Panorama Global
La irrupción de Álvaro Noboa sacude el tablero electoral
Matías Abad Merchán

Matías Abad Merchán

Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca. Es profesor titular de Estudios Globales en la Universidad del Azuay.

Actualizada:

12 Nov 2020 - 19:01

Álvaro Noboa irrumpió para sacudir el tablero electoral. Sin que todavía se hayan publicado mediciones y encuestas, las últimas estimaciones de agosto -previo a su anuncio de salir de la contienda-, así como el comportamiento de las redes sociales a partir de su regreso dan indicios de que, a la fecha, Noboa se ubica directamente en el pelotón líder. 

Por supuesto, cualquier pronóstico resulta extremadamente prematuro. La elección todavía no empieza: el CNE sigue habilitando movimientos, recibiendo impugnaciones y calificando candidatos.

De hecho, al momento de redactar esta columna, Diana Atamaint, presidenta del CNE, acaba de señalar que Noboa no podrá ser candidato por haber inscrito su candidatura fuera de los plazos establecidos; decisión que seguramente será impugnada.

Pero, ¿a qué candidatura quita votación el ingreso de Álvaro Noboa? En principio, un poco a todos. Hace dos meses, cuando Noboa salió de la carrera presidencial, sus últimas mediciones registraron cerca de un 20% de intención de voto y, una vez fuera, ese porcentaje no se “endosó” de manera perfecta a los aspirantes de la centroderecha, como inicialmente se pensaba.

Parte de la votación que dejó Álvaro regresó a las filas de los indecisos, otra se sumó a sendas votaciones de Guillermo Lasso y la entonces candidata socialcristiana, Cristina Reyes, y un porcentaje pequeño se dividió entre el amplio espectro de partidos ubicados en el centro. Yaku y Arauz también recibieron una buena porción. 

Si bien la primera obvia deducción es que Noboa tiene un voto compartido con Lasso, pues ambos son empresarios guayaquileños con propuestas programáticas que obedecerían a una posición ideológica liberal; también es cierto que Álvaro Noboa entra a captar el voto menos ideológico y popular, bloqueando el crecimiento electoral del correísmo y de Yaku. 

Por lo expuesto, Lasso, Arauz y Noboa inician formalmente la campaña electoral desde distancias cercanas, quizá con un Yaku algo más rezagado. La batalla decisiva y definitiva será la de captar al todavía amplio margen de indecisos, especialmente a quienes recién empezarán a preocuparse por partidos y candidatos a partir de 2021.

El Gobierno y la Asamblea Nacional registran los niveles de popularidad más bajos de su historia. Por otra parte, el confuso fraccionamiento de Alianza País ha debilitado el relato correísmo-anticorreismo. 

En esta coyuntura, y a pesar de ser esta su sexta carrera presidencial, Noboa buscaría entrar como el outsider antisistema. 

La campaña recién empieza, y este primer golpe de tablero puede irse desvaneciendo si el electorado no encuentra, más allá de los creativos productos de comunicación, un Noboa solvente en las entrevistas, con un proyecto claro que evidencie capacidad para manejar y superar la profunda crisis económica y sanitaria que aqueja a todos los ecuatorianos.

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