De la Vida Real
Entre gambetas y penales, no soporto más el fútbol
Valentina Febres Cordero

Valentina Febres Cordero

Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido. 

Actualizada:

1 Mar 2020 - 19:00

De verdad, no es exageración. No soporto el fútbol. No entiendo nada.

Hace un año, no teníamos tele en el cuarto. Moría por ver mis programas favoritos acostada en mi cama: series, películas, noticias. 

Mi esposo me advirtió que los guaguas se la iban a pasar clavados en nuestro cuarto, que ni se me ocurra poner una. Pero como la necesidad es una de mis virtudes, me compré una tele gigante. Bueno, en la tienda se veía más grande de lo que se ve colocada en la pared.

La saqué a 18 meses sin intereses. Se supone que en abril la acabo de pagar. Los primeros días, las reglas estaban claras: nada de ver programas infantiles, no comer en el cuarto y solo ver partidos de la selección.

Las reglas se rompieron solas. Mi cuarto está invadido. La tele solo se prende para ver fútbol. Cada vez que reclamo, mi marido me dice, “te advertí”, tal cual como un director técnico advierte a un jugador con sacarlo de la cancha, y yo me quedo sin estrategia.

No resisto. No tolero. Me supera verle a él y a mi hijo de nueve años acostados en la cama con ínfulas de comentaristas técnicos expertos criticando a las estrellas del fútbol. Gritan, sufren, lloran, se consuelan, hablan como si ellos fueran los mejores jugadores del mundo. Par de panzones es lo que son… Qué salgan y jueguen ellos, pienso. Pero evito decirlo en voz alta para no causar resentimientos. 

Se saben todos los horarios de cualquier partido. No importa si es nacional, internacional, local o barrial. Se saben la historia de cada jugador y se la pasan viendo documentales. Según ellos, gracias al fútbol tienen tan amplia cultura general.

No exagero. Se repiten partidos viejos. Con una gambeta logro distinguir a Pelé, a Maradona o a Alex Aguinaga. Y este par grita como si fuera un partido en vivo y directo. 

Mientras oían noticias de fútbol el otro día, comentaban como gran novedad que en Ecuador ya hay bar para algunos partidos. De verdad, no podía creer que eso fuera noticia. Siempre han existido bares en todos los estadios donde se compra desde cerveza hasta las empanadas de morocho y las salchipapas.

Pero no, esto era algo increíble. Tenía mil cámaras con una tecnología nunca antes vista. Comenté que es la noticia más estúpida que existe. Padre e hijos no podían parar de reír. Yo, tan indignada como un futbolista que no cobró penal, les mandé a podar el jardín para que hagan algo de ejercicio, armen una cancha de verdad y se dejen de tanta vagancia.

Entré a Google y me di cuenta de que se trataba este asunto del VAR. Me sentí picada.  

 Me están volviendo loca. La tele solo sirve para que padre e hijo vean fútbol. Pero como si les quedara corto el fanatismo, se ponen a oír todo tipo de comentarios, argentinos, ecuatorianos, españoles, ingleses e irlandeses. No importa de qué nacionalidad sean, con tal de que se relacionen con el balompié. 

–Pá, ¿puedes creer que el primer caso del coronavirus en Italia es de un jugador de la serie C?

–Qué terrible, Pacaí. Así leí. 

Me empalaga la voz de los que hablan, de los que locutan, los que gritan “¡gooooooooooooooool!” Confieso que no haberle hecho caso a mi esposo y haber comprado la tele fue el peor autogol de la historia.

Lo más grave de todo este asunto es que no se quedan en la televisión, sino que también van a la radio. 

Le oyen a un tal Baldeón que habla desde de engaños matrimoniales hasta de la historia de los mundiales. Aunque tengo que confesar que algo de cariño les tengo a los de esa emisora de tanto oírlos contar con acento local anécdotas privadas y cantos desalineados. 

Con esto, estoy aprendiendo que hay partidos que se juegan en 90 minutos. A unos se les añade tiempo suplementario de 30 minutos. Si hay empate, van a penales. Y otros se acaban al son de un carajazo. Todo depende de la predisposición de la directora técnica del hogar y de sus suplentes. 

–Amalia, ¿dónde está tu papá?

–Viendo fútbol con el Pacaí.

Me convierto en árbitro con roja en mano persiguiendo al jugador agresor. Ella me hace barra, mientras les expulso al par de su cancha. Se van del cuarto y se apaga la tele. 

–Pero, mi vida, a las 12:00 AM comienza el partido del Aucas con el Nacional.

–Sí, má, no seas así, que a las 3:00 PM comienza la Liga Española.

–Expulsados, dije.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores pero no la posición del medio.

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