Contrapunto
El Concierto de Aranjuez elevó a España tras la Guerra Civil
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

23 Oct 2020 - 19:01

Pese a que contaba con talentosos músicos, la primera mitad del siglo XX no fue propicia para España por causa de la traumática Guerra Civil, que facilitó el aislamiento y la incomunicación del país respecto de las corrientes musicales que siguieron a continuación del romanticismo en Europa.

El nacionalismo musical español, especialmente hacia la mitad del siglo XX, registra importantes nombres como el de Isaac Albéniz, Enrique Granados, Joaquín Turina, un poco antes Manuel de Falla y Joaquín Rodrigo (1901-1999), que con su Concierto de Aranjuez también logró posicionar a la guitarra como un instrumento solista para orquesta.

De la literatura que existe en torno a la guitarra, precisamente España se encuentra entre los países que más aportó al conocimiento de ese instrumento inventado en Egipto 1.700 años antes de Cristo, y que llega a la Península Ibérica en el siglo VIII durante la invasión árabe.

Los españoles la estilizaron y en ese país nacieron los más importantes guitarristas como Paco de Lucía, Andrés Segovia, Narciso Yepes, solo por citar algunos nombres. Lo que se llama guitarra clásica también fue creada en España, pero hay pocos antecedentes de música orquestal con guitarra.

Hasta que llegó Joaquín Rodrigo (1901-1999) y creó lo que se considera el más bello concierto para guitarra y orquesta, que lo compuso en el Barrio Latino de París en 1939 y lo estrenó al año siguiente en Barcelona, con el guitarrista Regino Sáinz de la Mazza, con notable éxito, que luego se repetiría en Madrid y en Bilbao.  

Considerada la mayor obra musical española que ha recorrido el mundo, el Concierto de Aranjuez fue compuesto por un músico que superó una desgracia que le ocurrió en los primeros años de su vida: la ceguera. Una epidemia de difteria azotó a ese país; las crónicas de la época atribuyen a ese hecho la causa de la ceguera del niño cuando apenas tenía tres años y medio de nacido en Sagunto, Valencia.

La difteria es provocada por una bacteria que causa estragos en las amígdalas, en la faringe y en la tráquea. Los libros científicos no atribuyen a la difteria como posible causa para la pérdida de la visión, pero tal vez alguna patología ligada a ese contagio pudo influir y afectar a Rodrigo.

Pese al dolor que eso causó, sus padres lo incentivaron con la música y fue educado por un maestro especializado. Salieron del pueblito de nacimiento y en Valencia aprendió composición musical; escribía sus partituras en braille.

El concierto para guitarra y orquesta toma el nombre de un sitio real, los jardines de Aranjuez. A pesar de que no entra en la categoría de música programática, recrea una España de cantores y “bailaores” populares, de majas y toreros de finales del siglo XVIII.

Así como alguna música nacionalista, Rodrigo sugiere tiempos pasados en los hermosos jardines de Aranjuez, sus fuentes, sus árboles, los pájaros.

El Concierto de Aranjuez está dividido en tres movimientos: Allegro, adagio y allegro gentile. En el adagio es donde se nota toda la virtud de la guitarra como instrumento para concierto.

A pesar de la enorme limitación, el compositor dijo en una entrevista que “la ceguera me dio más vida interior” y que la música “es mi ilusión, mi encanto y mi alegría. Soy un enamorado de la música, que definiría como la máxima poesía de la que dispone el mundo”.

Joaquín Rodrigo decía que la música española es auténtica y que no se podía catalogarla de neoclásica porque España no tuvo clasicismo.

En la obra del músico español habría que destacar también el Concierto Andaluz para cuatro guitarras, compuesto en 1967, porque es una mezcla de la música española impresionista con influencia barroca. La partitura fue estrenada en Hollywood con la Filarmónica de Los Ángeles.

Escribió suites para piano, obras corales y un oratorio que dejó inconcluso: La Azucena de Quito, que el director de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, Dante Anzolini estrenara con motivo del vigésimo aniversario de la muerte de Joaquín Rodrigo.

Según Anzolini, “la obra es sublime”, con una instrumentación hermosa y una calidad que dejó asombrados a quienes asistieron al estreno el 5 de julio de 2019. Como Azucena de Quito se conocía en su época a la primera santa ecuatoriana, la quiteña Mariana de Jesús (1618-1645).

Adagio, con el guitarrista logroñés Pablo Sáinz Villegas y la Radio y Televisión Orquesta de España:

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