Contrapunto
Para ganarse la vida, Shostakóvich también incursionó en el cine
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

2 Abr 2021 - 19:03

El ruso-soviético Dmitri Dmitrievich Shostakóvich (1906-1975) está considerado entre los mejores compositores del siglo XX: 15 sinfonías, óperas, cuartetos, conciertos para piano, violín, violonchelo; pero muy poco se conocía que, durante un tiempo, para sobrevivir, tocaba el piano -en vivo- en pleno auge del cine mudo.

Su relación con el cine lo llevó a generar 34 bandas sonoras para películas de gran repercusión, como por ejemplo Hamlet, basada en el drama homónimo de Shakespeare, que se estrenó, y con gran impacto en 1964, en Moscú, y luego en toda Europa. Otros filmes del mismo compositor fueron ‘La nueva Babilonia’, opus 18; ‘El regreso de Maxim’, opus 45; ‘La caída de Berlín’, opus 82 y ‘El tábano’, opus 97.

La tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca, fue escrita por Shakespeare entre 1509 y 1601 y es considerada como la más influyente de todos los tiempos. El Acto III, que parte con la reflexión ‘to be or not to be, that is the question’ (ser o no ser, he ahí el dilema) es lo que siempre recuerda al más grande escritor de la lengua inglesa.

Musicalmente está catalogada como el opus número 116 y es considerada como la obra maestra en la música para cine. La película es del director Grigori Kozintev. Fue producida para conmemorar el 400 aniversario del nacimiento de William Shakespeare y fue adaptada al ruso por el Nobel de Literatura de 1958, Boris Pasternak.

En sus memorias, editadas por Solomon Vlkov en 1979, Shostakóvich confiesa que fue gracias a las películas que sobrevivió durante largos períodos. De hecho, combinaba la producción de bandas sonoras con la composición de sus sinfonías y también de los cuartetos.

“Igual que cuando escribo para el ballet, las partituras para el cine mantienen mis reflejos musicales a punto y mi técnica fresca y depurada”, se lee en una carta que escribió al musicólogo Iván Sollertinsky. Algunos críticos creen que no toda la música que escribió para cine es de la mejor calidad, tampoco todas las películas sonorizadas con sus composiciones fueron las mejores.

Fue en 1923, cuando Shostakóvich necesitaba financiar sus estudios musicales, que se dedica a tocar en los cines de su natal San Petesburgo. Según relata Rafael Valentín Pastrana en ‘Las treinta y cuatro bandas sonoras de Dmitri Shostakóvich’:

…Seguía atentamente la película y con sus improvisaciones al piano cubría la acción que acontecía en la pantalla. Fueron años de penurias e incomodidades interpretando en desvencijados pianos en salas de cine con condiciones lamentables, pero que le servían al joven Dmitri para cogerle el pulso al séptimo arte.

El nacimiento del cine se remonta a diciembre de 1895. Auguste Marie Lumière y Louis Nicholas exhibieron por primera vez una película de pago en el Grand Café, en el Boulevard des Capucines, en París. El filme duró apenas 45 segundos, sin ningún sonido, pero solo fue el primer paso.

El musicólogo Tim Blanning anota que hasta 1927 todas las películas eran mudas y necesitaban de un acompañamiento musical para crear una atmósfera adecuada y, al mismo tiempo, “disimular el ruido del proyector”. En un principio se arreglaban con un solo pianista y a veces con un órgano.

Otros lugares como el Strand Cinema de Manhattan tenían capacidad para albergar a treinta músicos y, además, contaban con un órgano Wurlitzer. En muchas ocasiones las películas eran acompañadas con músicos de la talla de Bach, Mozart, Grieg, Bizet, Beethoven y Wagner.

El ruso-soviético no solo compuso música para películas, algunos directores han tomado la música de Shostakóvich para varios filmes. Stanley Kubrick, por ejemplo, lo hizo en 1999 con el Vals número 2 en su filme ‘Eyes wide shut’, en la que actuaron Nicole Kidman y Tom Cruise.

Los biógrafos de Dmitri Dmitrievich nunca dejan de compararlo con Sergei Prokofiev (1891-1953), quien se unió con uno de los grandes del cine de la época, su compatriota Sergei Eisenstein (1898-1948), para sonorizar películas tan exitosas como ‘Alexander Nevsky’ e ‘Iván el Terrible’.

Entre las obras famosas de Prokofiev consta Pedro y el lobo, que Walt Disney llevó al cine con la música original en 1946.

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