Contrapunto
Ginette Neveu: la leyenda apócrifa sobre un violín Stradivarius
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

3 Jul - 19:01

Alrededor de la música, de los compositores y de los intérpretes aparecen las más imaginativas anécdotas, algunas confirmadas, otras no tanto, historias apócrifas que, a veces, se convierten en guiones para películas –como el supuesto odio a muerte entre Salieri y Mozart-.

Una de esas historias truculentas relata la trágica muerte de la violinista francesa Ginette Neveu (1919-1949) en un accidente aéreo en las islas Azores, durante uno de los dos intentos del piloto por aterrizar en medio de la niebla. 

Algunas versiones señalan que la artista, que estaba destinada a convertirse en la mejor violinista del mundo, murió abrazada a su Stradivarius, algo que nadie habría podido atestiguar, ya que los 48 ocupantes del avión fallecieron.

La imaginación de otros narradores señala que, en medio de la confusión, durante el rescate de los cadáveres alguien se robó el instrumento que, como se sabe, es considerado el mejor violín del mundo; hoy quedan pocos originales en circulación o reposan como reliquias en los museos.

La versión más razonable lleva a una conclusión difícil de rebatir. El avión Constellation se precipitó sobre unas rocosas montañas e inmediatamente se incendió, lo cual explica que el instrumento simplemente se quemó y desapareció por la fuerza de las llamas.

A ello se suma el error cuando se percatan de que el ataúd que llevaba el nombre de Ginette Neveu en realidad correspondía a otro pasajero, algo que se confirmó durante la exhumación.   

En todo caso la anécdota sirve porque permite conocer un poco más de esta talentosa artista que, a los ocho años de edad, ya tocaba perfectamente bien el violín, a los 11 había ganado su primer concurso y, como coinciden los historiadores, se encaminaba hacia una carrera sobresaliente en una época en que había muy pocas mujeres violinistas.

La carrera de esta violinista es también una oportunidad para narrar algo sobre un gran compositor del período romántico, conocido porque escribió un bello concierto para violín, cuya partitura permitió a Neveu ganar su primer concurso y encumbrarse hacia la fama y los premios.

Se trataba del Concierto para violín y orquesta número 1 en sol menor, opus 26, de Max Bruch (1838-1920), considerado por la crítica como el más popular junto con los de Brahms y Beethoven.

Lamentablemente para Bruch, ese concierto opacó todas sus demás obras y algunos biógrafos aseguran que terminó odiando su creación.

Sin embargo, entre la comunidad tuitera de Quito el concierto de Bruch es el de menor preferencia; en cambio el de Tchaikovsky goza de enorme aceptación, lo cual ratifica el éxito que tuvo la película francesa (2009) El gran concierto, del director Radu Mihăileanu, que podría ser analizada posteriormente.

Tanto Brahms como Beethoven, también Tchaikovsky, escribieron un solo concierto para violín y orquesta. La mayoría de compositores le apostaba al piano o a la música sinfónica, a las óperas, a las oberturas, poemas sinfónicos, sonatas… Sólo Paganini dedicó su vida solo a crear obras para violín.

Bruch comenzó a escribir su concierto en 1866, pero recién lo pudo estrenar dos años más tarde. Lo interpretó como solista nada menos que Joseph Joachim, uno de los mejores directores de orquesta y violinista de la época, de origen húngaro, a quien confiaban sus partituras la mayoría de compositores, incluidos Brahms y Liszt.

Bruch escribió otro concierto para violín que no despertó mucho entusiasmo entre los músicos, además una Fantasía escocesa para violín y orquesta y unas Variaciones sobre el Kol Nidrei para violonchelo y orquesta, también tres sinfonías y una ópera.

Brahms fue el que más influyó en la música de Bruch pero, como dice la historiadora Pola Suárez Urtubey, el músico alemán “sobrevive hoy tan solo por su primer concierto para violín en sol menor”. Fue el concierto que medio siglo después daría la oportunidad para que Neveu entrara a la historia de la música.

La francesa también se destacó como solista en uno de los conciertos de Sibelius, en el de Beethoven, en las obras de Ravel y Debussy y para muchos fue quien mejor interpretó la música para violín de Brahms.

Mire aquí el concierto para violín de Bruch, con Janine Jansen:

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