Análisis Económico
La comida ni se bota ni se prohíbe
Francisco Briones

Francisco Briones

Especialista en análisis del entorno macroeconómico, políticas públicas y comunicación. Máster en Economía por la University of Manchester. Consultor asociado de Inteligencia Empresarial.

Actualizada:

19 Sep - 7:46

La cuarta parte de la población en el Ecuador vive en la pobreza. El 10% se encuentra en condiciones extremadamente pobres. Esto quiere decir que más de 4.3 millones de niños, jóvenes, adultos y adultos mayores no tienen los ingresos suficientes para cubrir sus necesidades alimentarias mínimas.

En el papel, el salario básico actual le permite a un hogar promedio tener el ingreso mensual (USD 735,47) para acceder a la canasta básica (USD 714,47). Pero las estadísticas dicen lo contrario.

Seis de cada 10 hogares en todo el país no logran tener los ingresos suficientes para comprar la canasta básica. Es decir, más de 2,5 millones de familias tienen algún tipo de deficiencia alimentaria.

En este escenario crítico, las autoridades han prohibido la venta del suero de leche por supuestamente competir de manera desleal con la leche entera. Pues han encontrado que el lactosuero se vende fraudulentamente como leche.

De cada 100 litros de leche que se transforman en queso, 90 se transforman en suero que conserva el 55% de los nutrientes originales de la leche.

En Ecuador, la industria quesera genera aproximadamente 1,2 millones de litros de suero de leche diarios. Producto que sirve de materia prima para la fabricación de otras bebidas con contenido lácteo como avenas y bebidas proteicas beneficiosas para niños, jóvenes y adultos. Lo suficiente para alimentar a 120.000 personas por día. 

Además, la venta del suero genera el 30% de las ganancias de más de 4.000 queseros en todo el Ecuador, que les permite sostener un gran porcentaje de sus costos de operación.

Pese a lo anterior, el Acuerdo Interministerial 032 de febrero de 2019 prohibió la comercialización de este producto por seis meses hasta finales de agosto pasado.

Consecuentemente, se propició el desperdicio y desecho del suero, rico en proteínas y nutrientes, a través del sistema de alcantarillado público o quebradas de río.

Se ha generado un grave problema ambiental, incluso en contra de las iniciativas del gobierno relacionadas a la economía circular. Y ni hablar de la informalidad. Un completo sinsentido por donde se vea.

Todo esto nace del proteccionismo. Del control y fijación de precios. De los privilegios para un sector particular en detrimento del bienestar familiar nacional.

El Gobierno quiere obligar a las familias al consumo de leche prohibiendo otros productos nutritivos como el suero de leche. 

Pero eso no es lo peor. La Asamblea Nacional acaba de aprobar la tipificación como delito penal a la comercialización de este alimento.

Sí, en nuestra realidad, con alta incidencia de pobreza y deficiencias nutricionales, las autoridades se alinean para prohibir alimentos aprobados incluso por la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Vaya lujo.

A todas luces es una medida equivocada. La solución es mejorar y optimizar el control posterior de las autoridades. Se debe perfeccionar el etiquetado que diferencie con claridad la leche del lactosuero.

En lugar de prohibir, el Ministerio de Salud, de Agricultura, el Instituto Ecuatoriano de Normalización (INEN) y la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria (Arcsa) deben velar por la calidad de los productos y el bienestar de los consumidores haciendo controles exhaustivos.

El gobierno debe retirar de manera definitiva la prohibición y promover la industrialización del suero. La comida no se bota, nos lo enseñaron nuestros padres y se lo enseñamos a nuestros hijos.

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