Contrapunto
Comenzó el año Beethoven en la Casa de la Música
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

14 Feb - 19:00

Para conmemorar los 250 años del nacimiento del compositor Ludwig van Beethoven (16 de diciembre de 1770) en muchos países, especialmente de Europa, decidieron comenzar por las obras más conocidas.

Los programadores recurrieron a las sinfonías 5 y 9 y a algunas de las 32 sonatas para piano y violín que escribió el músico alemán para convertirse en uno de los más prolíficos compositores universales.

En nuestro país la Casa de la Música y la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador (OSNE) prefirieron una programación mucho más original -para todo el año- que incluye las nueve sinfonías y los cinco conciertos para piano, además de sonatas, oberturas, una fantasía coral y, para el cierre del año de homenajes la Sinfonía 9, considerada el mayor logro del compositor, que fuera completada en 1824 y con la novedad entonces de que a una sinfonía se le añadía por primera vez coro, voces de soprano y contralto, barítono y tenor.

El viernes 24 de enero comenzó la conmemoración con un repertorio que incluyó la obertura Fidelio, que fue la única ópera que escribió Beethoven; después vino el concierto para piano y orquesta número 3, interpretado por el pianista ecuatoriano Carlos Juris, que tiene un enorme reconocimiento en los más grandes escenarios de la música académica del mundo.

Al igual que la sinfonía 3 (Heroica), el concierto para piano marca la apertura de Beethoven hacia el romanticismo, que fue el período más esplendoroso para la música académica.

La OSNE fue dirigida por el director asistente Yuri Sobolev, quien estudió en el conservatorio Tchaikovsky, de donde egresan los mejores músicos a escala mundial.

Y el cierre del programa estaba dedicado a una de las sinfonías más emblemáticas de Beethoven, la número 7 (opus 92) que, al decir de Wagner fue “la apoteosis de la danza” y en ella el músico alemán permitió que todos los instrumentos de la orquesta fluyeran con fuerza, con la sola excepción de las cuerdas en el segundo movimiento, donde se aprecia la suavidad sonora de las notas.

La Sinfonía 7, y también la 8, fueron compuestas el mismo año 1811 y la primera de ellas fue la que mejores críticas logró, sin embargo, Beethoven llegó a decir que orquestalmente era mejor la 8, que precisamente se anuncia para el 27 de marzo, en un programa que incluirá el concierto para piano y orquesta número 1, que tendrá como solista a otro gran pianista ecuatoriano, Boris Cepeda, quien estudió en Alemania y reside en ese país.

Lo que sí es seguro es que ninguna obra del alemán se parece a otra. Cuando la sinfonía 7 fue estrenada y dirigida por el mismo Beethoven, durante el segundo movimiento el público interrumpió con aplausos y obligó a que se repita.

Segundo movimiento (allegretto):

Estrenada en Viena en 1813 la séptima sinfonía es la más optimista, la de mayor fortaleza instrumental y tal vez la más popular. La ovación en la Casa de la Música fue de pie y los organizadores ofrecieron que todos los solistas en los conciertos de piano serán ecuatorianos, como Juris y Cepeda; además de Jonathan Floril, Juan Carlos Escudero, Emilio Villacís y Washington García.

Para el único concierto de violín que compuso Beethoven el solista será Santy Abril, un magnífico violinista de la OSNE.

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