El Chef de la Política
La colada, las guaguas y nuestros cadáveres políticos
Santiago Basabe

Santiago Basabe

Politólogo, docente-investigador de FLACSO Ecuador y analista político. Sus campos de interés son las relaciones entre política y justicia, el funcionamiento de las instituciones democráticas y la representación política de las mujeres en América Latina.

Actualizada:

1 Nov 2020 - 19:02

Llegó el 2 de noviembre, la fiesta mayor de la colada morada y de las guaguas de pan. Para algunos, allí empieza y termina el feriado. Para otros, los más kafkianos, es un día de asueto y punto. Para la mayoría, el espacio del recuerdo frente a sus seres queridos que han transmutado. Para unos pocos, el momento de enterrar a los muertos a causa de la política.

Y es que más letal que el Covid, el arte de la política en ocasiones se ensaña con quienes no utilizan sus herramientas de forma adecuada. Al principio les provee de fama y prestigio, les da poder y les rodea de aduladores y serviles.

Sin embargo, de a poco, en la medida en que el olfato, las destrezas y la sensatez escasean, el olvido es su destino y en muchos casos también la indiferencia ciudadana. Otros, los más duchos, prefieren cultivar el odio.

Como diría el gran JJ, “odio quiero más que indiferencia, porque el rencor hiere menos que el olvido”. En cualquier caso, el 2 de noviembre debería ser bautizado también como el día de los cadáveres políticos.

Aunque no es fácil definir cuando un actor político se encuentra efectivamente en condición inerte, las encuestas de opinión ciudadana son de gran ayuda. Allí, frente al escrutinio popular, no hay mucho margen de duda. A través de ese termómetro se puede medir si el muerto es de la víspera o si el proceso de descomposición es de mayor escala.

En el caso de los presidentes, por ejemplo, el actual lleva sobradamente la delantera. No solo que en octubre de 2019 sus niveles de popularidad fueron inferiores a los de los caídos Bucaram, Mahuad o Gutiérrez sino que, de ahí en adelante, no ha dejado de ser el líder de los menos favorecidos ante la opinión ciudadana.

Así, a falta de unos pocos meses para que concluya su mandato, Lenin Moreno es el presidente que más se acerca al concepto “puro” de cadáver político.

¡Y vaya que hace méritos para mantener su condición!

Cuando la sugerencia de diferentes sectores ha sido que deje de lado la confrontación con el gobierno del expresidente Rafael Correa, el actual mandatario no desaprovecha oportunidad alguna para volver sobre ese punto.

Hace pocos días, en un encuentro con American Society y Council of the Americas, Moreno ha dicho que la ‘Revolución Ciudadana’ le ha tejido una emboscada para que su gobierno fracase. Por tanto, la narrativa oficial ahora ya no habla de un acto de encubrimiento sobre la situación real de las cuentas públicas, plasmado en la famosa ausencia de la mesa servida, sino de un hecho deliberado que apuntaba a perjudicar al nuevo mandatario.

Tales desvaríos no solo minan aún más la credibilidad del Presidente sino que fortalecen el discurso del anterior gobierno en el sentido de que la economía del país fue entregada en inmejorables condiciones, lo que a la luz de las cifras no parece ser cierto.

Moreno va más allá. Señaló en el mismo evento que la emboscada que heredó, porque no recibió un gobierno según sus palabras, es la típica estrategia que utilizan los socialistas del siglo XXI para quienes les suceden en el poder.

Nuevamente, el Presidente hace méritos para que su condición de cadáver político se vaya consolidando pues, si de militancia histórica en las izquierdas se trata, Moreno es mucho más socialista que Correa.

Para completar la lamentable declaración, el Jefe de Estado agrega que el gobierno de la ‘Revolución Ciudadana’, del que fue parte entre enero de 2007 y mayo de 2017, presumía que iba a perder las elecciones y que, por tanto, la emboscada estaba dirigida a Guillermo Lasso, se entiende.

De lo dicho surgen varias interrogantes. La primera es que si esto es así, no es posible divisar de forma clara las razones que motivaron a Moreno a aceptar la candidatura presidencial.

La segunda, igual o más importante, es que si la estrategia de tender la emboscada se tornó irrealizable, entonces por qué recién en mayo de 2018, transcurrido un año de gobierno, el Presidente Moreno dio un giro al modelo económico de su antecesor.

La tercera interrogante apunta a que, con lo dicho, el propio Jefe de Estado siembra dudas, directas o indirectas, sobre la transparencia del proceso electoral que lo llevó al lugar en el que se encuentra ahora.

***

A pocos meses de terminar su período, bien haría el Presidente Moreno en evitar constituirse en la principal arma de campaña electoral de la ‘Revolución Ciudadana’.

Sus declaraciones en contra del gobierno de Rafael Correa, a quien en su momento calificó como un presidente aún más trascendente que Eloy Alfaro, no hacen sino apuntalar más la candidatura de Arauz y sus listas a la Asamblea Nacional.

A la par, desatinos como el evidenciado, sumen al Jefe de Estado cada vez más en el sitial de los cadáveres políticos.

El sitial de aquellos actores de la vida pública a los que año a año los ciudadanos buscan hundir en el fondo de la colada del olvido, la indiferencia o el odio.

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