Contrapunto

El dolor de Brahms en sus Cuatro canciones serias

Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

18 Feb 2022 - 19:02

En el catálogo de la música de Johannes Brahms (1833-1897) constan 122 obras y en la penúltima -opus 121- afloran con fuerza la fe que había mantenido escondida, así como el dolor por la muerte de Clara Schumann (1819-1897).

De las cuatro canciones tres son citas del Eclesiastés y la última es la carta de Pablo a los Corintios. Lo relevante de esta historia es que las canciones las escribió el músico alemán a modo de ofrenda fúnebre tras la muerte de Clara.

No vamos a insistir en algo que siempre estuvo latente en la literatura acerca del amor imposible o platónico y de la pasión que vivieron estos dos músicos del período romántico.

La historia sí registra que Johannes no pudo asistir al funeral de Clara y que entró en un estado depresivo que lo llevó a la tumba, un año después del fallecimiento de la pianista.

En julio de 1896, dos meses después de la muerte de Clara a causa de una apoplejía, Brahms envió los cantos a Marie, la hija mayor de Clara y Robert Schumann (1810-1856), otro de los grandes compositores y pianistas alemanes.

Brahms advertía a Marie que “si próximamente le llega un fascículo con unos cantos serios, no entienda mal el envío. Los escribí en las primeras semanas de mayo; medité a menudo sobre palabras parecidas y no pensé que tendría que recibir noticias peores sobre su madre”.

Algunos biógrafos anotan que el músico alemán hizo todo lo posible para llegar al funeral, pero no lo consiguió. Con las canciones -explicaba a Marie- “en lo profundo del hombre hay algo que a veces aflora en forma de poemas o de música”.

Advertía también que “no podrá usted tocar esas canciones (porque) las palabras le resultarían demasiado conmovedoras, pero le ruego que las vea y las conserve literalmente como una ofrenda fúnebre para su querida madre”.

El escritor Emanuel Carrère, en su libro El Reino (Anagrama 2015) califica de sublime a las Cuatro canciones serias y destaca el hecho de que Brahms le puso música para citar lo que en la Biblia se define como el amor ágape.

La palabra ágape, según Carrère es la pesadilla de los traductores del Nuevo Testamento. Una palabra que va más allá y equivale al amor que se da en lugar del que se recibe y que, aparentemente, es el que sentía Brahms por Clara Schumann.

Al músico nacido en Hamburgo, cuando le preguntaban por su religión se declaraba agnóstico, pese a su cercanía familiar con la iglesia luterana.

De hecho, en el Réquiem alemán, una de sus obras más reconocidas, se basó en textos bíblicos. Pero no es, como señalan musicólogos, una misa fúnebre porque prefirió tomar mensajes humanos por sobre la muerte.

De las cuatro canciones la cuarta se refiere a la carta de Pablo a los Corintios:

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que vuelve a tañer. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda la ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.

Las Cuatro canciones serias, sin embargo, y como se cree, no fue la última obra que compuso. En el catálogo figuran Once preludios corales para órgano, que fueran publicados como obra póstuma.

A Brahms se lo definía musicalmente como un romántico ultraconservador que no se dejó llevar por las corrientes de cambios que pregonaban Liszt y Wagner.

No incursionó en la ópera y completó cuatro sinfonías, danzas húngaras, variadas canciones, incluso una de cuna.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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