De la Vida Real
Enganchada por las series
Valentina Febres Cordero

Valentina Febres Cordero

Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido. 

Actualizada:

16 Feb - 19:00

Algunas veces llegan al azar. Otras son buscadas por horas y, otras, recomendadas.

Yo no he sido muy televidente. Creo que me he convencido de que ver tele es una pérdida de tiempo. Cuando estoy frente a la pantalla por lo general hago cualquier otra cosa que justifique no estar haciendo nada. Así sí no siento que no hago nada.

Hace unos cinco años vi mi primera serie y con ella fui descubriendo factores psicológicos míos que no tenía idea de que existían. Se llamaba Dexter y era sobre un asesino que mataba a los malos. Con esa serie entendí que tengo una personalidad obsesiva y adictiva.

No podía parar de ver capítulo tras capítulo de Dexter. Mientras sentía una fuerte empatía con el asesino bueno, doblaba ropa, hacía collares de hilo y hasta aprendí la puntada básica para tejer crochet. 

Me di cuenta de que soy perseverante. En la séptima temporada me empecé a aburrir un poco de Dexter y todo su drama, pero dije “tengo que aguantar y llegar hasta el final”. Tanto tiempo invertido no era como para botarlo así tan fácil. Esta persistencia y constancia me llevaron a ver el último capítulo, el cual justificó todo mi tiempo invertido.

Luego vino Narcos, pero esta serie ya no la vi sola. Me tocó compartirla con mi marido, y eso no me gustó tanto. Lo rico de las series es verlas a la hora que una pueda, inventarse excusas para encerrarse en el baño con la Tablet e invertir la mayor cantidad de tiempo en un capítulo sin que nadie se dé cuenta.

Esperar a que se duerman todos, incluyendo mi esposo, para quedarme viendo la serie tranquila. Pero cuando comparto series, me toca respetar la norma de un capítulo por noche: uno solo. Le ruego a mi marido que, por favor, veamos un capítulo más, solo unito más. Pero él, como es disciplinado, me dice “¿cuál es la razón por la que hay que acabarse la serie en una noche?”

La semana pasada vimos Educación Sexual. La primera temporada ya me causó ansiedad de ver un capitulo diario y esperar casi un año para que salga la segunda temporada. Cuánto amaré a mi marido,  que no me atrevo a ver un solo capítulo sin él. ¡Pero me dan unas ganas!

Igual fue con El Cartel de los Sapos. Como teníamos que ver sólo un capítulo por noche, corrí a comprar el libro para saber rápido el desenlace.

Lo mismo me pasó con Escobar: leí el libro que escribió su supuesta amante. Imagínese si decidíamos ver Bolívar juntos. Ya me hubiera leído más de tres biografías (la de Manuelita incluida), y seguiríamos en el segundo capítulo.  

Pero cuando puedo ver una serie sola, me obsesiono. No sé qué tienen algunas series que me causan esta pasión. Por ejemplo, de Merlí me vi en 15 días las tres temporadas. Me dieron ganas de estudiar filosofía o, al menos, de regresar al colegio.

Las series hacen eso en mí: quiero vivir lo que estoy viendo.

Valentina Febres Cordero

Con Dexter me volví detective y paranoica. Hasta ahora me da terror entrar al auto y ser ahorcada. Reconozco que cuando vi Educación Sexual, me arrepentí de no haber estudiado sexología, aunque era algo que jamás se me había ocurrido antes.

Y ahora que terminé de ver Atypical, sueño con ser la mamá perfecta, humana y arriesgada igual que Elsa, uno de sus personajes.  

En la primera temporada de You moría por ser como Beck y hasta me compré una cartera café igualita a la que usaba ella, pero en la segunda temporada me aburrió. Me pareció una mala copia de Dexter.

Hay series que no me llegaron al alma, por más que estuvieron de moda.

Traté de ver la de Luis Miguel, y no me enganché. También hice un esfuerzo supremo por ver La Casa de Papel y nada. Me recomendaron ver La Casa de Las Flores, y aquí estoy absolutamente obsesionada, dudando de todo lo que ocurre a mi alrededor.

Mientras veo, decidí hacer yoga para invertir mi tiempo en algo positivo. No me puedo ni mover. La posición de loto descolocó mi tobillo. Estoy patoja, doblando ropa y buscando de reojo en Google sobre el cultivo del cannabis, y empezar como lo hizo Virginia de la Mora.

Siempre es bueno tener un nuevo negocio en mente. Creo que mi siguiente serie será Weeds, aunque no sé si terminaré, como Nancy, enganchada y vendiendo marihuana…

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