Contrapunto
La frustrada consagración de Stravinski
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

1 May 2020 - 19:05

En este mes de mayo se cumplen 107 años del que fuera uno de los mayores escándalos durante el estreno de una obra musical: La consagración de la primavera, de Igor Stravinski (1882-1971), considerado como uno de los mejores compositores rusos y un revolucionario que desafió lo clásico y lo romántico para convertirse en un innovador de la música.

Las crónicas de la época relatan que volaban sillas, el griterío era ensordecedor, empujones y una confusión generalizada durante la interpretación en uno de los escenarios más elegantes de París, el Nuevo Teatro, localizado en los históricos Campos Elíseos. En medio de la trifulca el músico, entonces cerca de cumplir 30 años, salió corriendo del escenario para protegerse.

Según se explicaría luego, la obra sinfónica fue acompañada de un ballet dirigido por el “provocador” Vaslav Nijinski, que un año antes también había fracasado al presentar una obra de Debussy. Y no fue por falta de ensayo, por eso Stravinski cargaría luego toda la responsabilidad a Nijinski y a sus escenas cargadas de un vulgar erotismo.

Ya al comenzar el segundo acto, el público no resistió más y el abucheo fue más intenso. Entre los personajes que habían asistido al estreno estaban Camille Saint-Säens, Pablo Picasso, Jean Cocteau y Coco Chanel. La prensa parisina habló y comentó el escándalo durante varios meses; un año después Stravinski corrigió y desde entonces es considerada como una de las más vanguardistas de la música del siglo XX. 

Resultaba inexplicable que el músico, que en 1910 había decidido no regresar más a su país, tuviera un fracaso tan estruendoso, además por el hecho de que sus dos obras anteriores El pájaro de fuego y Petrushka habían sido aclamadas por la crítica francesa y europea.

Como se dice en el sitio web Melómano, la obra de Stravinski es considerada como uno de los aportes más importantes para romper con lo romántico mediante un “objeto sonoro”, que es lo que más destaca en cada uno de los movimientos. Anota que el músico tenía la idea de escribir, incluso antes del estreno de Petrushka, “una especie de sinfonía de primavera primitiva, que iba a ser denominada Gran Sacrificio”.

Como lo explicaría posteriormente el mismo Stravinski, La consagración de la primavera “me permitió componer en libertad, ensayar nuevas formas expresivas, romper con la escala tonal, acabar con los modos relativos, buscar lenguajes evocadores”. 

Así como en la literatura existen obras imprescindibles de leer; en la música, especialmente en la de los grandes compositores de los siglos anteriores, también hay música que no se puede dejar de escuchar.

La historiadora de la música Pola Suárez Urtubey, con bastante razón, señala que son tres las obras que marcan la diferencia. La primera tal vez no ofrezca ninguna resistencia, se trata de la Novena Sinfonía de Beethoven; la segunda es la Sinfonía Fantástica de Hector Berlioz y La consagración de la primavera.

Según la historiadora Suárez, Stravinski nació del seno de la escuela nacionalista rusa y fue alumno de Rimsky-Korsakov, pero experimentó tempranamente en Francia el influjo de su maestro Debussy, tal como se advierte en la obra que lo proyectó y consagró internacionalmente: La consagración de la primavera.

He aquí La consagración de la primavera, versión de la Filarmónica de Londres dirigida por el maestro Simon Rattle:

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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