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El espejo mexicano

Pablo Cuvi

Pablo Cuvi

Pablo Cuvi es escritor, editor, sociólogo y periodista. Ha publicado numerosos libros sobre historia, política, arte, viajes, literatura y otros temas.

Actualizada:

18 Feb 2022 - 19:04

Desde la época de la Revolución, México ha sido como un hermano mayor de América Latina para lo bueno y para lo malo. No Argentina, no Nueva York o España, sino ese México tan mestizo como nosotros, con su música ranchera, su cine en blanco y negro y sus tortillas de maíz picantes.

Un país que se mueve entre lo grandioso y lo guachafo, entre Juan Rulfo y el Chavo del Ocho, entre el muralismo revolucionario (degradado acá al peor panfleto) y un líder populista que da asilo a prófugos de la justicia ecuatoriana.

Pero lo más grave ahora es la expansión de los carteles de la droga, su intromisión en la política, en la justicia, en la policía y los circuitos financieros. Toda una cultura del terror que se exhibe en la guerra al interior de la Penitenciaría y repite la costumbre macabra de colgar cadáveres de los puentes.

Esto que empieza a asfixiarnos, México lo ha vivido desde hace muchos años y se ha expresado, por ejemplo, en el cinismo de los narcocorridos y esas series de televisión que banalizan el tema, poblándolo de clichés. Pero también han surgido novelas de gran calidad.

Una de ellas obtuvo el premio Alfaguara 2020. Me refiero a ‘Salvar el fuego’, de Guillermo Arriaga, el famoso guionista de ‘Amores perros’, ‘21 gramos’ y ‘Babel, maestro de la creación de personajes, que la emprende aquí con una historia de amor salvaje entre una coreógrafa niña bien, casada, con hijos, y un criminal sentenciado.

Nada de corazoncitos de San Valentín ni de panfleto social: literatura pura y dura que narra con distintos lenguajes una pasión que rompe todos los frenos sociales y sexuales, desnudando a la elite cultural mexicana y a los esperpentos del narco, mientras recrea la lucha de crueldad ilimitada en las cárceles y en la calle.

¿Se extrae placer estético de la lectura de este universo degradado y violento? Sí, claro, así funciona el arte. Pero también muestra lo que nos espera, aunque un tipo como Guillermo Arriaga no tenga la menor intención didáctica en sus libros ni en sus películas.

Y tampoco divida entre buenos o malos pues el arte de verdad, tal como la realpolitik, no se ocupa de la moral sino de las contradicciones de la vida. Punto.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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