Contrapunto
Los dos monstruos de la dirección orquestal en Alemania
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

29 May - 19:00

¿Qué tiene que ver la duración de 74 minutos, 33 segundos de un CD con la Novena Sinfonía?

Lo más sencillo sería atribuir a Wilhem Furtwängler (1886-1954) haber sido el mejor director de orquesta alemán de la primera mitad del siglo XX; y asegurar que Herbert von Karajan (1908-1989) lo fue a partir de los años cincuenta del siglo anterior. 

Con eso tendríamos resuelta la discusión sin necesidad de entrar en ningún análisis. Si dijéramos que Furtwängler fue el mejor del mundo estaríamos excluyendo a otro grande de esos mismos tiempos: Arturo Toscanini (1867-1957). Tim Blanning, en su libro El triunfo de la música, destaca “las rutilantes carreras” de Toscanini y Furtwängler en la dirección orquestal del siglo XX.

Habría que recordar también que la dirección orquestal en el siglo anterior adquirió enormes dimensiones a partir de las mejoras en el transporte y en las comunicaciones para viajar por todo el mundo interpretando las partituras de los compositores, anota Blanning. En épocas anteriores los mismos músicos escribían sus obras y dirigían a su orquesta. 

Con el mismo ejemplo Toscanini-Furtwängler, tampoco podríamos asegurar que Karajan fue el mejor de la segunda mitad de ese siglo, porque sería injusto para Mehta, Bernstein, Abbado, Muti, Osawa, Barenboim, etcétera.

Por eso es preferible hablar solamente de dos grandes maestros -Furtwängler y Karajan- que interpretaron la música de los compositores alemanes. La historia los hizo coincidir, pese a que el primero nació 22 años antes.

La otra premisa con respecto a estos dos maestros es que, según la crítica, ambos fueron los más grandes intérpretes de la obra de Beethoven y que los dos, en algún momento de sus vidas, algo tuvieron que ver o fueron salpicados por el fascismo de Hitler.

Cuando el partido Nazi llegó al poder, en 1933, Furtwängler tenía 47 años; Karajan, nacido en Salzburgo, había cumplido 25. A este último se le atribuía una militancia activa en las juventudes nazis, mientras que el otro no quería saber nada de Hitler, al menos durante un buen tiempo. 

Lo que fuera considerado una provocación ocurrió cuando Furtwängler dirigió una obra de Mendelssohn, alemán de ascendencia judía. Algo similar, pero al revés, le tocaría vivir en este siglo a Daniel Barenboim al atreverse a tocar una obertura de Wagner durante un concierto en Israel, del que muchos asistentes se retiraron.

Una anécdota asegura que Furtwängler se limpió su mano derecha después de saludar con Goebbels. También -anotan los historiadores- el músico nunca fue molestado por los nazis, lo cual no es tan cierto  porque no se dejó imponer el repertorio de Hitler mientras dirigió a la Filarmónica de Berlín.

En 1922 Furtwängler fue nombrado director titular, pero fue destituido en 1934 durante la euforia nacionalsocialista. Después de la Segunda Guerra Mundial y tras una investigación por su posible vinculación a los nazis, recuperó la titularidad en 1947, tras finalizar las investigaciones por el supuesto apoyo al nazismo. 

La Filarmónica de Berlín se constituyó en una coincidencia entre los dos directores. En 1952, dos años antes de su muerte, Furtwängler se convirtió en director vitalicio y tras su muerte fue reemplazado por Karajan, quien dirigió a la orquesta durante 34 años, tiempo durante el cual ésta alcanzó su mayor prestigio.

Una cualidad que se notó mucho más cuando se inventaron las grabaciones magnetofónicas, que Karajan aprovechó para llegar a todo el mundo; y lo hacía con enorme devoción por lo perfecto, repetía hasta tres veces una sinfonía de Brahms o de Beethoven, de acuerdo con una entrevista de la Deutsche Welle a James Oestreich, editor de música del New York Times.

A este invento se sumaría posteriormente la aparición de los discos compactos (CD) que, de acuerdo con la idea de la Sony, debían durar una hora pero, posiblemente, en las negociaciones con la Philips para definir un formato común surgió la idea de que duraran 74 minutos con 33 segundos, el tiempo que toma la Novena Sinfonía de Beethoven.

No hay actas ni fotos sobre ese supuesto acuerdo, pero los investigadores coinciden que esa fue la razón y que el tiempo de duración se definió con base en una grabación magnetofónica de la sinfonía dirigida por Furtwängler, que se acompaña en este link, y que dura 74 minutos y 40 segundos. En otras versiones y con el mismo director hay variaciones de entre 3 y 7 segundos.

Novena Sinfonía, opus 125 de Ludwig van Beethoven, dirigida por Wilhem Furtwängler:

Nota del Autor: Este artículo se escribió con el aporte de varios lectores de PRIMICIAS que sugirieron el tema y contribuyeron con información. A todos ellos les agradecemos por sus valiosos criterios.

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