Con Criterio Liberal
Un Ecuador mucho más aburrido por el camino de la prosperidad
Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

3 May 2021 - 19:50

Tras decenas de artículos a favor y en contra, tras una campaña de la ultra izquierda internacional, tras dos intentos en la Asamblea se ha aprobado la llamada ‘Ley en defensa de la dolarización’.

Lo que ha pasado bastante inadvertido, sin apenas pena ni gloria tras las elecciones de abril. Y quizá esto sea la mejor noticia posible. El que se apruebe y el que haya sido sin apenas polémica.

En el último mes en Ecuador han ocurrido bastantes no-noticias que nos hacen la idea de un cambio institucional a nivel nacional:

  • Que el CNE presente los resultados la misma noche electoral, y el reconocimiento inmediato de la derrota por parte del candidato Andrés Arauz.
  • El Presidente electo Guillermo Lasso ha respetado la sentencia del Tribunal Constitucional, a pesar de atentar contra sus convicciones más íntimas.
  • Un proceso de transición de gobierno técnico y colaborativo.

Esto es institucionalidad. Uno de los conceptos más complejos en economía pero más importantes para el desarrollo de una sociedad. La aceptación de unos comportamientos que son las reglas del juego donde nos coordinamos para poder prosperar.

Y lo que estamos viviendo en Ecuador es la construcción de la institucionalidad, algo que ocurre con actos particulares que, con el tiempo, se convierten en normales.

En realidad esta construcción es bastante anodina, genera pocos titulares y poca indignación, pues es simplemente el funcionamiento normal de una democracia institucional.

Eso no quiere decir que se solucionen todos los problemas, tan solo quiere decir que se abordan por los cauces pacíficos aceptados por todos; las elecciones, o el funcionamiento para sus funciones atribuidas a las instituciones.

La ‘Ley de defensa de la dolarización’ es un buen ejemplo. Lo único que garantiza es que el Banco Central se manejará de manera independiente y técnica y que habrá una contabilidad más transparente con los cuatro balances y una separación del poder político.

Bajo esta ley es muy improbable que el Banco Central sea el centro de grandes polémicas pues, posiblemente, se convertirá en una institución de técnicos (que tienden a ser gente aburrida como el tópico se imagina a un banquero o un contable), sin ningún papel político y que servirá de garantía al sistema financiero otorgando transparencia y confianza.

Puede parecer algo poco interesante y los aspirantes a políticos o “salvadores del Ecuador” ya no querrán tener plaza allí desde su más tierna edad profesional. Pero es una de las piezas claves para atraer inversión y prosperidad.

Para que este proceso se consolide, lo que se requiere es que no vuelva a ser noticia lo que debería ser normal, pues todos los ciudadanos ya lo dan por asumido.

Que en el próximo proceso electoral el CNE no esté en entredicho y ofrezca los resultados con transparencia y diligencia.

Que los derrotados reconozcan los resultados en la misma noche electoral (y que luego no llamen a la ‘resistencia en las calles’ como hizo Arauz a la semana de perder), y que el Banco Central sea tan solo un organismo que se gane una merecida fama de aburrido.

 El bendito aburrimiento que da la institucionalidad es lo que nos permitirá prosperar.

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