Panorama Global
Cuba, una mentira repetida mil veces que casi se volvió real
Matías Abad Merchán

Matías Abad Merchán

Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca. Es profesor titular de Estudios Globales en la Universidad del Azuay.

Actualizada:

21 Ago 2021 - 19:04

Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. Esta frase, atribuida al temido ministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels, se mantiene como una poderosa estrategia que utilizan los políticos para influir en la sociedad.

Alrededor de Cuba, por ejemplo, se ha construido un complejo relato de mitos y supuestos que, ante la comunidad internacional, presentan un romántico imaginario sobre cómo es la vida en la isla.

Sin embargo, y para la incomodidad del vasto clan mundial de nostálgicos de ‘los barbudos’ de la Sierra Maestra, es momento de hacer algunas precisiones respecto a la ‘joya de la revolución’: el sistema gratuito de salud.

Es innegable que en los últimos cincuenta años Cuba ha tenido avances significativos en asistencia sanitaria si lo comparamos con el resto de países latinoamericanos. A 2020, la esperanza de vida en Cuba, que llega a los 78,89 años, es la cuarta más alta de la región, luego de Costa Rica, Chile y Puerto Rico. También -aunque cada vez menos- es un destino de especialización para médicos de la región.

Sin embargo, la pandemia y las recientes protestas pusieron en evidencia una verdad que se sabía desde hace varios años: el sistema sanitario está colapsado.

Para empezar, en Cuba existen tres sistemas de salud. El primero, reservado para el turismo de salud, tiene un buen servicio y precios razonables. A este sistema solo acceden los extranjeros y, por supuesto, aquellos reconocidos políticos y celebridades que apoyan a la dictadura cubana. Rafael Correa, Hugo Chávez, Diego Maradona, Gustavo Petro, entre otros, pasaron por estos hospitales.

El segundo sistema está destinado para atender a una pequeña élite cubana. Por supuesto, dependiendo del rango e influencia en el régimen, el servicio médico oscila de excelente a modesto.

Finalmente, está el tercer sistema destinado para el ciudadano común. Un sistema en crisis que entre 2010 y 2018 cerró 64 hospitales (un tercio de la infraestructura total) y redujo en un 10% el total de camas reales.

A esto hay que sumar instalaciones viejas e insalubres, equipamientos obsoletos y medicinas e insumos que escasean. La carencia es tan profunda que, para su estadía, los pacientes deben llevar sus propias sábanas, toallas, almohadas, papel higiénico y alimentos.

En este escenario, el mercado negro y la economía informal se han convertido en uno de los principales proveedores de servicios y medicinas.

Por otra parte, Cuba cuenta con más de 90 mil médicos para una población de 11 millones de personas; es decir, una relación de 9 médicos por cada 1.000 habitantes. La más alta del mundo. No obstante, más de la mitad de los profesionales son parte de la ‘diplomacia médica’ que ejerce el gobierno cubano.

Bajo el eufemismo de ‘misiones médicas’, la isla exporta profesionales de la salud a más de 60 países, generando anualmente alrededor de USD 7.000 mil millones, que representan el 46% de las exportaciones cubanas y el 6% de su PIB.

Sin embargo, el médico cubano solo recibe el 25% de su salario y el restante 75% se va directo a las arcas del régimen.

Paradójicamente, esta intensiva exportación de médicos los ha dejado sin profesionales suficientes para atender a los propios cubanos. Entre 2008 y 2018, el total del personal sanitario disminuyó 22%, las enfermeras, 20% y los técnicos, 58%.

Hoy en día, 6 de cada 10 médicos familiares viven en el extranjero, dejando a las familias cubanas sin el necesario cuidado y la atención sanitaria continua e integral. Debido a los bajos salarios, muchos médicos desempeñan actividades fuera de su profesión o, simplemente, han logrado escapar del país.

Incluso, el negocio de la exportación de médicos ha provocado que se acelere el proceso de formación en detrimento de la calidad.

Las deficiencias en su preparación empiezan a sentirse y a evidenciarse en varios países, pues los médicos no están a la altura del prestigio de los profesionales de las generaciones anteriores.

Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, pero ante la contundencia de las cifras se desmoronan los relatos.

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