Las Frases que Hicieron Historia

“No se me bajen de la camioneta”

Enrique Ayala Mora

Enrique Ayala Mora

Doctor en Historia de la Universidad de Oxford y en Educación de la PUCE. Rector fundador y ahora profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador. Presidente del Colegio de América sede Latinoamericana.

Actualizada:

27 Nov 2022 - 5:27

Abdalá Bucaram

Abdalá Bucaram es una de las figuras más pintorescas, influyentes y conflictivas de la política ecuatoriana.

Nació en una familia de inmigrantes árabes, cuyo máximo exponente, su tío Assad Bucaram, fue caudillo populista de CFP, a quien las dictaduras impidieron se lo eligiera presidente.

Apareció Abdalá en la política como intendente de Guayas, nombrado por su cuñado Jaime Roldós. Entonces tomó medidas polémicas y hasta estrafalarias como prohibir la minifalda. Muerto Roldós, lideró el Partido Roldosista Ecuatoriano, PRE, que llamó “la fuerza de los pobres”.

El PRE y Abdalá tuvieron su fuerte en Guayaquil, disputando su control a Febres Cordero y los socialcristianos.

Sus frases, a veces espontáneas y otras cuidadosamente estudiadas, le crearon conflictos, como aquel con los militares, cuando dijo que solo servían para “jugar vóley en los cuarteles y desfilar el 9 de octubre”. Enjuiciado, tuvo que exiliarse hasta que el Congreso le dio amnistía en 1986.

Notable comunicador, él mismo diseñaba sus campañas, en las que combinaba denuncias, ofertas y agravios, con consignas y canciones, varias de las cuales interpretó personalmente subido al escenario.

Con agresividad y a veces con humor, caricaturizó a sus adversarios, como cuando dijo que uno “tenía el semen aguado”.

Proyectó la figura de hombre fuerte y macho. Hizo pactos inesperados porque le dio “la regalada gana.

Fue candidato presidencial varias veces y en 1996 triunfó contra Jaime Nebot. En el gobierno, Bucaram realizó reformas monetarias y fiscales, anunció planes de vivienda y educación con sello populista; pero desde el inicio fue objeto de acusaciones de corrupción.

Agudizó los conflictos regionales, exageró su estilo informal y arbitrario, se enfrentó a sectores empresariales, laborales, indígenas y grupos medios.

Se levantó una fuerte protesta contra la corrupción del gobierno. El 5 de febrero de 1997, una movilización masiva en Quito dio pie para que el Congreso lo destituyera con el argumento de que estaba loco.

Se juntaron varias fuerzas políticas, cuyos dirigentes avanzaron al Palacio Nacional, subidos en el cajón de una camioneta. Abdalá se fugó llevándose buena cantidad de dinero en costales, según varios testigos.

Bucaram combatió desde el exilio a quienes lo derrocaron y siempre recordó su acción. “No se me bajen de la camioneta”, los increpaba.

Vivió fuera del país por dos décadas porque fue objeto de varios juicios que lo hubieran mandado a la carcel. Luchó por retornar al país y popularizó la consigna: “Déjenlo volver”.

Y volvió aparatosamente en 2005, precipitando la caída del gobierno de Lucio Gutiérrez, que propició su retorno. Cuando sus juicios prescribieron hizo una vuelta discreta.

En plena pandemia, en 2020, Abdalá y algunos familiares resultaron implicados en los negociados de los hospitales públicos. Fue apresado y uno de sus cómplices fue asesinado. Su influencia ha disminuido mucho, pero alguna gente oye todavía sus mensajes agresivos.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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