Leyenda Urbana
Cálculos electorales remecen al gobierno, mientras la gente duda si salir o no a las calles
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

27 Abr 2020 - 19:05

Extenuados por el encierro y por la incertidumbre de cómo será la vida afuera cuando termine la cuarentena, los ecuatorianos no pueden dar crédito a que en las alturas del poder se desgasten en rencillas y cálculos electorales, en tanto la gente sufre el mayor de los dilemas: prepararse a salir con el riesgo de contagio o seguir en casa mientras la economía agoniza.

Que el país viva una etapa de aterradora dificultad no ha sido óbice para que funcionarios se den tiempo para especular con sus posibilidades de cara al 2021.

Reveladas esas intenciones urdidas con especulaciones y hasta audios impostados, pero también por evidentes acciones, las relaciones al más alto nivel se han agrietado.

Un hecho objetivo es que el presidente Moreno actuó y removió a altos funcionarios, lo que da sustento a los comentarios. 

Gabriel Arroba, quien asumió como secretario general de Comunicación en agosto de 2019, fue reemplazado por Gustavo Isch, experto en estrategias electorales y manejo de crisis.

Ricardo Luque, director general del Centro de Inteligencia Estratégica (ex Senain), desde febrero de 2019, fue sustituido por Juan de Howitt, quien dejó el ministro de Ambiente y Agua. A este lo reemplazó Paulo Proaño. Se asegura que los dos funcionarios removidos son cercanos al vicepresidente.

Claro que en las últimas semanas se han dado otros cambios. Paúl Granda renunció a la Presidencia del directorio IESS. Se fue en medio de críticas al manejo del sistema de salud de la entidad y denuncias por la compra de mascarillas, que investiga la Fiscalía.

Semanas atrás, en plena crisis sanitaria, se fue la ministra de Salud, Catalina Andramuño, a quien remplazó Juan Carlos Zevallos. Y antes de la emergencia, René Ortiz asumió la Cartera de Energía en lugar de José Augusto.

También se fue el ministro del Trabajo, Andrés Madero, por motivos personales, al haberse contagiado de coronavirus. Su reemplazo es Luis Arturo Poveda.

¿Qué pasó con el vicepresidente? Difícil saber. Lo que la gente vio es que, de un momento a otro, la vocería del Comité de Operaciones de Emergencia Nacional (COE-N), pasó de Otto Sonnenholzner a la ministra de Gobierno, María Paula Romo.

La diaria exposición debe suponer bonos para la imagen de la ministra, mientras que la alta cifra que tenía el Vicepresidente, quizá, se haya movido.

En la encuesta de Cedatos, del 16 de abril, Sonnenholzner contaba con 50% de aprobación a su gestión; el presidente Moreno, con 24%; el ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, con 49%, y la ministra Romo, 29%.

¿Estas cifras avivaron el distanciamiento entre los dos mandatarios? Difícil saberlo, pero se junta a otro hecho: el asesoramiento de la firma española Kayros, del consultor Víctor López, al Vicepresidente.

Reconocido por su trabajo con varios políticos, incluido el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, López habría diseñado una estrategia comunicacional para el segundo mandatario.

Algunos periodistas recibieron información de Kayros y mensajes de López. En una de las varias notas de prensa decía: “Otto Sonnenholzner, el inesperado líder de la crisis por coronavirus en Ecuador”. ¿Fue la gota que derramó el vaso? 

En las últimas semanas, Sonnenholzner ha recorrido el país, visitando hospitales y centros de salud en varias ciudades. Lo hace junto al secretario General del Gabinete, Juan Sebastián Roldán, pero ya no tiene la misma exposición. ¿Qué pasará con él?  El tiempo lo dirá.

Mientras tanto, se habla de que un presidenciable está empeñado en tener a Romo como binomio. Otros dicen que ella misma podría postularse para la Presidencia. 

Desde Bélgica, el sentenciado retuitea a Jorge Yunda, cuando el alcalde se muestra feliz porque llegaron los test para Covid-19. “¡Bien, alcalde! Esto es lo que debió hacer el Gobierno desde que se declaró la pandemia”, escribe. Lo imitan los fugados de México, los asambleístas correístas y la prefecta Pabón.

En estado de estupefacción por las víctimas de la pandemia, sobre todo en Guayaquil, los ecuatorianos contemplan cómo los políticos se matan por promover su imagen aunque sea pautando en medios internacionales la entrega de ayudas que se pensaba lo hacían por genuina solidaridad y empatía.

La ambición por el poder es tal que no dudan en usar voceros paralelos para intentar armar cuadros con gente que se consideraba en la orilla opuesta; o para arruinar la imagen de los reales contrincantes. 

Mientras los ecuatorianos disciernen cómo será la “nueva normalidad”, con el distanciamiento social, y temen salir, el 4 de mayo, por miedo a un rebrote, la disputa sin rubor por el poder futuro envilece a la afligida sociedad. ¡No lo merecemos!  

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