En sus Marcas, Listos, Fuego

¿Por qué creen en tantas tonterías?

Felipe Rodríguez Moreno

Felipe Rodríguez Moreno

PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.

Actualizada:

1 Dic 2021 - 19:03

¿Me creería si le digo que neurológicamente usted está programado para creer cualquier invención? ¿Qué pensaría si le digo que su mente es adicta a las ‘fake news’? Hoy escribí una columna necesaria, porque es lo que usted, con desesperación, necesita leer.

Hace treinta años para averiguar cualquier cosa era indispensable caminar hasta una biblioteca y buscar, libro por libro, la información requerida.

Hoy, ese esfuerzo milenario, quedó reducido a 180 caracteres y a tres segundos. ¿Gracias a ello somos una sociedad mejor informada? No. Definitivamente no.

Gracias a la neurociencia sabemos que existe algo llamado ‘sesgo cognitivo’, que altera nuestro juicio.

Si la información es coherente con nuestras creencias y nuestro conocimiento, entonces es más susceptible de ser aceptada.

Por ejemplo, una persona profundamente religiosa prestará atención a la noticia de un milagro en El Cajas, mientras que un ateo sonreirá con sorna y no perderá el tiempo en algo que considera falso.

Los sesgos cognitivos, por la velocidad y superficialidad de los titulares de hoy, donde todo y nada es noticia, no solo consigue que la evidencia carezca de peso en el proceso cognitivo, sino que además permite almacenar en la memoria recuerdos sesgados.

Pongamos un ejemplo. Una noticia dice el político ‘X abusó sexualmente de una niña de 10 años el 12 de diciembre de 2012’. La evidencia demuestra luego que X estuvo en coma entre 2011 y el 2013.

¿La mayoría de la gente creería, entonces, que la noticia es falsa? No. Por sesgo cognitivo se crearían nuevas teorías: o que adulteró su historia clínica, o que la noticia erró en la fecha, etcétera.

¿Por qué? Porque nuestros sesgos quieren hallar culpables, no inocentes. Sobre todo, si se trata de políticos o de delitos sexuales.

Y digamos que creemos en las evidencias y decidimos creerle a X. ¿Permitiríamos que se acerque a nuestras hijas mañana? No, porque existe un recuerdo almacenado que nos sesga nuevamente.

Esto nos ocurre cuando leemos que cualquiera dice: ‘Juez de Babahoyo libera a asesino tras recibir cuantiosa coima’. Usted no sabe si el juez existe, si el asesinato ocurrió, si el acusado fue liberado y si hubo o no coima.

Absolutamente nada le consta, pero como está convencido (sesgo) de que la justicia es corrupta y mucho más en la Costa, hace RT y de una vez insulta sin elegancia alguna a personas reales e imaginarias.

¿Usted es anti-aborto? Entonces cualquier noticia narrada por cualquiera acerca de fetos en latas le resultará creíble.

¿Es usted racista? Entonces cualquier estadística lombrossiana le resultará ciencia pura.

¿Es conspiracionista? Entonces basta con que yo publique que el Covid es un virus creado por las farmacéuticas para vendernos la vacuna, para que usted comparta, volando, la noticia con todos sus amigos.

Todo lo anterior nos arroja al drama de la verdad, pues, una vez que se logra desmentir una noticia, lo único que queda en la cabeza es la mentira.

Es decir, nunca fue más difícil arremeter con la verdad. El tuitero promedio cree lo que quiere creer, sin importar que la verdad resulte más lógica y sensata. ¿Por qué? Porque para alcanzar la verdad debe existir reflexión y, aquí cada noticia brutal es enterrada en segundos por la siguiente noticia brutal, lo que no permite ninguna clase de procesamiento de información.

Y así tenemos a millones de usuarios de redes sociales que perdieron su condición de seres pensantes para convertirse en simples repetidoras. Aquí imperan los negacionistas de la verdad. La niegan, la repudian y la rechazan cuando conflictúa con su sistema de creencias.

Hagámoslo más grave: así se construyen los casos mediáticos de corrupción; así se elabora la imagen que tendrán los enemigos de la sociedad; así se diseñan la inseguridad y la seguridad de los países; así se dibujan los agresores; así se posicionan los héroes de la patria; así se relatan los milagros; así se mueven las masas.

Esto ocurre porque todos creemos saber mucho más de lo que realmente sabemos, pero además, por ese repugnante cáncer de defender con vehemencia conceptos que desconocemos y sustentar con solvencia temas que jamás hemos estudiado.

Sigan mi consejo: a partir de hoy siéntense a reflexionar en cada cosa importante que leen. Poco a poco aquello que sonaba comprensible para sus oídos, se irá convirtiendo en ruido, para terminar con el tenue zumbido de un lejano rebuzno.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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