El Chef de la Política
La carta de Diana a Lenín: amores y desamores en tiempos de Covid-19
Santiago Basabe

Santiago Basabe

Politólogo, docente-investigador de FLACSO Ecuador y analista político. Sus campos de interés son las relaciones entre política y justicia, el funcionamiento de las instituciones democráticas y la representación política de las mujeres en América Latina.

Actualizada:

10 May 2020 - 19:02

La carta de Diana a Lenín ha generado revuelo en Carondelet y sus alrededores. Como toda correspondencia escrita en tiempos de crisis, provoca amores y desamores.

Para unos, los que juegan semana a semana a quitarse las sillas en la mesa chica, este es un evento que los beneficia mutuamente. Diana ha conseguido de un solo plumazo sacar de la Presidencia al incómodo secretario anticorrupción sin que ellos carguen con ningún costo político.

En efecto, tan contundentes son las denuncias de la Fiscal que a Lenín no le queda más remedio que prescindir de De la Gasca de forma inmediata.

Para otros, los que cogobiernan desde Bélgica, el presidio, la clandestinidad o sus curules altivos y soberanos en la Asamblea Nacional, esta es una noticia funesta. Pierden un nuevo espacio de poder en el entorno íntimo del Gobierno. Desde ahora, en los pasillos cercanos a Carondelet, sólo les queda la Secretaria Jurídica de la Presidencia.

Sin embargo, la carta de Diana a Lenín no sólo enciende la llama de las pasiones entre los que se disputan espacios de poder alrededor de un Gobierno que enfila con más dudas que certezas hacia su cuarto y último año de gestión.

La epístola apunta también contra el propio Jefe de Estado. Así, los guiños y mutuas expresiones de afecto han llegado a su fin para dar paso al gravísimo reclamo desde la Fiscalía por la interferencia del Ejecutivo en la actividad de la Justicia.

Aunque nadie podría escandalizarse demasiado por esta declaración en un país que no se ha caracterizado por gozar de un Poder Judicial autónomo de la influencia de la política, la frontalidad de Diana frente a Lenín no tiene precedente alguno, al menos desde el retorno a la democracia. En un futuro no muy lejano, esas lapidarias, pero necesarias y valientes frases, serán continuamente citadas en escritos judiciales y en reclamos legales en la esfera nacional e internacional.

Sin quererlo, la misiva de la Fiscal será insumo para la argumentación tanto de los que buscan genuina justicia como también de aquellos que pugnan por evitar que sus responsabilidades penales sean juzgadas.

Pero la carta de Diana a Lenín no busca solo desatar amores y desamores en tiempos de Covid-19. También hay un espacio para aportar ideas y propuestas a esta cruzada nacional por ahorrar y optimizar recursos públicos.

En esa línea, el manuscrito de la Fiscal sugiere al Presidente que priorice las erogaciones del Estado y que un buen paso en ese sentido es la eliminación de ese fantasma llamado secretaría anticorrupción.

Por tanto, Diana no sólo señala a De la Gasca como un funcionario que entorpece la actividad de la Justicia sino que deja en claro que para la persecución del delito y de sus responsables, la Constitución otorga atribuciones exclusivas a fiscales y jueces.

De paso, como quien no quiere la cosa, la carta también hace un llamado a evitar la creación de las siempre inútiles ‘unidades anticorrupción’, que se diseñan desde el Ejecutivo para controlar los posibles excesos del Ejecutivo. Si de disimular la corrupción rampante que cunde en el país se trata, basta con las vacías y fatuas expresiones de “la cirugía mayor contra la corrupción”, “hasta las últimas consecuencias” o “caiga quien caiga”.

En definitiva, Diana le escribe a Lenín y agrega un conflicto político más a un gobierno que se debate entre priorizar el control al Covid-19 o dar seguimiento a la corrupción que día a día emerge de cuanta institución estatal es sometida a escrutinio de la opinión pública.

La carta es tan explosiva que no sólo ha conseguido la renuncia de De la Gasca, quien por un mínimo gesto de decencia política habrá salido del Gobierno cuando esta columna se publique, sino que además le abre una ventana de oportunidad al Presidente frente a la disputa que ese cargo puede generar entre los comensales de la mesa chica.

Así, para evitar un nuevo tirón de cabellos entre los de acá, los de allá y los de más allá, la opción salomónica que propone la Fiscal es eliminar la Secretaría Anticorrupción de la Presidencia, tristemente célebre por su inoperancia y su nulo aporte al país.

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En medio de la crisis sanitaria, una carta ha hecho mucho más que miles de sugerencias. En plena crisis política, una carta ha intensificado más los amores y desamores que rodean a los que fueron AP, los que son AP y los que quieren vincular a unos y otros alrededor de una candidatura presidencial que, desde Carondelet, beneficie a la mayoría.

Para que no queden dudas de que la misiva dispara indistintamente entre diversos actores y sectores, Diana le ha dicho a Lenín, sin ambages ni rodeos, que deje de interferir en la actividad de la Justicia. Esa sí que es una declaración lapidaria, directa y al corazón del principio de separación de poderes de la democracia liberal moderna, esa que fue desdeñada en el mamotreto de Montecristi.

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