Contrapunto

El fugaz encuentro en Viena entre Mozart y Beethoven

Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

12 Ago 2022 - 19:02

Después de Mozart, muy pocos imaginaban que podía aparecer tan pronto otro genio de similares características, sin embargo, apenas 15 años después, el 16 de diciembre de 1770 nacía en Bonn Ludwig van Beethoven.

Al igual como hacía Leopold Mozart con su hijo, Johann Beethoven, cuando Ludwig tenía cuatro años, lo sentaba sobre un escabel junto al piano y eso fue determinante para que se familiarizara con las teclas blancas y negras.

Mozart y Beethoven coinciden en que sus padres eran músicos y por eso descubrieron el talento de sus hijos a muy temprana edad.

Como decíamos en un artículo anterior, Mozart a los tres y cuatro años ya borroneaba partituras y creaba melodías. Beethoven a los seis o siete años ya era capaz de sentarse frente al teclado como un gran conocedor de la música.

La edad en la que el genio de Bonn comenzó a tocar no se puede determinar con precisión porque su padre, para impresionar, le rebajaba uno o dos años.

Con diez años de edad, Mozart ya había escrito una sinfonía y, tres años antes, había salido de su natal Salzburgo hacia Viena junto a su padre y hermana para tocar música.

Los padres de Beethoven se preguntaban, incluso dudaban de que su hijo tuviera tanto talento como para igualar la fama y el prestigio de Mozart.

Una biografía de Emil Ludwig señala que el mismo Johann Beethoven se respondía que “un talento semejante (al de Mozart) no se repite sino cada 100 años”.

Mozart era famoso, conoció a Joseph Haydn y recibió algunas clases de él, muy pocas, porque el mayor compositor de sinfonías habría expresado que había muy poco que enseñar a Wolfang Amadeus.

Lo que sí reconocen los biógrafos es que, en una ocasión en Viena, Mozart habría dicho, refiriéndose a Beethoven: “recuerden su nombre, este joven hará hablar al mundo“.

Emil Ludwig añade algunos detalles del encuentro entre los dos genios: “allí estaba en pie el Mozart de 31 años, prematuramente envejecido, pálido y no sano, frente al Beethoven de 16″.

Y narra que en el encuentro Beethoven tocó variaciones (cada una de las imitaciones melódicas de un mismo tema) durante tres cuartos de hora. Mozart escuchaba con asombro creciente.

Ludwig explica que Beethoven nunca contó lo que dijo Mozart, pero ensaya que “el compositor alemán debió abandonar (la reunión) con el sentimiento de haber recibido una bendición del maestro, a quien no vería nunca más“.

Y no estaba equivocado, en efecto, Beethoven, con una infancia atormentada, precisamente por las presiones de su padre, ocupó la atención de toda Europa por su talento como músico y compositor.

El padre alcohólico se gastaba el dinero en las tabernas y atormentaba a la madre del niño músico con escándalos a medianoche y en la madrugada; en esto hay bastantes coincidencias bibliográficas entre los dos genios.

Beethoven encontró una vía de escape a la presión familiar en 1787 cuando, con 17 años, se marchó a la capital austriaca, apoyado por su mecenas, el conde Ferdinand von Waldstein, quien sufragó los gastos del viaje y, lo más importante, lo convenció de sus posibilidades de éxito.

Lo más probable es que, durante ese primer viaje a Viena, tuvo lugar el fugaz y único encuentro con Mozart. En relación con esa reunión, solo existen textos de discutible autenticidad, sostiene Ludwig.

Mozart, que había conquistado Europa con el piano, muere el 5 de diciembre de 1791, cuando Beethoven tenía 21 años; el genio de Bonn, según Emil Ludwig, “sentía que había llegado su turno” para sentarse en el trono, en Viena, la capital mundial de la música, en la que los dos maestros, por coincidencia, murieron.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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