De la Vida Real

Explorar el significado de la maternidad mientras hago deberes en el piso

Valentina Febres Cordero

Valentina Febres Cordero

Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido. 

Actualizada:

27 Feb 2022 - 19:00

El domingo por la noche, estaba en el suelo de la sala viendo un tutorial en YouTube de cómo hacer fundas de regalo con cartulina.

Diez minutos antes, mis hijos mellizos, que están en el mismo grado, pero en distinto paralelo, me dijeron que debían llevar para una actividad del colegio un pastel, un jugo y una caja de regalo. Entré en pánico. 

Estresada, pensé: “El pastel y el jugo los paso comprando por la panadería que queda camino a la escuela. Asunto resuelto”. Lo que no supe resolver era dónde podía comprar, a esa hora, una caja de regalo. 

En YouTube puse: “Hacer cajas para pasteles”, y el tutorial estaba complicadísimo. Había que medir centímetros, cortar las esquinas, pegar por partes. Imposible para mí.

Entonces escribí: “Cómo hacer fundas de regalo de manera práctica y fácil”. Encontré un video y seguí las instrucciones al pie de la letra, y mágicamente la cartulina tomó forma. 

Me sentí orgullosísima y llegó una ráfaga de recuerdo de mi mamá. ¿Cómo habrá solucionado los problemas de deberes en un domingo por la noche? Ella sí es hábil con las manos, pero no la veo haciendo fundas de regalo. ¿Cómo se ingeniaban nuestras mamás sin YouTube? 

Tengo tan integrado el ser madre, que me he olvidado que también fui hija y tuve una mamá que jamás me mandó sin un deber a la escuela. Hacíamos maquetas juntas, y me acuerdo sentir que jugábamos mientras creábamos la tarea de Ciencias Naturales.

¿Cómo sabía mi má el modus operandi de conseguir que un volcán de papel maché hiciera erupción si no teníamos Internet? 

Me acuerdo que me enseñó a buscar en la enciclopedia Salvat. Yo lloraba porque no entendía cómo se encontraba lo que buscaba, y mi mamá con una paciencia única me mostraba el índice, me ponía el dedo junto al título y me llevaba hasta la página indicada.

Me hacía leer y luego ella me leía para hacer el resumen a mano. Yo abro Google, buscamos el resultado más conveniente e imprimimos a color y con foto.

No nací con habilidades manuales, y mi mamá me enseñó a calcar poniendo el dibujo sobre la ventana. Pegaba con cinta scotch, me tomaba de la mano y juntas trazábamos las líneas, y el mapa de Ecuador con sus regiones quedaba perfecto. 

Cuando había que pegar algo y no teníamos goma, hacíamos engrudo. Nunca se complicó ni se estresó, ni salió corriendo como loca a la papelería. Cosa habitual en mí.

Nunca se complicó ni se estresó, ni salió corriendo como loca a la papelería, como yo.

Si los uniformes no estaban secos, me pedía que los pusiera atrás de la refrigeradora, y al día siguiente tenía el uniforme listo. Mis hijos jamás sabrán este truco. Tenemos secadora de ropa, y la refri no tiene rejillas atrás.

La lonchera nunca fue un lío. Nos mandaba lo que había en la casa. Tostado con chochos, huevo duro, fruta, sándwiches con mermelada, y como gran banquete hacía canguil, lo ponía en una funda y la cerraba con un fósforo. La magia de las fundas Ziploc la conocí cuando me casé. 

Mientras pegaba con silicona caliente los bordes de la funda de regalo, me acordé de que mi mamá nunca se aturdió por las cosas simples y mucho menos por las complicadas; si una media estaba rota, la ponía en un foco y la cosía. Hasta ahora no entiendo la lógica.

Me acabo de dar cuenta que jamás he cosido una media. Tengo tantas impares, que me resulta más fácil comprar otro par.

Qué ganas de ser como ella; así, simple, práctica. 

Me crie con ella, la amo desde lo más profundo de mi ser, y a nadie admiro tanto como la admiro a ella. Pero no soy como ella. ¿Por qué, si soy su hija y ella me enseñó con sabiduría?

Me olvidé de ser hija y me convertí en una mamá estresada, en una mamá complicada, en una mamá que, si no tiene Internet, no sirve para nada. 

Mi mamá todo hace con calma, mientras yo vuelo a 500 kilómetros por hora. Creo que ahora entiendo, luego de 11 años de ser mamá, que la verdadera sabiduría de la maternidad es acordarse de ser hija y ver cómo las madres resolvían los problemas sin tanta pendejada que nos impone la modernidad.

La verdadera sabiduría de la maternidad es acordarse de ser hija.

Mi mamá en las tardes tejía croché. Se guiaba con los patrones de una revista que iba rayando con un marcador. Pero si mi ñaño o yo le pedíamos ayuda, dejaba su tejido sin quejarse. Solo iba hacia nosotros a ver qué necesitábamos.

Estaba en el suelo con las cartulinas cortadas y la silicona caliente y pensé: “Total a cada uno le tocó la mamá que le tocó, con su propio estilo”.

Gracias, má.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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