El Chef de la Política
Elecciones legislativas en segunda vuelta
Santiago Basabe

Santiago Basabe

Politólogo, investigador de FLACSO Ecuador, analista político y Director de la Asociación Ecuatoriana de Ciencia Política (Aecip).

Actualizada:

31 Oct 2021 - 19:05

De Febres Cordero a Gutiérrez, pasando por Moreno y Lasso, y con la sola exclusión de Correa, un rasgo esencial de la política ecuatoriana ha sido la difícil relación de los presidentes frente a las legislaturas.

Dado un escenario de muchas organizaciones políticas y permanentes cambios en las reglas electorales, un resultado ‘natural’ ha sido que los presidentes lleguen al gobierno con una agenda de trabajo que difícilmente se puede llevar a cabo porque las bancadas oficialistas son pequeñas.

Frente a esa realidad las opciones no son muchas: gobernar vía decreto, en lo que se puede, o buscar alianzas legislativas que en la inmensa mayoría de los casos son depredadoras. Mi voto a cambio de un hospital, mi voto a cambio de una subsecretaría, mi voto a cambio de una dirección provincial o regional.

Si el voto implicaría solamente ocupar un espacio de injerencia política el problema en realidad sería menor. Lo grave es que el hospital, la subsecretaría o la dirección son el medio para generar corrupción. Sin mayores excepciones, así se pueden describir los intercambios entre presidentes y legisladores.  

En dicho escenario, un mecanismo que podría mejorar la representación legislativa del Presidente y otorgar cierta viabilidad a sus ofertas de campaña, a la par reducir en algún modo el secuestro que sufren los Jefes de Estado cuando deben conseguir votos en la Asamblea Nacional, es la celebración de elecciones legislativas en segunda vuelta.

Esta reforma en el calendario electoral podría producir, aunque no necesariamente, algunos efectos.

En primer lugar, el elector tendría incentivos para entregar su voto a alguna de las dos organizaciones políticas que respaldan las candidaturas finalistas a la Presidencia más que a otras opciones electorales. 

Si mi deseo es que la candidata X llegue a la Presidencia puedo apoyar a todo el “equipo” que viene con ella.

Desde luego, esto no deja de lado la opción de que las organizaciones políticas que no llegaron a segunda vuelta se presenten como las opositoras de los dos finalistas y bajo ese discurso generen adhesiones electorales. Siempre ese escenario estará presente, pero quizás sea menos probable. 

Como consecuencia de lo mencionado, las elecciones legislativas en segunda vuelta también podrían favorecer las alianzas entre las diversas organizaciones políticas de cara a acrecentar sus opciones de ocupar espacios en la Asamblea Nacional.

Desde luego, este hecho sería más viable entre aquellas organizaciones sin mayor fuerza electoral y que, por tanto, tienen pocas posibilidades de llegar con candidaturas presidenciales finalistas.

En este aspecto, una reforma como la planteada fomentaría la reducción del número de listas que compiten por espacios en la legislatura.

Adicionalmente, elecciones legislativas en segunda vuelta podría desincentivar la presentación de candidaturas presidenciales sin ninguna posibilidad real de ganar y que, ahora mismo, se proponen solamente con el fin de supuestamente posicionar mejor a los candidatos de la organización política a la Asamblea Nacional.

Por tanto, los posibles beneficios de la reforma también contribuirían a mejorar la competencia electoral vía disminución del número de candidaturas presidenciales. 

Naturalmente, la elección legislativa en segunda vuelta es una medida útil, pero no es la panacea a los problemas político-institucionales que afronta el país. Para ello se requeriría una reforma integral al Código de la Democracia que inicie con el replanteamiento del número de organizaciones políticas.

Sin embargo, como eso no va a suceder, al menos esta alternativa podría llegar a ser discutida entre las principales fuerzas políticas pues todas se verían beneficiadas.

Gobernar el país bajo las circunstancias actuales no es viable y el entrampamiento en la relación ejecutivo-legislativo afectará inevitablemente a cualquier futuro presidente, provenga de la organización política que provenga.

Ya ha sucedido en más de tres décadas de historia democrática reciente y no hay mayores argumentos para creer que esto no seguirá así. Incluso la Revolución Ciudadana debería mirar con buenos ojos esta propuesta, pues una coyuntura política como la que se verificó en la mayor parte de los gobiernos del expresidente Correa difícilmente volverá a repetirse.

Dicho sea de paso, si el Jefe de Estado es escogido en una sola vuelta, la fecha para la elección legislativa igualmente sería ‘a posteriori’, con lo que los efectos de la reforma planteada no se alterarían en mayor medida. 

*** 

Mientras el país no llegue a un acuerdo tan básico como el de cambiar el calendario electoral para la conformación de la Asamblea Nacional, los repartos seguirán al orden del día, el bloqueo será parte de la cotidianeidad y los presidentes continuarán atrapados ante legislaturas fragmentadas en las que sus bancadas serán débiles.

Así, con esta forma de organizar la política, ninguna reforma económica será sostenible en el tiempo y tampoco la institucionalidad del país podrá fortalecerse.

Tal cual están las cosas, seguimos fomentando el chantaje y el intercambio de hospitales, subsecretarías o direcciones provinciales por votos. A los presidentes les toca entre esa opción o el inmovilismo. Esa es la realidad.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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