Panorama Global
Una oposición sin reacción y sumida aún en el limbo político
Matías Abad Merchán

Matías Abad Merchán

Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca. Es profesor titular de Estudios Globales en la Universidad del Azuay.

Actualizada:

26 Jun 2021 - 19:03

En democracia, la oposición política tiene dos funciones esenciales: poner límites al presidente de turno y plantear una alternativa de gobierno.

Cuando las democracias son maduras, los partidos de oposición no se limitan a criticar o a desestimar las decisiones que vienen desde el Ejecutivo sino que, al mismo tiempo que disienten, proponen caminos distintos para tratar con efectividad las necesidades del país.

Este ejercicio de pluralismo mantiene al poder político en equilibrio, condición indispensable para la convivencia armónica en una república.

Por lo descrito, para la sociedad es saludable tener diversos grupos de oposición que investiguen, debatan y fiscalicen; pero también es imprescindible que propongan y que eduquen como vía para demostrar la validez de sus tesis.

A poco más de un mes del inicio del nuevo gobierno, la configuración de fuerzas políticas, de pesos y contrapesos todavía está en construcción. En la Asamblea, la dispersión de partidos y movimientos solo refuerza la incertidumbre.

Por un lado, la ambigüedad de la Izquierda Democrática y de Pachakutik los lleva a asumir la más incómoda de las posiciones: querer estar con el gobierno y, a la vez, intentar parecer que no.

Algo parecido a lo que ocurre con los socialcristianos, quienes han manifestado que no son gobierno, pero tampoco oposición. Una suerte de limbo político que solo provoca desencanto en la militancia. 

La más incómoda de las posiciones: querer estar con el gobierno y, a la vez, intentar parecer que no.

Con este panorama, por descarte, el correísmo pasaría a ser la única bancada que visiblemente podría levantar la bandera de la oposición.

Sin embargo -quizá por el desconcierto poselectoral- hasta el momento poco o nada hemos visto de posiciones articuladas y convincentes. El discurso correísta se ha reducido a criticar al presidente por quién es y no por lo que hace, condición que solo merma la legitimidad del bloque en el escenario político.

El discurso correísta se ha reducido a criticar al presidente por quién es y no por lo que hace.

Incluso, entre la militancia correísta más ilustrada recorre un mea culpa respecto a que la capacidad de respuesta del bloque se ha limitado a mofarse de un lapsus linguae (11 de cada 10 ecuatorianos no conocen las nuevas tecnologías) o de armar un enredado debate alrededor del uso del avión presidencial.

Nada sustancial.

El presidente Lasso ha podido sortear hábilmente algunos embates desde varios frentes y grupos de presión durante estos primeros días, pero sigue latente el desafío de alcanzar la gobernabilidad necesaria para poner en marcha su plan de gobierno.

De la misma manera, la oposición necesita renovarse, afinar agenda y prepararse para jugar el papel que le toca: ser un contrapeso constructivo que no busque el fracaso del gobierno sino, más bien, demostrar que tiene un proyecto político serio.

La oposición necesita renovarse, afinar agenda y prepararse para jugar el papel que le toca.

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