Firmas
La Democracia en Ecuador nunca funcionará
Rafael Lugo

Rafael Lugo

Abogado y escritor. Ha publicado varios libros, entre ellos Abraza la Oscuridad, la novela corta Veinte (Alfaguara), AL DENTE, una selección de artículos. La novela 7, además de la selección de artículos Las 50 sombras del Buey y la novela 207.

Actualizada:

9 May - 19:00

Democracia es una palabra que nos gusta mucho, pero que no nos dice nada. O al menos no nos interesa realmente lo que significa y lo que constituye. Algo así como las palabras ‘pueblo’ o ‘libertad’.

Vamos a cumplir 200 años (no falta mucho para 2030) tratando de armar el imposible rompecabezas de la república democrática que hemos querido tener, y no hemos completado ni los filos. 

¿Y por qué no funciona? No es necesariamente porque seamos un país de pendejos. Cierto es que la educación (especialmente la pública) ha sido una granja para criar resentidos sociales, las iglesias conservadores egoístas, las familias protegen – y hasta celebran- a sus ladrones, pero pese a todas nuestras taras, hay conceptos básicos que sí hemos podido entender y aplicar.

¿Qué hemos podido entender y aplicar? Criterios industriales, químicos, matemáticos. Cosas que no dependen de la personalidad, que no dependen de la forma de ser.   

¿Actuamos con democracia en nuestros colegios, familias, cooperativas de taxis, en la administración del edificio, en las chifas, en las veredas o en las canchas deportivas? 

No quiero ser cruel, pero Karl Loewenstein señaló hace más de 40 años que la verdadera democracia significa la “protección de las minorías que defienden opiniones políticas impopulares”. Con esto ya tendremos una pista, mis queridos creacionistas del derecho. 

Para este tratadista la Democracia se compone de la participación política, de los derechos fundamentales, el pluralismo político, el principio mayoritario, la separación orgánica de funciones y la representación política. 

Vamos a ver: 

La participación política son las acciones de los ciudadanos que no están necesariamente involucrados en la política de forma directa, con el propósito de influir en los resultados y esquemas políticos.

Pero acá, básicamente, se cree que ser actor político es salir a insultar en redes sociales al funcionario de turno, sin ofrecer una sola idea o solución distinta. Algo así como el borracho en el estadio que ‘sabe’ cómo debía patear el jugador que falló el gol. 

Para la media del ecuatoriano el derecho fundamental es solo aquello que ‘le parece bien’ o ‘que necesita’.  El derecho solo lo deben tener los que son como yo, como el ‘derecho ancestral’ a destruir el país con actos terroristas porque has sido maltratado por su historia. O, y si la norma es antipática, pues hay que romperla, como los recientes casos de idiotas corruptos que se escaparon de un hotel falsificando documentos ‘porque la cuarentena es fuchi’. 

Para Loewenstein “el pluralismo político es el resultado natural de la libertad del ser humano, ya que en virtud de ella, este puede pensar o expresar su pensamiento por cualquier medio”,  traducido a ecuatoriano esto significa elevar a ídolo o dios al zángano delincuente que le regaló un bono o un contrato, y exigir la ‘libertad’ de defender sus fechorías, como si aplaudir corruptos fuese un acto legítimo de la libertad. 

La separación de poderes, que dispone que las funciones del estado, Legislativa, Judicial y Ejecutiva deben funcionar independientemente es otra receta de locro a la que le ponemos melloco. Saca las manos de la Justicia, mete las manos en la Justicia, llénate de alzamanos, consigue diputados de alquiler, todo esto según la simpatía y la urgencia del momento. 

Y, finalmente, el principio mayoritario que nos manda a tomar decisiones en función de la mayoría, pues la unanimidad es imposible. Y aquí es cuando se cae la casa, donde estaba la mesa donde armábamos el rompecabezas porque, como vimos antes, para ser demócrata primero hay que respetar a las minorías, pero al mismo tiempo debemos tomar decisiones en mayoría, lo que significa que para autodenominarnos demócratas primero deberíamos ser empáticos con el otro, con el diferente, respetuosos y comprensivos de la circunstancia ajena. El último que apague la luz. 

Robert Dahl, el más que qué de la teoría sobre la democracia, (porque yo se que ustedes criticarán a Loewenstein por ser más un constitucionalista que teórico de la democracia), desarrolló criterios incluso más complejos que si los expongo acá, vamos a llorar. 

Sin embargo, sus pensamientos sobre libertad de asociación, expresión, sufragio, eligilibilidad para la cosa pública, pluralismo, elecciones libres, justas e imparciales, en definitiva, lo que Dahl llama poliarquía, nos conduce a la misma conclusión del reputado autor de este texto:

La poliarquía es el gobierno de muchos, que no es lo mismo que el gobierno de todos. Si ya en el discurso populista que tanto nos gusta, no sonará bonito la ausencia de la palabreja ‘todos’, al final será urgente y necesario que esos ‘muchos’ sean empáticos y honestos. Y de esos, hay pocos.

¿Cómo armamos un país demócrata si sus individuos en su gran mayoría no lo son? Si acá el pillo es inteligente y el honesto es tonto, si quien respeta al otro es porque se ahuevó a los puñetes, si quien denuncia al amigo ladrón es traidor, si se vive binariamente con el cerebro tomado por un solo rey de copas o un solo ídolo, o un solo Dios, o una sola ideología, un solo Génesis, y los otros están equivocados o son los malos de la película. ¿Si en lugar de mejorar los argumentos, o transparentar sus acciones, prefiere contratar troles? ¿Si con tal de tener la razón y el control del pequeño espacio que nos rodea somos capaces de cualquier cosa? Acá la pregunta no es ¿cuál fue mi error? sino ¿no sabes quién soy yo?

La democracia funciona con empatía y honestidad. Es una personalidad comunitaria que se vive y que se habita. El ecuatoriano promedio no es empático, ni tampoco honesto. La Democracia exige una calidad humana que no tenemos. Aunque suene feo. 

Ahora, vale aclarar que no estoy proponiendo una dictadura, ni ninguna forma de autocracia. Es precisamente lo que he criticado. Pero, posiblemente, sea el momento de buscar otro modelo.

Noticias relacionadas