Leyenda Urbana
La Conaie, Arauz, y el síndrome de Estocolmo
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

5 Abr 2021 - 19:30

A la velocidad de las redes, el respaldo de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) al candidato correísta, Andrés Arauz, de Unión por la Esperanza (UNES), llegó urbi et orbi, potenciado por los trolls, los bots, los medios aliados del eje regional y los de la Rusia de Putin.

Deben haber pensado que se les alineaban los astros.

Perfectamente articulado, el ‘timing’ era el ideal y el tema, insuperable. Faltando siete días para ir a las urnas, (sábado 3 de abril) anunciar semejante apoyo, era un éxito estratégico garantizado.

La mayor organización indígena del país, cuyo candidato presidencial, Yaku Pérez, inscrito por Pachakutik, fue la sorpresa electoral de las elecciones de febrero, al alzarse con la tercera mayor votación, estaba con ellos. Qué más podían pedir.

 “Andrés logró lo que yo no pude”, escribía, en Twitter, un exultante Rafael Correa. Se refería a la supuesta unión del progresismo con la Conaie.

No pasó mucho tiempo y el país supo que el anuncio era una falacia. Un vendaval de rechazos desinfló esa hipérbole electoral sustentada en nada. Y todo se hizo humo

Locos por el poder, el correísmo había dado por ciertas sus propias mentiras, pues tal apoyo de la Conaie, anunciado por Jaime Vargas, jamás se había oficializado por parte de la organización.

El movimiento indígena le recordó al presidente en funciones prorrogadas, que Pachakutik, brazo político de la Conaie, decidió no apoyar a ninguno de los finalistas e ir por el voto “nulo ideológico”.

Este nuevo sacudón parece haber hecho que la campaña de Arauz pierda el aliento político, en instantes que un yerro es mortal, porque no hay tiempo para enmendar.

Semejante fiasco pasará a los anales de las campañas electorales como un error catastrófico, que podría reflejarse en las urnas, el 11A

Pero hay más.

La memoria política ecuatoriana registrará los elogios de Correa a Vargas, el indígena que lo llamara, hace poco, “prófugo de la justicia”. Lo cual confirma que el camino al poder, aunque no siempre se logre, está plagado de humillaciones.

El fallido acuerdo ha destapado la caja de Pandora, y todos los males políticos se ciernen sobre el candidato del correísmo.

La foto de Arauz junto a Vargas, en Bolivia, brindando con Evo Morales, durante la posesión de Luis Arce, como presidente de ese país, se consideraría prueba de acuerdos no confesados, a espaldas de la dirigencia.

Y la imagen del 25 de enero pasado, en Puyo, donde “coincidieron” Arauz y Vargas, en la campaña de la primera vuelta, la evidencia de la traición al movimiento, al aliarse con el mayor insultador de los indígenas que se recuerde.

Una vez más, la hemeroteca conspira contra Arauz y su sueño de llegar a Carondelet.

Espeluzna escuchar los gritos de Correa diciendo que la Conaie “no representa a nadie”; llamando a sus dirigentes “indios fracasados” o “ponchos dorados”, y “que se bajen de la nubecita rosada”.

Carlos Sucuzhañay, de la Ecuarunari; Cecilia Velasque, subcoordinadora de Pachakutik y Apawki Castro, vocero de la organización, han criticado a Vargas; desconocen su vocería, y lo han llamado traidor. Lourdes Tibán lo tildó de Judas. Y hasta Leonidas Iza lo ha desmentido.

La dirigente Nina Gualinga fue rayo que fulminó a Vargas: “tan corta es la memoria Jaime Vargas que ya se te olvidaron los asesinatos de Fredy Taish, Bosco Wisuma, José Tendetza y la persecución y ataques constantes a mujeres, defensores y líderes indígenas”, escribió.

Para la lucha indígena, Vargas es un peligro suelto; el summum del político frustrado que, tras intentar echar abajo la candidatura de Yaku, al no lograrlo, trabajó en su contra.

Con su decisión audaz y unilateral, el desmemoriado Vargas, que olvida el castellano en los juzgados, ha revivido los fantasmas del correísmo que ahora persiguen a Arauz, el candidato a quién, a partir del debate, parece nada salirle bien.

Si los privilegios revelados en el BCE lo lastimaron, juntarse y dividir a Don Medardo y sus Players, causó hilaridad. Parece tocado por el infortunio

Hoy, mirar a Arauz junto a Vargas traen a la mente de los ecuatorianos los gritos del dirigente indígena ordenado el cierre de pozos petroleros y clamando a las FF.AA. quitar el respaldo al Presidente de la República; o sea, pidiendo a gritos un golpe de Estado.

Vargas camina por la vida con un saco de pólvora; es la metáfora del tirano en ciernes.

¿A qué genio de la estrategia se le ocurrió pedir su apoyo, cuando el país atestiguó, atónito, protagonizar, ante las cámaras, el secuestro exprés de policías y periodistas, en 2019?

Vargas parece prisionero de su propia naturaleza, de la que no puede escapar.

Tampoco puede Andrés Arauz, a quien el pasado de Correa le ha estigmatizado, pero la dependencia es tal, que no puede liberarse, porque no lo desea. Políticamente, el candidato parece experimentar el síndrome de Estocolmo.

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