Las Frases que Hicieron Historia

‘Ecuador: drama y paradoja’

Enrique Ayala Mora

Enrique Ayala Mora

Doctor en Historia de la Universidad de Oxford y en Educación de la PUCE. Rector fundador y ahora profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador. Presidente del Colegio de América sede Latinoamericana.

Actualizada:

2 Jul 2022 - 19:00

Leopoldo Benites Vinueza

No pudo haber hallado frase más adecuada para definir al país que aquella que usó Leopoldo Benites Vinueza como título de su libro de historia nacional: ‘Ecuador: drama y paradoja’. Porque ese ha sido el signo de nuestra trayectoria como país.

Cuando estaba en ebullición la ‘Gloriosa’ del 28 de mayo de 1944, el joven escritor Leopoldo Benites era diputado socialista, en la Asamblea Constituyente.

El Fondo de Cultura Económica le pidió que escribiera una breve historia del Ecuador y él produjo ese libro, que se publicó en México en 1946.

No era historiador, pero escribió un ensayo de interpretación general de nuestra historia nacional como “una biografía del pueblo ecuatoriano”.

Su libro logró gran calidad estética y se constituyó en una obra de transición que en muchos sentidos era continuidad de la trayectoria historiográfica de Ecuador y, en otros, era una ruptura y un salto adelante.

Por una parte, el libro fue una continuidad de una tradición de ensayos y de aproximaciones biográficas del pasado, por otra parte, buscó a un nuevo protagonista, el pueblo, para ponerlo al centro de la vida de Ecuador. Y lo hizo adoptando las nuevas formas dialécticas que le permitían ofrecer a los lectores un renovado panorama de nuestra realidad.

Benites vio en su obra al pasado de Ecuador desde la tragedia y la riqueza de sus contradicciones, con los ejes de su identidad: territorio, diversidad étnica, lucha de clases, gestación de una cultura, enfrentamiento y complementariedad regional. Todo esto en un escenario en que el esfuerzo estético es central.

Cuando le pregunté por qué estableció los períodos históricos con criterio artístico, además de lógico, me dijo:

-Será porque en el fondo no soy otra cosa que poeta.

Benitez Vinueza se dedicó a la diplomacia y llegó a presidir la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Pero no se lo recuerda solo por su lúcida y larga carrera internacionalista, sino por una profunda, aunque limitada vocación de escritor, cuya contribución a la historia de Ecuador es innegable.

Tuvo una producción reducida: una secuencia de columnas periodísticas y unos pocos libros, entre los que se destaca ‘Argonautas de la selva’.

En una sola obra, Benites logró dar un giro no solo a la historiografía, sino al desarrollo mismo de la identidad ecuatoriana, cuando publicó ‘Ecuador: drama y paradoja’ e imprimió así una lúcida imagen de la patria, que ahora es parte del patrimonio nacional.

Benites no fue nunca del todo consciente de la importancia cultural y científica de su obra temprana.

Llegó a “presidente de la asamblea del mundo”, pero en su juventud militante se atrevió a desafiar el poder ideológico prevaleciente y a escribir un libro que, en vez de exaltar las vidas de los notables, de los generales, de los prelados y los banqueros, esbozó la primera biografía del pueblo ecuatoriano, con sus dramas y sus paradojas.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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