Contrapunto
Cinco obras musicales que son imprescindibles para todos
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

30 Jul 2021 - 19:30

Así como en la literatura o en el cine se mencionan libros y películas que no pueden dejar de verse, en la música ocurre algo parecido, aunque siempre existen la subjetividad y los gustos tan diversos.

La valoración de tres obras fundamentales pertenece a Pola Suárez Urtubey (1931-2021) y básicamente se refiere a música instrumental y sinfónica, que según sus palabras “no se puede dejar de conocer”.

En una de sus sugerencias parece imposible que exista alguna discrepancia o rechazo en quienes admiran la música de Ludwig van Beethoven; se trata de su famosa ‘Novena Sinfonía’ en re menor, opus 125, compuesta en 1824.

La otra obra, también sinfónica propuesta por la musicóloga argentina es la ‘Sinfonía Fantástica’, opus 14 del francés Hector Berlioz, conocida con el nombre de ‘Episodio de la vida de un artista’.

La tercera pertenece al ruso Igor Stravinsky, fue escrita en 1913, y se denomina ‘La consagración de la primavera’, una obra completamente diferente a las dos anteriores y que fue estrenada en París en medio de un enorme escándalo.

En su libro ‘La historia de la música’, la escritora recientemente fallecida en Buenos Aires, analiza esas y muchas obras de los períodos barroco, clásico y romántico y aclara que el interés se desplaza de la preferencia por tal o cual intérprete hacia “el contacto con la obra musical en sí misma”.

No soslaya la importancia en el repertorio universal de las últimas obras sinfónicas de Haydn y Mozart. También considera trascendentes muchas sonatas para piano, conciertos, música de cámara, canciones y óperas.

Aunque Pola Suárez no dice cuál es mejor, menciona primero a Beethoven, luego a Berlioz y finalmente a Stravinsky. Me permito continuar ese orden con una obra de Schubert y otra de Mahler.

 La de Franz Schubert, cuya vida y obra fue mencionada en un artículo anterior, es su ‘Novena Sinfonía’, conocida como ‘La grande’ y coincide que tiene el mismo número que la famosa sinfonía de Beethoven.

Desde mi particular experiencia esa sinfonía consagró a Schubert en el período romántico y, aunque no tiene coro ni voces solistas, fue un homenaje al músico que más admiró: Beethoven.

En Internet existe una versión reciente dirigida por Herbert Blomstedt, de padres suecos, nacido en Springfield, Massachusetts, en 1927. Se puede ver la grabación (en plena pandemia) con la NDR (Orquesta Sinfónica de la Radio del Norte de Alemania), la más prestigiosa de Hamburgo.

Aunque lo que más acercó a Schubert y a Beethoven fueron las sonatas y el piano, ya desde la octava (Inconclusa) se apreciaba esa influencia que ejerció el músico de Bonn. “El aporte de Schubert a la literatura romántica se volvió fundamental”, insistía Pola Suárez.

La siguiente sinfonía para complementar esta idea de las cinco obras imprescindibles pertenece a Mahler. La conclusión tiene varios años de escuchar toda su producción sinfónica, desde la primera (Titan) hasta la novena, de abajo hacia arriba y viceversa.

Romper con la tradición musical fue uno de los desafíos en la obra de Gustav Mahler (1860-1911), quien concebía que una sinfonía debe abarcar lo que contiene el mundo, es decir todo, como por ejemplo la Octava, conocida como “la de los mil” porque, entre músicos y voces, se acerca a ese número.

La obra sugerida es la ‘Sinfonía 3’, de aproximadamente una hora y 45 minutos de duración, que tiene seis movimientos, uno de ellos con coro de niños, contralto, coro de mujeres y hombres y la más variada posibilidad de instrumentos que no se verá en otra obra.

Pero ¿qué dijo sobre esta obra el psicólogo, sociólogo y musicólogo Theodor Adorno? La Tercera Sinfonía “es su obra más excesiva”. Según él hay en el minueto un giro que suena “como si un gigantesco estremecimiento de horror recorriese la música”.

Pero también leí una frase esperanzadora del musicólogo austríaco Guido Adler: “Nadie se ha aburrido nunca escuchando a Mahler, tampoco sus enemigos”.

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