El Chef de la Política
Cuán machista es su partido…cuán machista es su provincia
Santiago Basabe

Santiago Basabe

Politólogo, docente-investigador de FLACSO Ecuador y analista político. Sus campos de interés son las relaciones entre política y justicia, el funcionamiento de las instituciones democráticas y la representación política de las mujeres en América Latina.

Actualizada:

24 Ene 2021 - 19:02

Todos los candidatos presidenciales se jactan de que sus propuestas apuntan a que las mujeres asuman un rol más activo en la vida política del país. Todos, sin excepción, señalan la importancia de que las distintas arenas de toma de decisión pública se democraticen y que allí la mayor presencia de mujeres es clave.

Sin embargo, cuando se trata de la conformación de las listas de candidatos a asambleístas, el supuesto discurso aperturista con el que pretenden capturar el voto de la ciudadanía se enfrenta con la real visión, machista y excluyente, de prácticamente todas las organizaciones políticas del país.

Aunque existen expresas disposiciones del Código de la Democracia, que intentan reducir las asimetrías entre hombres y mujeres, como la alternancia en las listas, no son suficientes pues de una forma u otra los partidos y movimientos, dirigidos todos por hombres, se dan formas para mantener sus privilegios.

Observar quién es el primer candidato a la Asamblea Nacional es una buena forma de medir cuán machistas son los partidos y movimientos políticos pues, por las razones que vamos a citar, el que encabeza la lista es el que tiene más probabilidades de acceder a la Asamblea.

Por un lado, la magnitud de los distritos electorales en Ecuador es relativamente pequeña (la provincia que más asambleístas selecciona es Los Ríos, con seis curules) y la fórmula electoral que se usará (Webster) al ser proporcional otorga ciertas ventajas a las minorías.

Por otro lado, la competencia electoral entre organizaciones políticas es alta. En las provincias con menor oferta existen al menos diez opciones a disposición del votante y en algunas la oferta llega a veinte listas.

Adicionalmente, el paso de listas abiertas a listas cerradas, beneficioso en la mayoría de los temas de orden electoral, impide que el votante pueda seleccionar al candidato de su agrado (que bien podría ser una mujer colocada en segundo lugar).

En definitiva, todo está dado para que el primer candidato pueda llegar a la Asamblea Nacional y el segundo lo haga solamente en casos excepcionales. Si el primero es hombre, habrá más hombres en la Asamblea.

La siguiente gráfica ubica a los partidos y a los movimientos nacionales en función del porcentaje de mujeres candidatas a asambleístas colocadas en el primer lugar de las listas.

Centro Democrático y el Partido Socialcristiano (con más del 40% de candidatas) aparecen claramente como las agrupaciones electorales más aperturistas y se acercan, ojalá para la siguiente elección, a la paridad.

Ecuatoriano Unido, Democracia SI, Unidad Popular, Izquierda Democrática y SUMA (situados en la franja que va de 30% a 40%) hacen esfuerzos, aún insuficientes, para reducir las asimetrías en la representación política de mujeres.

El resto de organizaciones, que son la mayoría, mantienen inalterados los patrones machistas y excluyentes propios de una sociedad arcaica. Del discurso a la praxis, las diferencias son notorias.

Toque el gráfico o coloque el cursor sobre él para ver las cifras:

No solo las citadas características del sistema electoral ecuatoriano y el machismo al interior de las organizaciones políticas tornan poco probable que la próxima Asamblea Nacional alcance la paridad deseada.

A eso se debe sumar que bien podría darse el caso que las mujeres que encabezan las listas a la legislatura lo hagan en provincias en las que la agrupación política considera que tiene menos opciones de éxito electoral o en las que son de menor importancia política, a juzgar única y exclusivamente por el reducido número de electores y, por tanto, de curules en juego.

Estas conjeturas cobran sustento cuando se observa la siguiente gráfica. Allí se constata que el porcentaje de mujeres que encabezan las listas de candidatas a asambleístas nacionales, el espacio más relevante por el número de votos necesario para acceder al cargo, es apenas el 23,52%.

A su vez, en la única provincia en la que hay más mujeres que hombres en primer lugar de la lista es Pastaza, que coloca solamente dos asambleístas.

Toque el gráfico o coloque el cursor sobre él para ver las cifras:

Sin embargo, la gráfica también nos permite observar que el país no es igual en términos de exclusión hacia las mujeres.

En Galápagos, Los Ríos, Bolívar, Cañar o Manabí 2 (sur) la presencia femenina en el primer lugar de las listas es casi inexistente (10% o menos).

En la orilla opuesta están Pastaza (con las dudas ya planteadas), Pichincha 4 (resto de la provincia), Manabí 1 (norte), Pichincha 2 (centro-sur), Guayas 4, Pichincha 1 (centro-norte), Zamora (con las mismas dudas de Pastaza) y El Oro.

Si se considera que solamente diez de las treinta y cinco circunscripciones electorales tienen 40% o más de mujeres encabezando las listas de asambleístas, el diagnóstico general es lamentable y habla de una sociedad en la que las mujeres aún son discriminadas abiertamente de la vida política electoral.

***

La evidencia empírica expuesta da de bruces a los presidenciables con su discurso falaz sobre su supuesto aperturismo y consideración hacia la participación política de las mujeres.

A la par, los datos sirven para que el votante que cree en la importancia de la representación femenina en la vida pública considere seriamente a quien dar el voto y a quien no.

Naturalmente, esta no es la única consideración que debe primar en la decisión del electorado, pero tampoco es un asunto de menor importancia para el futuro del país.

Si bien es cierto el número de mujeres en la Asamblea Nacional no es suficiente para un empoderamiento efectivo, ese es el punto de partida para la reducción de las vergonzosas asimetrías que afronta el país en este tema. 

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