El Chef de la Política
FMI: el enemigo nacional
Santiago Basabe

Santiago Basabe

Politólogo, docente-investigador de FLACSO Ecuador y analista político. Sus campos de interés son las relaciones entre política y justicia, el funcionamiento de las instituciones democráticas y la representación política de las mujeres en América Latina.

Actualizada:

18 Oct 2020 - 19:10

Nada nos une más como ecuatorianos que el repudio hacia el FMI. Y no nos faltan razones. Aquella demoníaca institución, ideada en la conferencia de la ONU en Bretton Woods, allá por 1944, no ha hecho sino perjudicarnos solemnemente.

De hecho, la historia del país puede dividirse claramente en dos momentos clave: antes y después del ingreso de Ecuador al FMI, en 1945.

El de antes era un país soberano, pujante, desarrollado económica, social y políticamente. Era el país en el que el Estado de Derecho primaba, la exclusión social era imperceptible y los acuerdos políticos eran duraderos.

Indistintamente de quién estaba en el gobierno, habían temas que nos cohesionaban, como la salud de calidad, la educación laica y la convivencia pacífica entre blanco-mestizos y minorías étnicas.

Todo eso se acabó cuando el FMI nos puso en la mira, precisamente, por ser una potencia emergente a la que había que controlar pues en determinado momento podríamos convertirnos en una amenaza para el nuevo orden mundial.

Ataviados de tecnócratas formados en Estados Unidos, otro de nuestros enemigos acérrimos, el FMI no encontró mejor forma para coartar el ánimo expansionista del país que la entrega de créditos atados al cumplimiento de obligaciones atentatorias a nuestra acrisolada soberanía.

De allí en más el Ecuador es otro. La corrupción ganó espacio, la ley se aplicó de forma selectiva y esa ciudadanía vigorosa, igualitaria y pujante, se desvaneció.

Incluso nuestros avances en el arte y la cultura se vieron afectados. La investigación decreció y hasta nuestro fútbol, referente a nivel internacional hasta mediados del siglo XX, sufrió un retroceso.

Por todo ello y más es que, sin lugar a dudas, es posible afirmar que los mayores problemas que vive el país de hoy tienen como su principal responsable a ese organismo que, para despistarnos, define como su principal misión la búsqueda de estabilidad en el sistema monetario internacional. ¡Pamplinas!

Ustedes, desde una oficina secreta, la No 438 del edificio principal del FMI, a la que nuestros servicios de inteligencia ahora la tienen bien monitoreada, diseñan día a día las estrategias que se deben seguir para cumplir su objetivo: destruir al Ecuador.

Afortunadamente para el país, desde todos los sectores estamos tomando conciencia que allí, en el FMI, está nuestro principal enemigo. Hasta hace poco más de una década, solo los grupos de izquierda tenían esa idea clara.

Luego, las mentes lúcidas y los corazones ardientes también identificaron al causante de todos los males y en una decisión por demás saludable expulsaron a sus representantes en el país y con ellos a sus agnados y cognados, como el Banco Mundial y todo ese grupo de alfiles siempre dispuestos a destruir.

Y los resultados se vieron inmediatamente: una década completa en la que mejoramos en lo económico, avanzamos en ciencia y tecnología, reducimos ostensiblemente la corrupción en el manejo de los recursos públicos; y, las brechas en la distribución de la riqueza prácticamente se eliminaron.

Es que está clarito: el FMI es el alfa y el omega de todos los males. Si lo atacamos y vencemos con la espada de Bolívar que camina por América Latina, volveremos a ser ese país próspero de antaño.

Tan cierto es el afán perverso del FMI de impedir que avancemos y tan generalizada la necesidad de batallar contra su afán de reducirnos, que ahora también la derecha ecuatoriana se ha sumado a esa lucha cívica y patriótica.

Primero Nebot, más ducho en la política, ha señalado que no está de acuerdo con los acercamientos del gobierno frente a ese organismo y que, por tanto, los condena.

Lasso, en la misma línea, ha declarado hace algunos días que en su gobierno el FMI no le impondrá nada, que las medidas que acá se tomarán son las que él decida y que el aumento del IVA no es una opción.

Si Lenín Moreno ha llegado a ciertos acuerdos, eso de ningún modo compromete a su eventual gobierno. Muy bien dicho, hay que poner al FMI en su sitio. Ellos tienen que seguir desembolsando recursos, sin ningún tipo de condiciones.

Ese es el ejercicio de la soberanía nacional. ¡FMI go home! gritamos al unísono, sin distinciones, las izquierdas y las derechas, todos.

***

Cuando el conflicto bélico con el Perú se terminó, hacia finales del siglo XX, nos quedamos sin referente que nos cohesione. Años después es el FMI el que nos une, vía rechazo frontal, impugnación de sus políticas o reparos con los términos de los acuerdos.

Desde luego, ninguno de los deficientes desempeños del sistema político, económico o social son atribuibles a nuestra propia responsabilidad sino que todos son el resultado de los acercamientos con esa institución y sus funcionarios.

Incapaces de ver nuestros propios errores, en época de campaña electoral la clase política no hace sino reproducir ese patrón de comportamiento.

Sin embargo, aunque Nebot, Lasso, Arauz y Pérez sean similares en las distancias que pretenden marcar frente al FMI, en lo que se verá una clara diferencia es en el grado de credibilidad que dará el elector a sus discursos.

A algunos les dará más votos distanciarse del FMI mientras que a otros esa movida política lejos de beneficiarlos los perjudicará en las urnas. Simplemente, poner reparos al FMI es creíble en unas bocas más que en otras.

En todo caso, endosar al FMI nuestros escándalos de corrupción, nuestra incapacidad para llegar a acuerdos y la histórica exclusión social que nos cobija es la mejor forma de evadir la realidad circundante.

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