Columnista Invitada
Falsos dólares electrónicos: La deformación de la Renta Básica Universal
Andrea Bonilla Bolaños

Andrea Bonilla Bolaños

Profesora-investigadora del Departamento de Economía Cuantitativa de la Escuela Politécnica Nacional. Doctora en Economía. Investiga sobre integración regional y política macroeconómica.

Actualizada:

7 Ene 2021 - 19:00

Durante los últimos meses hemos presenciado un debate acalorado en torno a un concepto mal entendido: la Renta Básica Universal (RBU).

En estricto sentido, la RBU es un monto de dinero que se entrega de forma periódica y sin condiciones a todas las personas residentes de una comunidad para garantizar su subsistencia. Es decir, la RBU es universal, individual, suficiente e incondicional

Esta noción teórica de la RBU dista mucho de la reciente propuesta presentada a debate en Ecuador.

Por ejemplo, el carácter incondicional de la RBU implica, entre otras cosas, que quien la percibe puede decidir libremente entre ahorrarla o gastarla de la forma en que desee: comprando los bienes y servicios que apetezca, a proveedores de su elección.

Además, el perceptor de una RBU puede optar por trabajar y acumular la RBU a cualquier otro ingreso percibido, como el salario o dejar de trabajar. Incluso, el perceptor de una RBU podría regalarla, sin que ninguna de estas decisiones le signifique la pérdida de su derecho incondicional de recibirla.

Por el contrario, la propuesta presentada a debate en Ecuador habla de un monto que no puede ser ahorrado y que si no se gasta desaparece a fin de mes, y de gastos exclusivos en ciertos rubros preasignados.

Lo más grave no es siquiera la errada concepción teórica de la propuesta. Lo que se plantea es financiar la falsa RBU con emisión de dinero electrónico, sin respaldo. Esto, para una economía formalmente dolarizada es, sin lugar a duda, osado, insensato; y, ante todo, peligroso.

Es decir, la propuesta pretende crear un sistema monetario paralelo, exclusivo para el financiamiento de una RBU deformada, que le otorga al Banco Central del Ecuador la potestad de emitir una moneda paralela no convertible a dólares tangibles (que probablemente llamarán dólares electrónicos, para no perder la costumbre de usufructuar nombres y deformar conceptos). 

Se ha calificado a la propuesta de “peligrosa para la dolarización”. Sí, es acertado: dos monedas circularían paralelamente en Ecuador (dólares de la Reserva Federal de Estados Unidos y falsos dólares electrónicos). En consecuencia, se pone en riesgo la estabilidad monetaria generada por la dolarización formal.

Inclusive, la credibilidad en el actual sistema monetario correría peligro al aumentar la emisión monetaria de dinero electrónico; que, sin un objetivo claro de política monetaria, constituye una receta inflacionaria con el potencial de distorsionar las expectativas de los agentes.

Es más, devolver, aunque sea parcialmente, al Banco Central la responsabilidad sobre la política monetaria, mientras no sea independiente y tenga claros objetivos de política monetaria, sería como devolver a un asesino no rehabilitado su arma letal.

Lastimosamente, la historia monetaria ecuatoriana revela que quitarle al Banco Central la capacidad de emitir dinero y eliminar la monetización del déficit ha dado, con sus contras, estabilidad a Ecuador. Al parecer, no tener política monetaria convencional es mejor que tenerla y usarla irresponsablemente.

Finalmente, es necesario hacer énfasis en que el debate suscitado en Ecuador gira en torno a una falsa concepción de RBU. Sí, la flexibilidad es necesaria, más aún en pandemia, pero una ¿monumental deformación se justifica?

Sí, un argumento en contra mayúsculo de la RBU es la dificultad de financiarla, pero ¿justifica aquello la satanización de la RBU por una deformación osada e insensata?

Necesitamos reactivar la economía ecuatoriana y garantizar la vida a todas las personas que habitamos en el país, pero ¿seguimos pensando que emitir dinero irresponsablemente es la forma de hacerlo? No. Aprendamos del pasado.

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