Contrapunto
Beethoven, el genio musical revolucionario en su vejez
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

12 Mar 2021 - 19:02

De todo se escribió sobre el músico alemán Ludwig van Beethoven (1770-1827) que, en diciembre de 2020, cumplió 250 años de su nacimiento. Muy poco se ha analizado sobre sus obras postreras, las de su vejez, cercanas a su muerte a los 56 años de edad.

Vamos a partir con una premisa que pudiera desconcertar a quienes admiran y consideran a Beethoven el principal referente de la música clásica o, en su caso, del período romántico: su mejor obra, dice un musicólogo, no fue la Novena sinfonía.

Este texto solo pretende rescatar lo mejor del músico nacido en Bonn y que, según historiadores, en su etapa final, en sus siete últimos y sufridos años de vida, revolucionó los contenidos de la música.

Si no fue la Novena sinfonía, ¿entonces cuál? se preguntarán los melómanos. Mientras trabajaba su última sinfonía Beethoven, al mismo tiempo, escribía lo que fue considerada su obra monumental y de carácter religioso que nadie ha podido superar.

La obra más importante según algunos musicólogos fue la Missa Solemnis en re mayor, opus 123, compuesta entre 1819 y 1823 y estrenada en 1824 en San Petesburgo. Consta de cinco piezas: Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus y el Agnus Dei.

Se trata del segundo oratorio de Beethoven después de la Misa en do mayor opus 84. La Misa en re es una obra maravillosa, original y tan bella como las composiciones de carácter religioso que le precedieron: la Misa en si menor de Bach, el Mesías de Händel, la Creación de Haydn o el Réquiem de Mozart.

Tan significativa fue la misa de Beethoven que uno de los mayores directores de orquesta del siglo XX, Wilhelm Furtwängler, prefirió retirarla de su repertorio porque se consideró incapaz de obtener una interpretación que reflejara el mensaje de la mejor obra del músico alemán.

En medio de su sordera y de su soledad, también de su escasa fe católica (nunca asistió a un templo) trabajó la obra muy consciente de que la música religiosa tuvo un carácter honesto gracias a los viejos maestros Bach y Händel.

El propósito de escribir la Misa en re fue “llegar a excitar el sentimiento religioso, tanto de cantantes como de oyentes y hacer de este sentimiento algo duradero”, explicaba el autor de nueve sinfonías, de 32 sonatas y que muy poco había trabajado en música coral.

Los musicólogos dicen que si se pretendiera establecer parangones entre las obras de vejez de Beethoven con las de su juventud sería una pérdida de tiempo.

Las últimas sonatas, los cinco últimos cuartetos, la Misa en re y la Novena Sinfonía traspasaron las líneas de sus predecesores.

El historiador y musicólogo Emil Ludwig afirma que en la etapa postrera y habiendo ascendido tan alto “Beethoven fue más revolucionario”. En el siglo XX todos los músicos estudian los últimos cuartetos con más dedicación que los que compuso en su juventud.

Ludwig menciona a cinco maestros: Bach, Gluck, Händel, Mozart y Beethoven. Todos lograron en la etapa final de sus vidas una “profundidad de sentimientos”, pero ninguno de ellos, con excepción de Beethoven, “halló en la vejez un nuevo estilo”.

El mérito del creador de la Missa Solemnis estuvo en mantenerse siempre en su propia altura y “no debilitarse en la vejez”, como ocurrió con Richard Wagner.

“El alma de Beethoven se sentía tocada en lo más profundo (y) transformaba en música el eco de sus sentimientos”, remarca Emil Ludwig.

Lo revolucionario de sus últimos años, según el historiador, se nota también porque, por ejemplo, la fuerza dramática de la Quinta sinfonía, tampoco la vibrante pasión de la Apassionata, nunca las repitió ni volvió a crearlas.

Antes de la creación de sus grandes y valiosas obras postreras -a los 52 años- había dicho “siento en mí un amanecer y si continúo así la cosa va bien”.

Beethoven se había despedido dolorosa y cruelmente del piano (cuando tenía 40 años) con el que, en su juventud, había iniciado “su conquista del mundo”, remata Ludwig.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

Comentarios
Noticias relacionadas

      REGLAS para comentar 
      0 Comentarios
      Comentarios en línea
      Ver todos