Social? ¿Tiene siquiera principios?

Algo de lo que no nos enteramos debió haber pasado para que setenta y siete días después, Álvaro Noboa dijera que sí quiere ser candidato, luego de que el 22 de agosto anunció por Facebook (el video ha sido retirado) que daba un paso al costado “para que se forme una sola fuerza contra el mal”. 

¿Quiénes, a más de ciertos consultores políticos y asesores, han movido la candidatura de Noboa, uno de los empresarios más adinerados del Ecuador, para pretender que gobierne un país con la mayor crisis económica, política y social en décadas y en medio de una pandemia atroz? 

A punta de videos devenidos en memes, el histriónico empresario ha logrado mantenerse a flote por casi 22 años, desde cuando fue candidato a la Presidencia, por primera vez, y perdió frente a Jamil Mahuad, en 1998.

A partir de allí, casi no ha habido comicios en los que no haya intervenido. En total, ha perdido cinco elecciones.

¿Qué pensará de lo que pasa en el país en materia de salud, educación, corrupción, inseguridad, seguridad social, minería, etcétera? ¿Alguien le ha escuchado referirse a estos temas?

¿Cuándo fue la última vez que Noboa estuvo en un set de televisión, la redacción de un periódico o concedió una entrevista telemática? ¿Habrá pensado ser un candidato virtual? Y ¿cómo estará su salud?

Una de las más entusiastas promotoras del empresario es Sylka Sánchez, exdiputada y vinculada al Grupo Noboa. Hoy, vocera del aspirante.

Cuentan que Sánchez ansía esa candidatura porque su esposo, Gino Cornejo, quien fuera candidato a la alcaldía de Guayaquil, en 2019, sería el compañero de fórmula de Noboa. ¡Bingo!

Durante casi una semana, Sylka y Gino estuvieron en las calles de Quito, él con megáfono y ella con banderas agitando a la gente, para exigir al CNE y al TCE regularizaran al movimiento Justicia Social y se diera paso a la candidatura de Álvaro Noboa en la que ellos participarían.

¿Alguien duda que la campaña electoral ecuatoriana, con miras a febrero 2021, se ha vuelto una parodia, de cuya tarima el CNE acaba de bajar a Álvaro Noboa? Responda usted.

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