Contrapunto
¿El comunismo amenazó internamente a los Estados Unidos?
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

25 Dic 2020 - 19:01

El escritor Philp Roth (1933-2018), para muchos entre los más grandes de la literatura estadounidense, fue muy comentado en 2020, el año más impactante del siglo XXI por causa de la pandemia del Covid19.

Némesis’, su obra publicada en 2010, narra la epidemia de la poliomielitis ocurrida en su natal Newark (Nueva Jersey) en un tórrido verano de 1944.

Entre sus grandes novelas, con la que se ganó el premio Pulitzer, figura ‘Pastoral americana’, también ambientada en Newark y en Nueva Jersey, algo recurrente en el escritor de origen judío, como reiteradas son sus narraciones sobre el estatus de la sociedad de origen hebreo.

Como siempre, Roth no escatima en el fuerte papel de los personajes principales, en este caso Seymour Levov, a quien se denomina con el apodo de El Sueco, por su aspecto nórdico, su dedicación a los deportes y, posteriormente, a administrar la fábrica de guantes que heredó de las primeras generaciones de inmigrantes judíos radicados en Nueva Jersey.

En los primeros capítulos el relato no engancha con fluidez, de hecho quien narra es el escritor Nathan Suckerman, quien admiraba al deportista, basquetbolista, jugador de fútbol americano y ejemplo para la comunidad judía y la juventud en general.

Una escena de espanto advierte al lector lo que viene… Su única hija, Meredith o Merry Levov coloca una bomba en la oficina de correos del pintoresco pueblo Old Rimrock, mata a un médico altruista y permite descubrir cómo los jóvenes, en varios estados de la potencia mundial se abrazan al comunismo para rechazar la guerra de Vietnam.

Roth toca de refilón la Segunda Guerra Mundial; el horror en realidad estaba dentro del país, también la semilla ideológica sembrada para que se produjeran sangrientos atentados, manifestaciones antibélicas violentas en contra de una guerra y de los mandatarios de la época: Lindon Johnson y, luego, Richard Nixon.

La novela, escrita en tres tiempos o capítulos –Paraíso recordado, La caída y Paraíso perdido– permite encontrarse, mediante el diálogo de los personajes, con escenas del escándalo conocido como Watergate y con el legendario ‘Garganta profunda’.

La hija de El Sueco, con apenas 16 años, que se atormentaba por no poder superar una tartamudez y su gordura, se convirtió en un monstruo. Fugitiva y perseguida por el FBI, con ideales sólidos que exasperaban a su padre y a su madre (una exreina de belleza de Nueva Jersey) tiene un papel preponderante en la novela de Philip Roth.

Y aparece la política; el escritor recurre a mostrar a la principal activista de los años sesenta: Ángela Davis (Alabama 1944), profesora de filosofía ‘de raza negra’ como se describe en la novela. Considerada como la primera militante comunista de Estados Unidos, a quien se la acusó de proporcionar armas a un comando que intentaba liberar a tres presos de la prisión de San Quintín durante un juicio en el que murió el juez que presidía el tribunal.

La liberación de Davis era reclamada en la mayoría de estados y en la agenda de reivindicaciones de otros países como Francia, Argelia y la entonces Unión Soviética. Mientras meditaba en la cocina de su casa, a El Sueco se le aparece la activista.

Ángela Davis lo convence de que su hija no fue una criminal, actuó políticamente en medio de la lucha de poder entre fascistas contrarrevolucionarios y las fuerzas de resistencia integradas por negros, chicanos, puertorriqueños, indios, activistas antibélicos que trabajan para “derribar al estado policial inspirado por el capitalismo”.

¿Qué influyó para que la hija de El Sueco se convirtiera en una sanguinaria terrorista que en todos los atentados dejó destrucción y, en total, la muerte de cuatro personas? Se aventuran dos posibilidades; la primera un beso que la hija dio en la boca a su padre o las escenas que vio Merry de un suicidio a lo Bonzo en una plaza vietnamita.

El escritor Suckerman desaparece de la novela y luego la historia la cuentan los propios personajes. Se pierde un poco el ritmo con diálogos extensos y algo se recupera con revelaciones sobre relaciones íntimas entre el personaje y la exreina de Nueva Jersey.

Para casarse, la esposa católica Dawn Dwyet tuvo que pedir el consentimiento del padre de El Sueco, un defensor a ultranza del judaísmo y enemigo de todos los ritos cristianos, como la Semana Santa, la Navidad o la eucaristía. Pese a que le explicó en qué consistía la eucaristía, la repuesta del judío fue que no permitiría que su nieto “se coma a Jesús”.

Tras cuatro años de una desesperante búsqueda, Seymour encuentra a su hija convertida en jainita, una secta religiosa india relativamente pequeña; no se bañaba y usaba velo para no perjudicar a los organismos microscópicos, su tartamudez había desaparecido misteriosamente y vestía con andrajos.

El padre de El Sueco tenía razón: criaron a una hija que no fue ni católica ni judía, primero fue tartamuda, luego asesina, comunista y finalmente jainita.

Comentarios
Noticias relacionadas

      REGLAS para comentar 
      0 Comentarios
      Comentarios en línea
      Ver todos