Economía y Desarrollo
Hacia dónde nos dirigimos después de la pandemia de Covid-19
Andrés Mideros

Andrés Mideros

Doctor en economía, máster en Economía del Desarrollo y en Política Pública. Decano de la Facultad de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

Actualizada:

7 Abr - 19:00

La pandemia del Covid-19 (coronavirus) cambió al mundo. No hay retorno. Hay que aceptarlo y enrumbar el futuro. Mientras más rápido mejor, porque la velocidad de adaptarse al cambio determinará la forma de superar esta crisis.

En este momento el objetivo es salvar vidas. Eso implica que todos los recursos sociales (públicos y privados) deben estar a disponibilidad de esta causa.

No debería haber otra prioridad.

Sin embargo, hay quienes hablan de acuerdos comerciales, de reducir salarios, de flexibilizar contratos, de cuidar el déficit fiscal, de reducir la capacidad del Estado (que tanta falta hace ahora), etcétera.

Hay quienes están pensando en el día después, en el retorno a la ‘normalidad’. Hay otros que están pensando en la forma de mantener su empleo, en cómo sobrevivir; y hay muchos que ya están llorando la perdida de familiares y amigos. No habrá ‘normalidad’.

Se dice que el coronavirus es el retorno de las enfermedades que no discriminan, que nos afectan a todos por igual. Pero eso es falso. Acceder al examen y a la medicina, así como tener la opción del teletrabajo y de cumplir con el #YoMeQuedoEnCasa son lujos, privilegios.

A medida que pasan los días, y se ve como adquirir alimentos se vuelve un lujo y el ataúd de cartón se hace opción, la frase “no salga, pida a domicilio” se parece cada vez más a aquella de “si no tienen pan que coman pasteles”.

¿Cómo vamos a detener las muertes? ¿Cómo vamos a cubrir los costos de la pandemia? ¿Cómo vamos a avanzar el día después? 

¿Cómo lo vamos a hacer en una economía dónde una de cada cuatro personas es pobre, y tres de cada cinco trabajadores no tienen seguridad social?

Si no se entiende la necesidad de cambiar, no vamos a detener las muertes, ni a cubrir los costos y serán unos pocos los que puedan avanzar.

Si no entendemos que la capacidad de resiliencia social depende de la empatía, la solidaridad y la reciprocidad, será por la fuerza (acción) que se imponga el quédese en casa, hasta que por la misma fuerza (reacción) se salga de las casas.

La capacidad de adaptarse, de superar la emergencia, de dar forma al futuro depende de asumir que para llegar al día después, en paz, el sobrevivir no puede seguir siendo un privilegio, y de entender entonces que el individualismo ya no puede seguir siendo la opción.

Habrá un futuro ¿Qué características tendrá? Dependerá de cuánto estemos dispuestos a cambiar.

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