Leyenda Urbana
La Casa Blanca quiere a Ecuador como socio estratégico en la región; los gestos de Trump lo ratifican
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

17 Feb - 19:00

La cálida recepción del presidente Donald Trump a su homólogo ecuatoriano, Lenín Moreno, en su visita oficial a Estados Unidos, marca un nuevo momento en las relaciones entre los dos países, luego de más de una década de distanciamiento.

Tras estos gestos corteses, cargados de simbolismo, que Ecuador pueda lograr un Acuerdo Comercial con su mayor socio comercial, parece una posibilidad cierta.

Llegar a este punto de cercanía ha supuesto un largo camino, no exento de dilemas y momentos decisivos, en los que Moreno ha debido dejar atrás sus posiciones ideológicas.

Luego de que amplios sectores lo pidieran, durante meses, finalmente sacó a Ecuador de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el 24 de agosto de 2018. La razón esgrimida fue la crisis humanitaria en Venezuela. 

En la línea de tiempo, ocurrió dos meses después de que el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, visitara Ecuador, el 28 de junio de 2018. 

La ALBA nació en La Habana, en 2004, por inspiración de Fidel Castro y Hugo Chávez, como mecanismo para la cooperación de los países de América Latina y el Caribe, y como alternativa al Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), impulsada por Estados Unidos.

Meses después, el 23 de enero de 2019, desde Davos (Suiza) Lenín Moreno reconoció a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. La decisión supuso la ruptura definitiva con el Socialismo del Siglo XXI. Y una toma de posición.

Al poco tiempo, lo recibió en Salinas, con todos los honores. Fue un momento decisivo en la política exterior del Ecuador.

En este contexto, se debe entender que Moreno firmara, el 20 de febrero de 2019, la Declaración de Chapultepec a favor de la  libertad prensa y expresión, negada por los países del eje bolivariano. 

Pero hay más. El 14 marzo de 2019, Ecuador abandona Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas), poniendo el epitafio a esa organización, nacida al calor del triunfo de los presidentes de izquierda, grupo en el que militó.

Al mes siguiente, el 11 de abril de 2019, le retiró el asilo diplomático al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, tras permanecer allí desde 2012. En Ecuador era de madrugada. El país se despertó con esa “bomba”.

“Violar reiteradamente convenciones internacionales y protocolos de convivencia”, se arguyó.

Cuando en julio de 2019, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, se reunió con el presidente Moreno, en Guayaquil, el ambiente era muy cordial. “El presidente Trump le considera un amigo”, le habría dicho.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) “sensible” a la política hizo lo suyo. Un “Acuerdo de Facilidad Extendida”, mediante el cual entregaría al país USD 4.200 millones y los multilaterales USD 6.000 millones más, fue anunciado.

Con todos estos antecedentes, faltaba una visita a la Casa Blanca para sellar el nuevo momento, luego de consumado el viraje ideológico del presidente de Ecuador.

La empática reunión entre los presidentes y los anuncios de buscar un Acuerdo Comercial, implementar “América Crece”, fortalecer temas de seguridad, combatir el narcotráfico etcétera, con reuniones de alto nivel, avizora buenos resultados.

Para mover los hilos de las negociaciones está la embajadora en Washington, Ivonne Baki. Con formación en La Soborna de París y en Harvard, donde estudió Administración Pública, sabe los entresijos de la diplomacia. Y conoce bien cómo se mueve Washington.

Por si fuera poco, su amistad con el presidente Trump, que data de 2003, cuando el magnate la invitó, junto a otros embajadores, a su mansión de Mar-a-Lago (Florida), facilitará las gestiones. 

En la agenda conjunta hay otro tema urgente: la elección del secretario general de la OEA, el 30 de este mes. Ecuador y Estados Unidos apoyan la reelección de Luis Almagro.

También apremia una salida a la crisis humanitaria de Venezuela, aunque la tensión ha aminorado por la diáspora de casi cinco millones de personas, debido a la violencia, el hambre y la persecución.

La compleja geopolítica regional está atravesada también por la presencia de China, que tiene fuertes inversiones y colosales cifras de créditos en casi todos los países.

Las reiteradas visitas del presidente Xi Jinping a diferentes países (en Ecuador estuvo en noviembre de 2016) y las que hiciera su antecesor Hu Jintao, prueban la importancia de esta parte del mundo para el gigante asiático.

También Rusia ha intensificado su influencia estratégica, desde que en 2008 el buque Pedro el Grande hiciera ejercicios navales en el Caribe, con la Armada venezolana.

Latinoamérica gravita en la geopolítica mundial y Estados Unidos lo sabe. Tener socios en la región es vital. Los gestos a Lenín Moreno, quien, además, abandonó el Socialismo del Siglo XXI, se explican.

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