Contrapunto
La caída de los imperios inca, azteca y las pestes
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

7 May 2021 - 19:02

¿Cómo fue posible que los poderosos imperios de los aztecas en el norte del Nuevo Mundo y de los incas en el sur y, además, con una fuerza guerrera poderosa hubieran sido derrotados fácilmente por unos pocos conquistadores españoles?

¿Qué le pasó a Atahualpa, por qué fue tan confiado y se dejó apresar por Pizarro? ¿Y por qué Moctezuma cayó en el error tan grande de confundir a Cortés con un dios que retornaba de los mares a su tierra?

Esas son solo algunas de las interrogantes que plantea el historiador y ensayista Jared Diamond en Armas, gérmenes y acero (Penguin Random House), libro ganador de un premio Pulitzer. Diamond es escritor experto en fisiología evolutiva y en biogeografía.

Basta con leer el título del libro para encontrar la respuesta a las interrogantes, sin embargo, se trata de uno de los más prolíficos estudios sobre la historia de la humanidad en 13.000 años de evolución de las diversas sociedades.

Las armas de fuego, por su poder mortal, inutilizaron a las de piedra; los gérmenes desarrollaron las epidemias y arrasaron con los pueblos; y con el acero se fabricaron espadas. Los imperios que disponían de armas de acero podían conquistar o exterminar a las tribus. Los dos pueblos indígenas americanos -aztecas e incas- solo poseían armas de piedra y de madera, señala el autor.

Jared Diamond dedica los primeros capítulos de su ensayo a narrar la inexplicable derrota del Imperio Inca frente a los españoles; no solo era un tema de armas, la viruela y otras pestes que viajaron con los europeos que habían desarrollado anticuerpos, lo cual ayudó a ganar la corta guerra.

Autor también del libro El tercer chimpancé, Diamond narra un “momento dramático” para las posteriores relaciones entre los europeos y el Nuevo Mundo: el primer encuentro entre el inca Atahualpa y el conquistador español Francisco Pizarro en Cajamarca, el 16 de noviembre de 1532.

Pizarro, representante de Carlos V, estaba al mando de un grupo de 168 soldados españoles y desconocía por completo el terreno que pisaba; Atahualpa, en el centro de su imperio, contaba con un ejército de 80.000 guerreros.

Sin embargo, el español capturó al cacique inca y lo mantuvo en prisión durante ocho meses mientras negociaba el mayor rescate de la historia a cambio de la promesa de libertad que nunca se cumplió.

Los indígenas entregaron a Pizarro oro suficiente para llenar una sala de 6,5 metros de largo, por cinco de ancho y 2,5 de profundidad. Tras el incumplimiento se desataría la guerra o -como dice Diamond- “la mayor colisión de la historia moderna”.

Tras el incumplimiento se desataría la guerra o, como dice Diamond, la mayor colisión de la historia moderna’.

Cuando el autor pregunta ¿por qué Pizarro capturó a Atahualpa? Responde que fue por las ventajas militares del español con espadas de acero, armaduras del mismo metal, armas de fuego y caballos españoles. Atahualpa no tenía animales ni en qué cabalgar, solo palos y hachas de piedra.

En la batalla de Cajamarca -resume Diamond- “168 españoles aplastaron a un ejército de indígenas americanos que era 500 veces más numeroso y sin ninguna baja del lado español”.

No solo eso marcó la diferencia, Atahualpa estaba en Cajamarca porque acababa de vencer una guerra civil que dejó a los incas divididos.

La epidemia de viruela se había expandido por toda América del Sur y había causado la muerte de Huayna Capac y la de su sucesor Ninan Cuyuchi. Muertes que precipitarían la lucha por el trono entre Atahualpa y Huáscar, y de todo eso Pizarro estaba informado.

En la batalla de Cajamarca 168 españoles aplastaron a un ejército de indígenas americanos que era 500 veces más numeroso.

Jarred Diamond.

Algo similar había ocurrido en México: una epidemia de cólera devastó a los aztecas tras el primer ataque español en 1520 y causó la muerte de Cuitláhuac, el emperador que había sucedido a Moctezuma. Las enfermedades introducidas por los españoles se propagaron por todas las tribus y causaron “la muerte aproximada del 95% de la población indígena precolombina”, subraya el autor.

Entre tantas conclusiones, Diamond apunta a que los vencedores de las guerras del pasado ni fueron siempre los ejércitos que disponían de los mejores generales y de las mejores armas sino aquellos que portaban los gérmenes más desagradables para transmitirlos a sus enemigos.

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