Columnista invitada
La desigual representación de las mujeres en la política: un problema que nos afecta a todos
Vanessa Carrión

Vanessa Carrión

Es Ph.D. en Economía. Docente-investigadora de la Universidad de las Américas. En sus investigaciones combina sus dos pasiones: la economía y la ciencia política.

Actualizada:

14 Oct 2020 - 19:05

Se acercan las elecciones generales 2021, cuyo resultado será crucial para el futuro del país. En un contexto de crisis económica, Ecuador ha sido fuertemente golpeado por la pandemia del Covid-19.

El día de las elecciones, más allá de las ideologías, es nuestra obligación identificar y votar por aquellos candidatos que -una vez electos- podrían realmente contribuir a la construcción de un país más educado, con mejores servicios de salud, más equitativo, y más tolerante.

Para poder elegir a aquellos candidatos mejor preparados para representarnos es importante dejar atrás los estereotipos que sesgan y limitan nuestra visión de las personas.

En el campo electoral, uno de los estereotipos que todavía subsiste es el de género. A los hombres se los caracteriza como competentes y asertivos. A las mujeres -en cambio- se nos cataloga como emocionales, débiles y sensibles. Estas son cualidades que los votantes tradicionales no asocian con el liderazgo político.

Las candidatas a menudo son evaluadas bajo estándares diferentes a los de los hombres y se las juzga con mayor severidad. En este sentido, los estereotipos de género causan que las candidatas sean vistas como menos aptas que los candidatos para la actividad política.

Se podría argumentar que más allá del género lo importante es que nos representen los mejores, los más preparados.

De este argumento las preguntas que naturalmente nacen son: ¿Se beneficia la sociedad del liderazgo femenino? ¿Debemos insistir en que haya cada vez una representación mayor de mujeres en los cargos de elección popular?

Es fácil contestar estas preguntas pues existe evidencia empírica que demuestra que la inequidad de género no es solo un problema de justicia social sino también de eficiencia.

Varias investigaciones han demostrado el efecto positivo de tener mujeres en posiciones de poder. Las mujeres muestran un compromiso social más fuerte y su estilo de liderazgo es más abierto, puesto que se basa en la empatía y la inclusión.

Tener más mujeres en la legislatura influye en los problemas que se discuten como parte de la agenda nacional y en las estrategias que se diseñan para solucionarlos.

El liderazgo de las mujeres puede generar cambio en políticas públicas estructurales como la licencia parental por maternidad y paternidad y el cuidado infantil. Pueden también contribuir de manera importante con la promulgación de reformas legales beneficiosas para la igualdad de género.

Un mayor número de mujeres en los parlamentos tendría un impacto positivo en la transparencia del gobierno y generaría resultados políticos más inclusivos para toda la población.

El liderazgo femenino se puede convertir en ese impulso que no solo lleva a desarrollarse a la familia como estructura fundamental de la sociedad; sino también la política, los negocios, la cultura y como resultado tendríamos una sociedad más próspera y pacífica.

La respuesta es sí. ¡Necesitamos más, muchas más mujeres en la política!

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