Panorama Global
Guillermo Lasso y el dilema entre la coherencia o la gobernabilidad
Matías Abad Merchán

Matías Abad Merchán

Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca. Es profesor titular de Estudios Globales en la Universidad del Azuay.

Actualizada:

22 May 2021 - 19:00

Toda decisión tiene un resultado y cada elección una consecuencia. Muchas veces el juego de la política lo lleva a uno a enfrentar escenarios que superan el análisis racional y, forzosamente, obligan a confiar en la intuición y el destino.

Esta encrucijada la enfrentó el presidente electo durante la última semana; circunstancia que nos lleva a analizar las secuelas del camino elegido. 

Guillermo Lasso va a requerir que la Asamblea apruebe varias leyes, fundamentales para dar viabilidad a su plan de gobierno; en este sentido, para alcanzar gobernabilidad con el Legislativo, el eventual acuerdo con UNES y el PSC -aunque con riesgos- ofrecía más certezas.

Ambas son organizaciones políticas disciplinadas, en donde la decisión del líder se cumple y respeta; por ende, los votos estaban asegurados.

Desde lo práctico, era un camino cómodo; desde lo ideológico, un concepto profundamente contradictorio. Cualquier relato para salir del apuro, por más creativo, era insostenible: esta suerte de ‘pacto imposible’ tocaba las fibras más sensibles de varios militantes que, durante los últimos 14 años, tuvieron como bandera política la lucha contra el correísmo.

Mientras reinaba el secretismo, el ‘círculo rojo’ (periodistas, políticos, empresarios, etcétera) se mantuvo cauto; pero ante el primer rumor de la posible creación de una ‘comisión de la verdad’ este segmento -minoritario, aunque influyente- sistemáticamente inundó las redes con el retrato de un eventual escenario de impunidad.

Ante la insoportable presión, Lasso optó por la coherencia. Decidió mantenerse en su línea de los últimos diez años y, conjuntamente con otras fuerzas anticorreístas, ha consolidado una mayoría que, hasta el momento, ha designado autoridades y comisiones en el Parlamento.

Sin embargo, Creo no pudo alcanzar la presidencia de la Asamblea, ni contar con suficientes representantes para controlar la poderosa Comisión de Asuntos Legislativos aunque, en el reparto de las comisiones, ha logrado una aceptable presencia.

Hay mucha incertidumbre sobre lo que se viene. Para todos está claro que el alcance del acuerdo fue para la elección de dignidades. En adelante, cada Ley tendrá su propio tratamiento, y se advierten posibles mayorías/bloqueos coyunturales.

¿Votará Pachakutik a favor de flexibilizar la contratación laboral? ¿Apoyará los acuerdos comerciales? ¿La ID aprobará la venta del Banco del Pacífico? Para Pachakutik y la ID estas propuestas representan ‘líneas rojas’, sin cabida en su agenda legislativa; para el oficialismo, en cambio, son ejes básicos del nuevo modelo económico.

A todo esto, agreguemos que la audaz maniobra ha provocado que su otrora aliado ideológico, Jaime Nebot, hoy pase a encabezar un nuevo frente de oposición no programado.

Este 24 de mayo, Guillermo Lasso inicia su gobierno teniendo muy presente que la gobernabilidad no solo depende de la Asamblea, sino también de la interacción favorable con los sectores organizados de la sociedad civil, medios de comunicación, autoridades seccionales, otras organizaciones políticas, por citar algunos.

Pero, el punto de partida es el Legislativo y ahí es donde los operadores políticos del Presidente tendrán mucho trabajo que hacer durante estos cuatro años.

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