El Chef de la Política
Rafael Correa y la cárcel de Sing Sing
Santiago Basabe

Santiago Basabe

Politólogo, docente-investigador de FLACSO Ecuador y analista político. Sus campos de interés son las relaciones entre política y justicia, el funcionamiento de las instituciones democráticas y la representación política de las mujeres en América Latina.

Actualizada:

13 Sep 2020 - 19:01

“Escucha, triste hermano, esta horrible confesión. Aquí yo condenado a muerte estoy”. Así reza una parte de la “Cárcel de Sing Sing”, la canción del gran Alci Acosta, cuyo influjo síquico, para estar a tono con la jerga judicial, es responsable en grado de autoría mediata de una serie de borracheras, devaneos, escándalos y muchos divorcios.

Ese es también el nombre del famoso presidio en el Estado de Nueva York y es, por la dureza de los últimos momentos del recluso que da sentido a la canción, lo que desde muchos sectores se vaticina para el futuro político del expresidente Correa, sentenciado a ocho años de prisión.

Sin embargo, no todo está dicho; y, tal cual el dipsómano que saca fuerzas de flaqueza para acudir a un nuevo disco en la rocola, la vida pública del ahora prófugo aún tiene muchas facetas por delante.  

Si bien el fallo judicial impedirá a Correa ser candidato, la misma decisión judicial será posicionada frente a sus electores no solo como un referente de la persecución política desatada hacia su líder sino también como un aliciente para enfrentar con mayor ímpetu el proceso electoral de 2021.

Independientemente de los juicios de valor que se puedan hacer sobre la década de gobierno de la Revolución Ciudadana, lo que queda claro es que durante ese tiempo fueron cuidadosos a la hora de crear apoyos en diferentes sectores de la sociedad.

A diferencia del PRE de los ochenta y noventa, cuya base estaba focalizada en los grupos pauperizados de las grandes ciudades, los adeptos al expresidente se encuentran diseminados en diferentes estratos socioeconómicos del país.

Por ejemplo, hay mucha clase media, sobre todo profesionales en el sector público, que forman parte del voto leal a Rafael Correa o a quien lo represente. Aunque muchas veces esas preferencias no se revelan públicamente, están ahí.  

En ese espacio del electorado, el del voto cautivo, la sentencia en contra del líder no los debilita, los fortalece.

Desde luego, en otros sectores el hecho de que Correa no esté en la papeleta causa efectos negativos. Esto ocurre fundamentalmente entre el grupo de electores ávidos de volver a disfrutar de las mieles del poder y sus excesos.

No es población convencida de las ideas de la Revolución Ciudadana sino de las prebendas y el manejo abusivo del Estado y sus recursos.

A ellos, la salida momentánea del expresidente de la arena política los conducirá a buscar otras opciones, aquellas con las que puedan volver a beneficiarse de contratos, consultorías y otras vías de expoliación de la caja fiscal.

Este sector de votantes está al vaivén de la correlación de fuerzas políticas y ahora mismo ya habrá dado la espalda a quien juraron devoción durante una década y más.

Es difícil establecer cuánto representan en el padrón electoral pero se los puede reconocer en su discurso: son los que ahora critican con más encono al gobierno altivo y soberano pero que en su momento se desgañitaban en elogios y reverencias al líder y su séquito.

Vistas así las cosas, asumir la debacle del correísmo a consecuencia de la sentencia de días anteriores, luce exagerado. Pierde votos oportunistas la Revolución Ciudadana, sin duda; sin embargo, también puede ganar adeptos entre quienes no encuentran representación en los candidatos de la centro-izquierda y se rehúsan abiertamente a apoyar la candidatura de la alianza CREO-PSC.

Más aún, si la nueva figura que será proclamada como candidata vicepresidencial tiene el carisma, la soltura y el apellido Correa, la imagen de la “cárcel de Sing Sing” que ahora pesa sobre el expresidente puede servir como un dispositivo para potenciar el binomio electoral.

La victimización y la representación del mártir siempre han sido útiles en la vida política del país.  

Pero no todo es esperanza y júbilo luego del fallo judicial que arrincona temporalmente a Correa en su celda solitaria en Bélgica.

Tras la sentencia ya conocida pueden venir otras y allí la gran disyuntiva está en saber si quienes ahora recibieron ocho años de cárcel estarán dispuestos a asumir otras penas similares y mantener incólume su lealtad al líder.

Por ahí, la opción de delatar y salvar los propios huesos empieza a tomar forma. A Jorge Glas y Alexis Mera, el hecho de ser los únicos que afrontarán la cárcel de Sing Sing, versión ecuatoriana, seguramente no les genera demasiada simpatía.

Así, su adscripción al proyecto de la Revolución Ciudadana podría empezar a decrecer en la medida que la Fiscalía abra otros frentes y las cuentas por pagar a la justicia puedan ir en aumento.

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“Minutos nada más me quedan ya para expirar. La silla lista está, la cámara también”. Así, como Alci Acosta retrata a su convicto en apuros, muchos describen la situación del expresidente Correa.

Por el contrario, acá planteo que aún le queda mucho juego político por delante al líder de la Revolución Ciudadana. Ha perdido espacio, sin duda, pero de allí a creer que su voz se ha apagado del todo, hay una distancia.

La década del despilfarro económico tiene sus hijos y ahí hay una base de apoyo que no puede olvidar, y con justas razones, la consecución de un espacio burocrático bien remunerado, una beca de estudio o una obra en un cantón alejado del país.

“Hemos perdido una batalla pero no la guerra”, gritarán a todo pulmón los seguidores del expresidente. Glas y Mera también lo harán, aunque con dudas.

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