Tragaluz
Auge y caída de Macri. ¿Y ahora?
Felipe Burbano de Lara

Felipe Burbano de Lara

Sociólogo, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Salamanca. Durante 12 años adquirió destrezas en el periodismo. Empezó como redactor económico en el Diario Hoy, donde llegó a ocupar el cargo de Director General. Tras cursar estudios de postgrado en la Universidad de Ohio, se desempeña como profesor investigador de Flacso (Ecuador).

Actualizada:

18 Ago - 19:30

Mauricio Macri pasó de ser un fenómeno político en la Argentina gracias a su victoria presidencial en 2015, a otra víctima del desconcertante fenómeno peronista, el populismo más largo y arraigado de toda América Latina.

Pocos analistas dudaban de la reelección de Macri en 2019, después de la victoria de su partido en las votaciones legislativas de octubre de 2017, y con un peronismo profundamente dividido para entonces.

La reelección habría sido un segundo milagro político en la Argentina postransición: el primero, que un presidente no peronista concluyera su período de gobierno.

La crisis cambiaria de 2018, que le obligó a firmar un acuerdo de salvataje con el FMI, marcó el inicio de su caída. El auxilio del Fondo tuvo como objetivo frenar el brutal asalto especulativo al dólar en mayo de ese año.

El préstamo de USD 55 mil millones, que Macri calificó de histórico por su monto y el tiempo récord en que fue concedido, se produjo cuando Argentina había agotado sus reservas tratando de frenar sin éxito la devaluación del peso.

El fenómeno cambiario argentino expresa desajustes externos y, al tiempo, la voracidad de los capitales buitres nacionales y extranjeros que asaltan una economía cuando la ven débil y desequilibrada, con el endeudamiento al límite y sin reservas.

Buitres en toda la extensión de la palabra.

El ajuste durísimo al que debió someter a la economía desde la firma del acuerdo con el FMI, con el compromiso de acelerar la reducción del déficit fiscal, dejó a Macri en una posición débil para enfrentar las primarias.

Inflación anual del 54%, devaluación monetaria, desempleo, empobrecimiento, recesión, tasas de interés del 40%, bajos flujos de inversión privada y pública, desaliento… todo un cuadro crítico que le condujo a su dramática derrota de hace una semana.

Para la mayoría de los electores argentinos, que llevan la tradición populista metida en las venas, con el peronismo como un poderoso referente de justicia social, fue más costosa y dolorosa la crisis económica, la falta de horizonte y perspectivas abiertas, que todos los escandalosos casos de corrupción kirchneristas juntos.

De la dureza de su plan económico Macri estaba consciente, como lo evidenciaron sus desesperadas y tardías medidas tras la derrota: eliminación del IVA para alimentos básicos, aumento de salarios, entrega de dinero a través de bonos y congelamiento de la gasolina.

El problema de Macri fue su fallida apuesta a la inversión privada para sustentar el cambio del modelo kirchnerista.

Se jugó por una política gradualista para evitar el apretón y la conflictividad social, retrasó el ajuste fiscal, esperó la llegada de los capitales privados apelando al endeudamiento externo para financiar el gasto, pero nunca calculó la voracidad de las pulsiones especulativas. Cuando agotó las reservas y el peso seguía devaluándose, cayó en las manos del FMI para ir al ajuste doloroso.

El fracaso es más complejo que solo atribuirle al gradualismo de su política económica. Expresa el dilema de los manejos económicos en las transiciones postpopulistas de América Latina, con sus catastróficas herencias y el escepticismo de los capitales privados con los entornos nacionales.

¿Y ahora? Macri tiene el camino cuesta arriba mientras los simpatizantes de los populismos radicales saltan de felicidad pensando que llegó el fin de un corto ciclo liberal y los vientos les son favorables. En medio de su alegría, un insostenible antagonismo político y la economía en turbulencia.

Neurosis argentina en toda su dramática profundidad política.

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