Contrapunto
En 2016 Harari ya advertía sobre la posibilidad de una peste
Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

21 May 2021 - 19:02

En su libro ‘Homo Deus’ (Penguin Random House) el historiador Yuval Noah Harari (Israel, 1976) nos recuerda que a lo largo de miles de años los problemas de la humanidad son los mismos: la hambruna, la peste y la guerra.

Publicado en 2016, Harari estuvo muy cerca de predecir el coronavirus, tal como se constata al leer cada una de las páginas que dedica a las epidemias, desde la Peste Negra, la Gripe Española y las más recientes: el Ébola y el SARS.

“Muchos temen que esta sea solo una victoria temporal y que algún primo desconocido de la Peste Negra esté aguardando a la vuelta de la esquina… Nadie puede garantizar que las pestes no reaparezcan” -decía el escritor- obviamente, sin mencionar la actual pandemia de Covid-19.

Y advierte que nuevas enfermedades infecciosas aparecerán como resultado de mutaciones aleatorias.

“Dichas mutaciones permiten que los patógenos pasen de los animales a los humanos” y que venzan al sistema inmune. Solo le faltó mencionar una ciudad (Wuhan) y un animal (murciélago).  

En lo que también es muy acertado es que parece imposible que alguna epidemia supere a la Peste Negra, que se inició en el Asia oriental en 1330, se extendió durante 20 años en todo ese continente, Europa y el norte de África. Y se cobró la vida de entre 75 millones y 200 millones de personas.

Una de las ideas que desarrolla con bastantes fundamentos es que, si bien las guerras son terroríficas y causan una gran mortandad, resultan menos letales que las pestes.

Coincide con otros escritores que señalan a la viruela como la principal causante de muertes en la guerra de 1520, liderada por Cortés, que prácticamente aniquiló al poderoso imperio Azteca.

Cita la primera gran guerra europea y precisa que en enero de 1918 comienzan a morir los soldados en sus trincheras por una virulenta gripe, que recibió el nombre de Gripe Española. Hombres y municiones fluían a raudales desde Gran Bretaña, Estados Unidos y Australia.

Llegaba petróleo de Oriente Medio, cereales y carne de res de Argentina, caucho desde Malaya, cobre del Congo y “a cambio, en pocos meses, cerca de 500 millones de personas (un tercio de la población global) contrajeron la gripe”, escribe Harari.

Las cifras que sirven para comparar guerra y epidemias son las siguientes: la Primera Guerra Mundial mató a 40 millones de personas entre 1914 y 1918. La pandemia de la gripe acabó con la vida de entre 50 millones y 100 millones.

Una de las razones para la propagación tan rápida de las epidemias en el siglo XX fue la mejora del transporte; algo muy parecido a la pandemia del Covid que se propagó desde China en aviones de pasajeros a una velocidad incontrolable.

Un virus como el español, anota el escritor, podía abrirse camino hasta el Congo o Thaití en menos de 24 horas, por lo tanto no habría sido nada descabellado esperar un infierno epidemiológico con enfermedades letales.

Harari reconoce todos los avances sin precedentes del siglo XX en la medicina, con vacunas, antibióticos, la mejora en la higiene, y una infraestructura médica mucho mejor. La primera epidemia de la historia, la viruela, fue erradicada definitivamente.

El SARS alcanzó temores de una nueva Peste Negra, pero no prosperó, el Ébola fue descrito por la Organización Mundial de la Salud como “la emergencia de salud más grave que se ha visto en la era moderna” y en enero de 2016 se dio por terminada.

Aunque en 2050 “nos enfrentaremos a gérmenes que serán más resilientes que los de 2016” concluye que “es muy probable que la medicina se ocupe de ellos de manera más eficiente que en la actualidad”.

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