Contrapunto
Buen director, buena música
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

28 Feb 2020 - 19:00

En los siglos de mayor esplendor de la música, especialmente del género sinfónico, eran los mismos compositores los que dirigían a las orquestas.

Las partituras eran copiadas a mano y se distribuían a cada uno de los integrantes de la orquesta para su correcta lectura e interpretación. El mayor desafío que tuvieron siempre los directores era reproducir las notas y los acordes de la manera más parecida a como los concibió el autor de la obra.

La Dirección de Orquesta lleva muchos años de estudio y trabajo perseverante para alcanzar la perfección y la fidelidad con la idea que dejó plasmada en las partituras el compositor.

En Europa, especialmente en los siglos XIX y XX aparecieron grandes maestros que aún son recordados gracias a las grabaciones que dejaron registradas.

Uno de esos maestros fue Hans Ernst Schmidt-Isserstedt, nacido en Berlín en 1900, a decir de muchos el mejor intérprete de la música de Ludwig van Beethoven y de varios otros músicos, como por ejemplo Mozart.

La idea de hablar de Schmidt-Isserstedt salió de la cuenta Twitter de Mario Brichetto (@marobrt). Señalaba tajantemente que “Beethoven se disfruta más en la batuta de Schmidt-Isserstedt que en la de Karajan”.

Es probable que la afirmación sea correcta, prueba de ello es que en una reciente visita a la FNAC de París, entre miles de CDs y libros, había una colección completa de toda la obra de Beethoven, cuya interpretación era del músico nacido en Berlín.

Schmidt-Isserstedt fue en realidad un fiel intérprete de Beethoven, pero no fue el único y por eso es inevitable hablar de Herbert von Karajan, nacido en Salzburgo, Austria, en 1908 y al frente de la Filarmónica de Berlín durante 35 años.

Karajan, al contrario de Schmidt-Isserstedt, tuvo muchas críticas debido a su militancia en el partido nazi que dirigió Hitler. El berlinés en cambio siempre evitó la militancia política en un partido cuya fuerza fue arrolladora desde antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Una de las frases famosas de Karajan fue “el arte de dirigir consiste en saber cuándo dejar la batuta para no molestar a la orquesta”. ¿Qué quiso decir con eso? Que cuando la orquesta está tan bien preparada y conoce a la perfección la partitura, no hace falta la batuta, esa vara con la que el director conduce la ejecución de una obra musical.

Karajan vendió miles de discos, fue mediático y, pese a su carácter introvertido, siempre fue motivo de interés de la prensa mundial, algo que no sucedió con Schmidt-Isserstedt, quien estuvo alejado de los medios pese a que hizo un brillante trabajo radiofónico; y quizá lo más valioso (opinión muy personal) reprodujo con gran calidad toda la obra de otro gran compositor alemán: Richard Wagner.

Por eso es tan difícil decidir cuál fue mejor, ambos lo fueron y son ahora recordados por el valioso aporte a la interpretación musical.

Otros grandes fueron o son todavía importantes y se hablará de ellos en reportajes futuros: Zubin Mehta, Leonard Bernstein, Claudio Abbado, Daniel Barenboim, Simon Rattle, Riccardo Muti, Gustavo Dudamel, Pierre Boulez, Carlo María Giulini, Arturo Toscanini, Carlos Kleiber, Jesús López Cobos, etcétera.

En Ecuador destacan Gerardo Guevara, Álvaro Manzano, Andrea Vela, Patricio Aizaga, Dante Anzolini y muchos más.

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