Leyenda Urbana
Biden pone a Estados Unidos de vuelta en el mundo; Kamala Harris graba su nombre en la historia
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

9 Nov 2020 - 19:01

En la remota aldea Thulasendrapuram, en el estado sureño de Tamil Nadu, en India, donde nació el abuelo de Kamala Harris, celebraron su elección como primera vicepresidenta de Estados Unidos. Están orgullosos.

El triunfo de Joe Biden ha remecido la política mundial. El de Kamala Harris ha inspirado.

Vestida de blanco sufragista de esas mujeres que lucharon por el derecho a votar, en el discurso tras la victoria, dijo que “las mujeres negras han demostrado ser la espina dorsal de nuestra democracia”. Y alabó la audacia de Biden, para romper las barreras y elegir una mujer como compañera de viaje. 

“Cada niña que nos está viendo esta noche ve que este es un país de oportunidades”.

Kamala Harris.

Biden y Harris han hecho historia también por la mayor votación jamás recibida por candidato alguno en Estados Unidos -más de 75 millones-. Y porque su triunfo significa un viraje a la política errática del actual inquilino de la Casa Blanca, dentro y fuera del país.

La primera gran decisión de Biden ha sido formar un comité de expertos y científicos para dar batalla al coronavirus, que ha cobrado la vida de más de 237.000 estadounidenses.

Otro gran anuncio es el regreso a la OMS de la que su país se fue, en plena pandemia, por la visión utilitarista de Trump sobre las instituciones: yo pago, yo mando. Así como anticipar el retorno al Acuerdo de París por el cambio climático.

De todos los desafíos del presidente electo, superar la fractura social interna parece el mayor. La polarización y la radicalización es un azote que amenaza Estados Unidos. La división racial, económica y social, enorme. 

Por eso, en su discurso de la victoria, Biden habló de que es tiempo de dejar de lado la rabia y la retórica dura. “Este es el momento de sanar a Estados Unidos”, dijo. 

De cara al mundo y, en especial a los aliados, su tarea es colosal. Tendrá que restañar muchas heridas. 

Trump dinamitó alianzas y acuerdos. Nunca asimiló lo que es multilateralismo.

El retiro del Acuerdo Transpacífico (TPP), impulsado por Obama, para tejer alianzas comerciales a ambas orillas del Pacífico “y contrarrestar la expansión comercial de China”, fue un grave error. 

El bloqueo a la Organización Mundial del Comercio (OMC), desoyendo a aquellos que consideran que el comercio es una de las bases de la paz, un absurdo.  

La lista de yerros incluye la salida de la Unesco. Pero hay más.

Socavó las relaciones con los aliados de la OTAN, por la exigencia de incremento de aportaciones a sus miembros. Sembró desconfianza. 

“En los últimos cuatro años, Europa ha perdido su ingenuidad. Y ha comenzado a afirmarse como potencia”, ha dicho el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Jean-Yves Le Drian. 

Tan importante como el triunfo de Biden ha sido la derrota de Trump. La reacción del liderazgo mundial lo confirma.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, felicitó calurosamente la victoria de Biden y Harris. Y declaró que la Unión Europea y Estados Unidos son amigos y aliados que comparten los vínculos más profundos. 

Ángela Merkel les deseó “de todo corazón, suerte y éxito”. Y habló de que “nuestra amistad trasatlántica es irremplazable si queremos superar los grandes desafíos de nuestro tiempo”.

Boris Johnson dijo que Estados Unidos era el aliado más importante y que espera trabajar en las prioridades compartidas, desde el cambio climático hasta el comercio y la seguridad.

Cada saludo refleja los intereses geopolíticos. Estados Unidos necesita dar un golpe de timón.

El primer ministro de Japón, Yoshihide Suga, dijo que espera con ilusión trabajar para fortalecer aún más la alianza entre sus países y “asegurar la paz, la libertad y prosperidad en la región del Indo-Pacífico y más allá”. 

La región del Indo-Pacífico, que alude Suga, iría desde la India hasta Australia pasando por el este y sudeste de Asia.

Desde Seúl, el presidente Moon Jae-in, recordó que “nuestra alianza es fuerte, y la unión entre nuestros países sólida como una roca”.

Irán espera un cambio en las políticas “destructivas” de Estados Unidos. Y Palestina “trabajar con Biden para mejorar las relaciones”. 

Desde América Latina, donde la economía, la migración, la democracia y la seguridad son temas esenciales de las relaciones, todos los presidentes, incluido el de Ecuador, han felicitado a Biden, excepto los de Brasil y México. 

Tampoco lo han hecho los de China y Rusia.

Un detalle: En enero pasado, Tsai Ing-wen, ganó la reelección como presidenta de Taiwán, los entonces candidatos Biden y Harris le dieron la enhorabuena. Ella es contraria a Beijing.

De “espectacular victoria” ha hablado el primer ministro de la India. Y ha felicitado “de corazón” a la vicepresidenta Harris, hija inmigrantes indios y jamaiquinos.

El triunfo de los demócratas ha tenido eco en los confines de la tierra. El reto de Joe Biden es épico: recuperar la credibilidad de Estados Unidos y ponerlo de vuelta al mundo.

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