Contrapunto
El cielo y el infierno de Marlon Harley de Jesús Cangá
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

9 Abr 2021 - 19:36

Hoy dedicaremos algunas líneas a una novela ecuatoriana publicada en 2018, que aborda un tema sobre marginalidad.

Los personajes son esmeraldeños jóvenes, llenos de ilusiones, que tienen que enfrentarse a una sociedad hostil y, para salir de esa condición, están convencidos de que solo lo lograrán con dinero y fama.

La novela arranca bien con el asalto brutal a una gasolinera, que es presenciado por seis muchachos que se encuentran un paquete repleto de sucres. Con eso parten a conocer la capital, donde vivirían otro drama: la muerte en una riña de uno de los aventureros.

La novela se titula ‘No more tears’ (No más lágrimas). El autor es Esteban Michelena Ayala (Quito 1963), periodista y ganador de premios sobre crónicas y reportajes.

Es un Ecuador de 1970 -que no ha cambiado mucho-. Es una novela que define bien a los personajes, al principal y a los secundarios, incluso a los marginales.

En un comienzo parece una novela negra o tal vez urbana, pero después del rodeo temático, que demora en definirse, aterriza en temas que el autor domina muy bien: los deportes y el fútbol.

El personaje principal tiene el mismo nombre de la novela, pero recortado a Nomor; más adelante recupera su identidad: Marlon Harley de Jesús Cangá Quiñónez, apellidos esmeraldeños y futboleros.

El nombre de la novela es una de las observaciones. Un título como ‘No more tears’ dice muy poco sobre el tema central, la portada es poco vendedora y, como dirían los expertos en mercadeo, en las estanterías pasaría inadvertida.

A partir de ‘una vida llena de palos y puñetes’, uno de los 39 capítulos del libro, se comienza a desentrañar la trama. Se caracteriza por escenas de humor que el escritor relata con sobrada imaginación, especialmente por los curiosos nombres de algunos de los protagonistas: Ausencia, Calladito, Malas Noticias, Invisible, R&F y el ya mencionado Nomor.

Un partido en el estadio Olímpico Atahualpa era, en un comienzo, la mayor alegría de los muchachos; ver a sus ídolos y coterráneos que jugaban en El Nacional era motivo de orgullo.

El peligro estaba reservado para una noche de tragos en un prostíbulo y luego una pelea a muerte en el extremo norte del parque El Ejido.

El retorno a la tierra no demoró demasiado, tampoco la mayor tragedia que deja a Nomor solo frente al mundo; sus entrañables hermanos mueren en algo que es común en las carreteras: atropellados por un bus.

El personaje encuentra refugio en una iglesia. Se transforma en asistente del cura, no le falta el pan de cada día, pero desde la Arquidiócesis de Quito el monseñor Vagonetti ejerce presiones y, en paralelo, empieza a mostrar aptitudes de buen futbolista. Saborea los triunfos en el estadio Folke Anderson, donde han jugado famosos jugadores de equipos nacionales y de la Selección.

El autor de ‘Atacames Tonic’ cuenta con humor el momento de una redada militar en la que caen decenas de adolescentes que no se habían presentado para cumplir la conscripción. De Esmeraldas al cuartel Epiclachima de Quito, en donde el héroe de la novela continúa cosechando fama.

En el Ejército demuestra sus buenas condiciones para el box y el fútbol. Curiosos personajes asoman allí: Amadeo Bonito Klínger, Ayrton Cena Rodríguez, Frank Sinatra Ribadeneira, Cebión Diosmedé Tomalá, Máximo Honor Rodríguez y Jacinto Esteban Bonilla. El comando Sigcha y el general Moncaiba también aparecen periféricamente en la novela.

Los soldados de la patria representan muy bien al país en competencias militares en otros países. La fama y las medallas se acumulan, parecería que la historia se dirige hacia un final feliz, pero todavía faltaba la Guerra del Cenepa de 1995, en la cual el héroe resulta mutilado y comienza a sentir las señales del infierno.

Y al infierno no se baja solo por mala conducta, la mayoría de esmeraldeños lo conocen al momento de nacer. Para llegar al paraíso, masculla el ya desfallecido personaje, se debe comenzar por la palabra de Dios, la música y la pelota (en ese orden). La soledad y la locura llevan al frágil héroe hasta el martirio.

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